¿Y a quién le importa Stanislav Tomáš?

by Ramón Flores

Protestas en Praga

La teoría del caos dice que el simple aleteo de una mariposa puede provocar un cataclismo en la otra punta del mundo. El 25 de mayo de 2020 en Minneapolis, George Floyd moría asesinado a manos de un agente de policía. Horas después, el mundo ardía.

Cuando el pasado el 19 de junio de 2021, un policía en la localidad de Teplice, en la región de Bohemia en la República Checa presionaba con su rodilla el cuello de Stanislav Tomáš hasta matarlo, las autoridades checas tardaron muy poco en afirmar que no había que apresurarse en tachar este hecho como un acto racista.

Pocas horas después, el primer ministro checo, Andrej Babiš, y el ministro del Interior, Jan Hamacek, mostraban su apoyo a los agentes y a la institución policial.

Babiš agradeció a los agentes de policía por su trabajo: «no lo tuvieron fácil», (gracias por matar a una persona, chicos, buen trabajo) y comentó que las personas agresivas no pueden esperar que las traten con guantes de seda. Babiš declaró que una autopsia judicial demostraba que Tomáš no murió a causa de la intervención policial, añadiendo además que: «Esto es triste, pero una persona normal y respetable tendría dificultades para meterse en una situación así».

El efecto mariposa al revés. El cataclismo destruyó a la mariposa.

En realidad, dudo de que alguien a estas alturas se siga sorprendiendo de esto. Lo sorprendente sería encontrar condena, apoyo y comprensión para la víctima y su familia. Pero se lo merecía, Tomáš era un gitano que por lo visto iba drogado (o no, quién sabe) y atentaba contra la seguridad de los agentes de la ley. ¿Qué podían hacer los pobres policías?

Muchos se siguen preguntando si esto del racismo sistémico está bien definido, porque, en circunstancias normales, un uso excesivo de la fuerza por parte de las autoridades policiales suele quedar impune y cuando se declara culpable a un policía o cualquier otro agente de la ley, los lobbies de sindicatos policiales, conexiones con las fiscalías y demás, reciben un respaldo político donde hallamos una relación simbiótica bastante palpable.

El problema de comparar el caso de Floyd con el de Stanislav es que las comunidades gitanas en Europa y el resto del mundo siguen siendo ciudadanos de cuarta, quinta o sexta categoría y la República Checa no es Estados Unidos.

La diferencia es que, a las pocas horas de morir Floyd, cientos de miles de personas en todas las ciudades de los Estados Unidos, salieron a la calle en un momento de dolor e indignación que rápidamente dio paso a un debate que traspasó las fronteras norteamericanas. En menos de un mes, el movimiento #BlackLivesMatter fue reivindicado por una nación entera y por el resto del planeta.

Apoyo de políticos de casi todos los signos (menos los de extrema derecha, claro), tanto en España como en el resto de Europa fueron claramente visibles. Debates en los parlamentos nacionales. Eurodiputados pidiendo la palabra para mostrar su apoyo a las comunidades afroamericanas y condenar explícitamente la violencia basada en motivos raciales.

Y es que, las cosas como son. Los norteamericanos en cuestión de marketing, no tienen rival y los europeos, como buenos actores secundarios, son los mejores compradores de cualquier cosa que salga del país de las barras y estrellas.

Porque sí, hay víctimas de primera y victimas de cuarta, pero eso no es culpa de las víctimas. Las víctimas, víctimas son, muertos se quedan.

Un año después de lo de Floyd, el policía fue declarado culpable y condenado a cárcel. Los activistas norteamericanos mostraron alivio, aunque pedían más, ya que las comunidades afroamericanas en aquel país siguen siendo las más castigadas por el racismo sistémico e institucional que impera en aquel suelo.

Y es que, como decía antes, a los norteamericanos no hay quien les gane haciendo marketing, porque la narrativa del discurso —casi retransmitido en directo por televisión, reportajes recogiendo testimonios de otras víctimas, protestas, juicios, declaraciones de famosos, deportistas clavando las rodillas al suelo— fue sencillamente perfecta. Por eso Hollywood está en California y no en Santa Coloma de Gramanet o a las afueras de Teplice.

También es justo decir que todo esto se debe a los innumerables aliados que tienen aquí en Europa. Cualquier colectivo, fuera cual fuera su radio de acción, no dudó en salir y apoyar a la familia de Floyd, a hacer comunicados oficiales y a levantar el puñito en señal de lucha. ¿Quiénes son los aliados de las comunidades gitanas?

El racismo sistémico sigue presente. En Estados Unidos y en Europa, y a pesar de que nadie es capaz de acabar con él, unos saben combatirlo y los otros no. Adivinen quién es quién.

El pueblo romaní sigue siendo torpe y lento a la hora de entender el activismo. Siempre dependiendo de un poder superior. Siempre a expensas de que el Consejo de Europa pida una investigación independiente, que una organización privada reaccione o que el partido político de turno haga alguna declaración a través de algún diputado raso (y a ser posible, racializado, que le da más empaque).

Siempre se necesita una tutela y alguien que nos lleve de la mano. Porque, además, los supuestos aliados que deberían tener las comunidades gitanas, no suelen tener la iniciativa por sí mismos para apoyar, reivindicar y protestar juntos.

Mientras escribo estas líneas, a duras penas se ha conseguido juntar a un centenar de personas en Madrid y en Barcelona para protestar frente al consulado checo.

Cuando ocurrió lo de Floyd, las comunidades gitanas sí estuvieron ahí. Cuando el estado de Israel estaba matando civiles en suelo palestino, las comunidades gitanas estuvieron ahí. Cuando las mujeres han sufrido la violencia machista, las comunidades gitanas estuvieron ahí. Cuando sucede un ataque homófobo, las comunidades están ahí.

Pero ahora las comunidades gitanas siguen estando solas, desamparadas, sin unión. Cometiendo la torpeza de comparar y pedir atención escribiendo en carteles #RomaLivesMatter, que, con todo el respeto, suena igual de ridículo que el #WhiteLivesMatter. Algunos incluso se sentirán satisfechos si algún periódico saca un titular ridículo diciendo que Stanislav es el nuevo George Floyd.

Será un grave error, uno más, el comparar víctimas y pretender hacer de Stanislav el Floyd gitano, porque ninguno de los dos son mártires. Son víctimas, murieron asesinados a manos de la policía. Cada una en un país distinto.

Las comunidades gitanas pueden caer fácilmente en esta narrativa copiada, porque no tenemos cultura en activismo. Tenemos cultura en asociacionismo. En proyectos para mi barrio, para mi asociación y para publicar fotos en redes sociales de las muchas cosas que hacemos con los chavales gitanos. No tenemos una visión global. No tenemos estrategias. No sabemos a dónde vamos porque no sabemos a dónde queremos ir. Oímos campanas y nos movemos hacia donde suenan, pero no sabemos por qué suenan. No sabemos hacerlas sonar.

En los últimos tiempos nos hemos centrado exclusivamente en debatir sobre lo simbólico (quién tiene privilegios, quién tiene poder, quién debe cambiarlo) y nos hemos olvidado totalmente de lo material: las desigualdades y la violencia. Ambas se cobran vidas.

Seguimos queriendo que los que ostentan las riquezas y el poder “se den cuenta” de sus privilegios y de su opresión mientras nosotros hablamos sobre simbolismo, centrados en la performance y olvidando el motivo.

Llevamos más de 40 años mirándonos el ombligo, creando ídolos más que líderes y alimentando egos. Aunque también es justo decir que el sistema europeo no es el sistema norteamericano. El poder de la sociedad civil en Europa sigue siendo escaso y confuso. Y el conocimiento de cómo ejercer poder desde la sociedad civil sigue siendo una quimera entre el asociacionismo romaní.

Stanislav Tomáš será un nombre más que unir a la lista donde se encuentran las víctimas húngaras que murieron a manos de grupos neonazis en 2008. Será una víctima más como Eleazar García en España. ¿Qué más da?

En España venderemos que tenemos un pacto contra el antigitanismo. En Europa se proclamará con orgullo que tenemos estrategias nacionales para la “integración” gitana. No se engañen, aquí no se están removiendo las conciencias. El resto de minorías están ocupadas en sus asuntos, los representantes políticos están repasando su narrativa parlamentaria y preparando tuits para dar “zascas” en España, y redactando cartas de protesta muy serias y muy concisas en los despachos de Bruselas. Humo.

Y aquí seguimos, con otra persona gitana muerta a manos de la policía, con el resto del mundo sin enterarse de qué ha pasado y ahí siguen las comunidades gitanas, sin saber hacia dónde moverse ni por qué hay que moverse.

 

*Fuente Imagen ‘The Sidney Morning Herald’

16 de mayo, un grito de libertad

by David Cortés Cortés

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La etimología de la palabra amor, es una aportación que realizarían los pueblos indoeuropeos en el siglo XIII a este continente, –Amma-, término lingüístico que hace referencia a la madre en el sentido «del amor ágape que fluye de nuestro interior»

Con ese amor a nuestro Pueblo, en defensa y lucha de los valores fundamentales que representan la humanidad y la vida, en un sentido de pura democracia, el Pueblo Romaní se levantó un 16 mayo de 1944 contra “los devoradores de almas”. Y es con esa fuerza, cogiendo ese legado de nuestras y nuestros hermanos, cerrando los ojos y tamizando nuestro ser de Rromanipen, hoy el Pueblo Romaní conmemoramos esa heroicidad.

Hace 10 años, un 31 agosto caminé dentro de unas de las cámaras de gas de los Campos de Exterminio Nazi. Mientras que, con los ojos cerrados, sentía las lágrimas en mi piel y en mi alma, las palmas de mis manos y la génesis de mis dedos notaron los arañazos profundos en las paredes de ese infierno blanco. ¡Cuanto sufrimiento Dios mío de mi gente! ¡Sería para gritar sin cesar al cielo hasta que esté cayera! Arañazos que serían las líneas de las manos de nuestra alma, líneas en manos alzadas de nuestras hermanas que son la continuidad de las nuestras propias.

Hoy celebramos y, a la misma vez, gritamos “libertad”, porque no hay mayor libertad que aquella que se busca y en el alma se gana.

Este día que conmemora, el levantamiento del Pueblo Romaní, liderado por las mujeres romanís contra el infierno blanco, desarmando las frías literas de madera, con martillos y picos, con barras de pan duro, hasta los niños y niñas agarraron piedras en sus manos que afiliaron con su mirada, con las pocas fuerzas que les quedaban. Lucharon por su vida contra los soldados nazis tras enterarse que su Pueblo sería gaseado hasta la muerte. Debilitadas como consecuencia de los trabajos forzados, el hacinamiento, la mala y escasa alimentación, cerraron sus ojos de universo y, con un grito de sangre y fuego, evitaron ese día la muerte, muerte que llegó un 2 de agosto, fecha en que nuestras hermanas y nuestros hermanos fueron asesinados por los demonios de las SS.

No miremos al cielo pensado que es «nieve» como así creían –o, simplemente, pura ignominia y pasividad hacia el exterminio humano – cuando eran almas que emergían de los hornos crematorios.

No es victimismo, si no reivindicación. ¿Cuántas Rosa Parks de nuestro Pueblo surgen a diario en todos los ámbitos de la sociedad mirando a los ojos del Antigitanismo? Lucha y defensa, ejemplos e inspiración para la humanidad, huesos del movimiento Romaní, brújulas contra el Antigitanismo. Dando luz a heroicidades como la realizada hace hoy 77 años, germinamos semillas de Rromanipen.

Mujer, Romaní, Europa. Las ruedas de madera de los carros, liderados por las mujeres de nuestro Pueblo, tocarían las tierras del viejo continente, las pisarían hace seis siglos y sus cabellos en el viento de noviembre acariciarían el universo, otorgándole a este vida, luz, sabiduría, alma e infinito. Con sus ojos azules y negros mirarían a la cara a unas gentes sometidas a un estado feudal, unas gentes asentadas entre charcos y lodos y sin ambiciones posibles, aún temerosas de la peste negra. Con sus vestidos de seda, con sus monedas de oro, con su Rromanipen en la frente, con su vida pública en las plazas, con su carácter feminista, con su espiritualidad y con sus saberes, las mujeres romaníes no tardarían en causar impacto en la vieja y gris Europa.

Es probable que cuando preguntaran a nuestras gentes -¿y cuál es vuestro Dios, seres de piel negra?- las nuestras contestarían: “¿Dios? Nuestra Diosa se llama Kalí, es azul y tiene siete brazos”. Diré loco de amor por mi pueblo “¡Demonios racistas, que tratéis de desposeernos de nuestra Rromanipen, que Dios os arranque el alma y sea alimento de la justicia divina!”

Es tanto el enriquecimiento humanístico, científico y artístico que hemos aportado el Pueblo Romaní, y que poco reconocimiento hemos tenido, y ya el hecho de que hoy día podamos alzar la voz desde la Resistencia, es la melodía y el latir del movimiento por los Derechos Humanos y Colectivos en este planeta.

Diré orgullos de mi pueblo que es Antigitanismo negar la posibilidad de que el renacimiento no surgiera en Europa a raíz de ser pisada por el Pueblo Romaní.  La llegada de nuestra gente a la vieja Europa enclavada profundamente en los clavos de Cristo derramó la cerviz de la libertad y la democracia, de los conocimientos y las ciencias vividas por el Pueblo Romaní en oriente, en lugares de mayor esplendor espiritual, artístico y científico.

Cuántas muertes del Pueblo Romaní, de los míos, en nombre del bien común, del crecimiento de una nación a precio de sangre, de la búsqueda de la sociedad perfecta, cuántas muertes del cuerpo y del alma ha causado la Santa Inquisición.

La democracia es transformada en ‘discriminocracia’ hasta que se reconozcan los Delitos de Lesa Humanidad cometidos durante cinco siglos por el Estado y sus instituciones manchadas de sangre. Incluso la ciencia, durante la primera y segunda Guerra Mundial, se prestó al fascismo para argumentar la deshumanización del Pueblo Romaní.

Por todos aquellos Romà que tuvieron que sufrir las calamidades del nazismo y del fascismo en Europa, hoy nosotros debemos acabar con los vestigios sociales y estructurales generados por aquellos gobiernos antigitanos y que siguen vivos hoy en día. Y me refiero, aquí, a los barrios que surgieron durante el franquismo en España para segregar a los gitanos, y que siguen surgiendo actualmente en muchos Estados europeos,  barrios-guetos que nos siguen condenando a la exclusión, a la marginación, a la pobreza, al ostracismo, al racismo, barrios que nos siguen conectando con las viejas vías que llegaban a Auschwitz, que nos siguen conectando con nuestras hermanas y hermanos que el 16 de Mayo de 1944 lanzaron un grito de fuego que ilumina el universo, un grito de derecho que es el color de la humanidad, un grito de libertad y de fuerza, de amor, de dolor, de alma, de vida, de fuego, de Rromanipen.

Gritos de fuerza y valentía de la mujer Romaní en la mañana, gritos en el silencio del infierno blanco de Auschwitz un 16 de mayo de 1944.

 

 

¡Volvemos a celebrar el 8 de abril!

by Paco Vargas & Ramón Vílchez

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El Día 8 de abril siempre es un día especial para todos nosotros, el Pueblo Gitano. Y con motivo de conmemorar este día, desde hace unos años el Plan Integral del Pueblo Gitano organiza una recepción con personalidades y miembros del Gobierno; a menudo están presentes el Consejero de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias, el Director General de Acción Cívica y Comunitaria y el Responsable del Plan Integral del Pueblo Gitano, haciendo notorio el apoyo que como Pueblo tenemos – actualmente – de las instituciones que ambos representan .

Este año ha sido diferente. Sí, diferente quizás es el adjetivo que mejor puede definir la recepción de este 8 de abril. Las medidas de seguridad como protagonistas de un acto que tuvo que ser cancelado el año pasado a consecuencia de la aparición del Covid en nuestras vidas, pero que éste, no se quería volver a cancelar.

El acto lo encabezó el señor Bernat Valls, Director General de Acción Cívica y Comunitaria, dando una bienvenida cálida y cercana a los asistentes -limitados en número, en comparación a otros años- y compartiendo un mensaje claro: El Pueblo Gitano forma parte indivisible del pueblo catalán y como tal debe ser reconocido desde las instituciones para proteger la cultura, historia y elementos particulares que lo conforman.

Seguidamente, el señor Ramón Vílchez, Responsable del Plan Integral del Pueblo Gitano, con el tono cercano y de confianza que avala su trayectoria con todos los asistentes, mostró la alegría que sentía con la celebración de la recepción y, sobre todo, con la asistencia de tantos jóvenes en el acto.

Más tarde, cada uno de los asistentes, a petición del señor Valls, expresaron su mirada sobre el funcionamiento del Plan Integral del Pueblo Gitano y las posibles mejoras para el funcionamiento de cara al futuro, un futuro que los asistentes vislumbran con esperanza.

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Después de este ejercicio de compartir y escuchar, el señor Chakir el Homrani, Consejero de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias, realizó la clausura del acto con un discurso emotivo y sentido en el que destacó la lucha contra el antigitanismo histórico y el reconocimiento de la aportación histórica y cultural del Pueblo Gitano en Cataluña, haciendo especial mención al hecho de que no podríamos avanzar firmes como sociedad si no teníamos – y reconocíamos- los errores cometidos en el pasado, a fin de no volverlos a cometer en el camino hacia una sociedad más igualitaria.

En definitiva, fue un acto emotivo, reflexivo y cercano. Muy próximo.

Y ésta es la conclusión a la que llegamos para explicar el éxito del Plan Integral en los últimos años. Todos los asistentes hicimos enmienda, directa o indirectamente, de la calidez y cercanía que siempre hemos sentido en ser atendidos por el Plan Integral; siendo muy conscientes de que esta proximidad llegaba de una institución oficial.

Por todo ello, hay que celebrar, esta vez más juntos que nunca, el Día Internacional del Pueblo Gitano, un Pueblo Gitano que cree y confía en la Administración que siente cercana y que vislumbra el futuro con la esperanza de que caminando juntos la situación de nuestros mejore.

Desde el Plan Integral del Pueblo Gitano continuaremos defendiendo los derechos de todas las personas gitanas, que como Leo, Colate, Carmen, Juanito, Manuel, María o Ramón luchando cada día para conseguir sus sueños.

Ahora, más que nunca, Salud y Libertad!

Sastipen thaj Mestipen! Opre Roma!

 

Volver a empezar

by Ramón Flores

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8 de abril de 1971, Londres.

Primer Congreso Mundial del Pueblo Gitano.

Gitanos de 28 países se lanzan a la aventura de lo desconocido para poner en común realidades, anhelos, inquietudes y aspiraciones para con sus comunidades. La mayoría provenientes de países bajo regímenes comunistas, otros, de países bajo regímenes fascistas como España.

Grandes nombres grabados para siempre en la historia, como Grattan Puxon, Slobodan Bersbeski, Jarko Jovanovic, Ramirez-Heredia y tantos otros que pusieron el primer hito en un camino que estos días cumple medio siglo.

El resto de la historia, ya la saben.

 

9 de abril de 2021. Algún lugar del mundo.

Abusos policiales, ignorancia política, discriminación estructural, invisibilidad social, acoso en redes sociales y en las calles. La realidad de las comunidades gitanas en el planeta no parece la mejor de todas después de cincuenta años de oficialidad de un movimiento que se suponía iba a contribuir a cambiar las cosas para más de doce millones de personas en el mundo.

Cada 8 de abril, eventos sin pies ni cabeza nos muestran el trabajo de organizaciones no gubernamentales luchando contra la discriminación, otros sacando la misma foto en blanco y negro del congreso con Yul Brynner, otros hablando del Gelem Gelem… Pero todos lejos del mensaje de unidad e identidad política romaní que soñaron los del 71.

Seguimos sin una identidad política clara, más allá de las fronteras de los países donde vivimos. Nos hemos embriagado con palabras como Romanipen, Yekhipe, pero en cuanto llega el 9 de abril, se apagan los focos y todos vuelven a su oficina con sus proyectos en el barrio. Hasta el año que viene.

Quizá a lo largo de estos años, sobre todo los últimos diez-quince, nos hemos embriagado a nosotros mismos de una palabra, “activista”, que de tanto repetirla, como muchos otros términos, ha perdido su sentido. Pero eso no significa que el activismo haya perdido su razón de ser ni su necesidad.

Los activistas romaníes tenemos razón en casi todos los frentes. Tenemos razón sobre la supremacía blanca en el mundo, los privilegios, la apropiación cultural, las continuas agresiones y la presencia perpetua del antigitanismo en la sociedad. Seguimos teniendo razón en que las comunidades gitanas no pueden acabar con el racismo sistémico y que no es nuestro trabajo (¿o tal vez sí?) educar a los aliados sobre el antigitanismo y su omnipresencia. Los activistas seguimos teniendo razón, pero no estamos ayudando tanto como nos creemos.

Vivimos unos tiempos en que somos conscientes de los daños que hay que reparar y queremos combatirlo. Todos queremos ayudar. Nuevas generaciones se unen para continuar el camino. Pero estamos siendo testigos de que estas nuevas generaciones se están formando en Internet, se están graduando en el activismo de Twitter y Facebook.

Hoy hablamos de interseccionalidad, transversalidad y sabemos identificar a racistas infectos y sabemos crear hilos en Twitter sobre si un político o un periodista o un personaje cualquiera ha soltado alguna alharaca racista online. Y nos ponemos etiquetas y nos llamamos “activistas” como si de una nueva identidad se tratase, como si hablásemos de una necesidad auto impuesta para estar en el “movimiento”.

Pero yo sigo creyendo en la buena fe y en los corazones de las personas que sí están en el lugar correcto, sin embargo, el activismo de performance (activismo arraigado en la óptica, la percepción y la proyección de una imagen de apoyo), no crea sociedades más justas.
La lucha contra el antigitanismo debería haberse adaptado y moldeado a lo largo del recorrer de los caminos. Pero cincuenta años después de aquel congreso, no lo hemos conseguido.

Porque si eres gitano en (inserte aquí un país de Europa), estarás discriminado, violentado o ignorado en el mercado laboral. Lo mismo en el sistema educativo. La cultura te ignorará y te ninguneará. Solo se acordarán cuando lleguen los días señalaítos y sabemos que todas estas cosas deberían tener un impacto mediático y situarse en el centro del debate. Pero seguimos sin conseguirlo.

Las sociedades blancas siguen siendo alimentadas con propaganda que dice que los gitanos son malos, que no se integran, que alguien conoce a los gitanos de tal barrio y son lo peor, que no te puedes fiar, que sólo quieren subvenciones y casas gratis.

¿Ha cambiado algo la realidad del 71 con la de ahora? ¿De verdad estamos mejor?

A rasgos generales, es indudable que sí. Los regímenes democráticos imperan en Europa, al menos sobre el papel. El estado de bienestar es innegable (aunque mejorable), entonces ¿por qué seguimos enfrentando los mismos problemas 50 años después?

Seguimos teniendo los mismos problemas, pero la diferencia ahora es que tenemos más activistas diciendo que tenemos muchos problemas. Cada uno con un altavoz diferente. Unos siguen hablando de nación gitana, otros sobre flamenco y cultura, otros claman 24 horas al día, 7 días a la semana que son antifascistas…

Y esto no está mal. No es una crítica. Los políticos publican tweets hablando sobre el 8 de abril, de vez en cuando algún periodista dice alguna cosa sobre la discriminación hacia los gitanos. Pero seguimos teniendo mil batallas de guerrilla en mil frentes distintos y miles de personas gitanas siguen sin acceso al agua potable, siguen siendo agredidos por las fuerzas policiales, ignorados en las instituciones.

¿Dónde está la unidad que clamaban los del 71?

Quizá no hemos sabido leer el contexto donde nos hemos movido estos últimos cincuenta años. Los 70 y los 80 fueron épocas de profundo cambio social en todas partes del mundo. El fin de la guerra de fría, el triunfo del capitalismo, el nuevo rol de las Naciones Unidas, de la OTAN, la transformación de la Comunidad Económica Europea en la Unión Europea… y nosotros en tierra de nadie, dando voces en el desierto, cada uno por su lado. Seguimos ahí, por desgracia, en 2021.

No me suele gustar comparar movimientos sociales con respecto a distintos grupos y distintas épocas, porque no es sano ni útil desde un punto de vista sociológico, pero ahora creo que es importante intentar trazar ciertos paralelismos con los movimientos de los derechos sociales hechos por los negros en EEUU.

Desde que Rosa Parks se negara a levantarse de su asiento en un autobús en Alabama hasta que Barack Obama fue proclamado presidente, pasaron cincuenta y tres años. No estamos diciendo que la solución para las comunidades romaníes sea una presidenta gitana en algún país, aunque eso estaría genial. Tampoco estamos diciendo que el racismo contra los negros en EEUU se haya solucionado.

Pero tal vez sí que podríamos analizar con la perspectiva del tiempo qué hicieron bien en EEUU estos últimos sesenta años. ¿Tuvieron más claro sus objetivos? ¿Mostraron más unidad? ¿Tuvieron mejores aliados?

Quizá sea una combinación de todas esas cosas, pero lo que está claro es que las comunidades romaníes, cincuenta años después, seguimos más o menos en el mismo sitio.
Quizá queremos ser una comunidad a la que se le preste atención, pero nadie se atreve a hacer una “campaña” de verdad con nosotros.

Puede que no necesitamos un Roma Lives Matter, porque mientras los activistas reconocemos el tamaño y la importancia de la protesta, todos, sin excepción, al final del día regresamos a casa y la mayoría, regresa a su barrio, su barrio de gitanos. De nuevo aislados.

Al final, como decía anteriormente, el activismo de performance se nos ha ido de las manos, simplemente porque no funciona, no sirve para nada, no reporta beneficios a la comunidad. No deberíamos olvidar que el activismo no se trata de perfección o buena ejecución de las acciones, se trata de educación y resistencia.

Para aquellos que son nuevos en el activismo gitano, puede ser fácil caer en el activismo de performance, pero esas medidas a medias no son suficientes. Las palabras vacías y las imágenes de perfil de Facebook no son suficientes. El silencio no es una opción y tampoco una muestra vacía de pseudo-solidaridad. Para avanzar hacia una justicia duradera y cambios sistémicos significativos, el activismo debe ser más que una performance.

Debemos ser conscientes que el activismo es fundamentalmente multifacético, particularmente en tiempos de pandemia. Por supuesto que hay múltiples vías para el activismo, que incluyen utilizar la visibilidad de las redes sociales para llamar a la acción, donar, recaudar fondos, firmar peticiones, contactar a políticos para promulgar cambios legales y educarse a sí mismo. No existe un enfoque único para el activismo.

Sin embargo, las redes sociales también pueden ser un refugio seguro, una forma para que las personas hagan lo mínimo de una manera muy visible que alivie su sentimiento de culpa, haciéndoles parecer que están en el lado correcto de la historia sin tomar ninguna acción concreta y esto, nos guste o no nos guste, pasa cada 8 de abril.

Esto no quiere decir que las personas que hacen activismo online sean malos activistas. En cambio, demuestra los límites del activismo en las redes sociales: la visibilidad que la convierte en una herramienta poderosa también se presta a la necesidad de reconocimiento de esa performance. Estas acciones no logran crear un cambio o comprensión duraderos, sino que demuestran la necesidad de que el activismo en las redes sociales vaya acompañado de acciones. Creo que ahí es donde estamos fallando, no creamos que ya hemos recorrido todo el camino. No tengamos miedo a empezar de nuevo.

El activismo es un proceso de crecimiento individual y conversación constante, un compromiso con toda una vida de acción y atención que no puede detenerse hasta que se logre la justicia y la igualdad. Sigamos trabajando y seamos más eficientes, incluso después del 8 de abril.

 

*Imagen de Raul Krauthausen @raulde

¡Viajeras al tren!

by Mercedes Porrras Soto

Bourdon,_Sébastien_-_Le_Camp_de_Bohémiens‘Le Camp de Bohémiens’ de Sébastien Bourdon

Cojo el tren de la mañana y todo está como siempre, como antes de vivir en torno al «bicho», grupos de jóvenes hablando, ejecutivos vestidos elegantemente, parejas cogidas de la mano y mujeres, muchas mujeres que hacen viaje, a saber por qué motivo.

Lejos ha quedado el hecho de sentirse vigilada y observada por el hecho de viajar sola. ¿Son imaginaciones mías o hemos dejado atrás el miedo a ser mujer en un mundo cada día más diverso? En cualquier caso, las gitanas ya no necesitamos exclusivamente la protección del acompañamiento grupal o masculino para poder desarrollar nuestra vida diaria. O puede ser me equivoco y es el traqueteo del tren que me hace pensar.

En algún momento hemos dejado la comodidad del viaje bullicioso y lento de las caravanas de gitanos y gitanas, al paso breve y cansado de las caballerías, marcado por el sonido de los violines y de los niños. Peregrinaciones laicas de núcleos familiares enteros en busca de mundos mejores. Podría afirmar y afirmo que imágenes como las de Sebastien Bourdon, haciéndose eco de esos momentos, son pura historia del arte y de la estética, pero también de nuestra historia de vida. No puedo dejar de imaginarme, mientras miro por la ventana del tren, grupos de gitanos y gitanas haciendo parada en el camino y aún veo más nítida la imagen de las mujeres gitanas amamantando a bebés sentadas en el suelo. Dios mío, este tren corre demasiado y no me da tregua para fijarme en las caras de las gitanas que preparan gustosamente la olla. Quizás sería mejor que durmiera un poco antes de llegar a mi destino, si no, no seré persona cuando llegue a la estación.

Ahora que duermo, al menos tengo la sensación de que lo hago, sueño o pienso, no sé, en todos los procesos de cambio en los que hoy en día estamos involucradas las mujeres gitanas. Me gusta pensar que son procesos, que no hemos llegado al final y que todo se mueve y que debe continuar moviéndose. Me gusta imaginarme, como mujer gitana que soy, que nuestras vidas continúan guardando la esencia de lo primigenio pero que a la vez incorporamos nuevas formas de existencia que se adaptan a los tiempos y en nuestra voluntad.

No quiero ni pensar que las mujeres gitanas tengan que renunciar a su estatus de madre y luz del hogar, de hecho ninguna mujer sea gitana o no, pero tampoco acepto el hecho de no atreverse y correr el riesgo de ser muchas cosas más. El peligro existe, no lo negaré, el peligro de caer en el rechazo, en el ostracismo, en la negación por parte ajena o la duda de ser o comportarse como gitana o no. ¿Quién dijo que sería fácil? Pero de dificultades quién más sabe somos nosotras, las mujeres gitanas. Las hemos sufrido y las sufrimos en todos los ámbitos pero estas afecciones, como otras, no nos hacen más débiles, todo lo contrario, nos fortalecen y ennoblecen y ¡de qué manera!

Vivir la vida de mujer gitana no es una bagatela, nuestros padres, hombres e hijos bien que lo saben, quizás no lo dicen, pero lo saben, quizás no lo reconocen públicamente, pero lo piensan. Quizás incluso nos envidian. Si yo fuera hombre, y gitano, anhelaría las capacidades y aptitudes que las mujeres gitanas atesoran, las herramientas que tienen para sobrevivir y adaptarse a cualquier contratiempo por intrincado que sea, la fortaleza que transmite y aplica y los conocimientos que traspasa al resto. ¿Quién no querría ser mujer y gitana?

El megáfono del tren me acaba de espabilar y me informa que mi destino se acerca. Y como divagar aunque es gratuito, me pregunto si dos vagones más adelante, mi hermano, que es hombre y es gitano, también ha aprovechado su ratito de siesta para soñar cositas tan buenas como yo.

Sea como sea, ¡viajeras en el tren!