Gitanadas que (re)salvarán el mundo

by Antonio Cortés

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Nuestra resistencia era marginal. Ahora lo llaman tendencia

Desde hace un tiempo observo una tendencia paradójica en la sociedad mayoritaria: una creciente atracción hacia estilos de vida y filosofías que guardan un asombroso parecido con las prácticas ancestrales del Pueblo Gitano. Lo que antes era estigmatizado y considerado marginal, hoy es celebrado como innovador y progresista cuando es adoptado por la cultura dominante. Esta observación, contundente y anclada en la realidad, me invita a reflexionar sobre la compleja relación entre la sociedad mayoritaria y la visión gitana del mundo.

No estoy escribiendo esto movido por el resentimiento, sino a partir de la evidencia. Lo que sigue es un compendio –lluvia– de ideas políticas de denuncia estructural, sí, pero también una invitación a reconocer lo que siempre estuvo, a nombrar la asimetría con precisión, y a debatir todo esto, idealmente en una buena sobremesa, después de comer bien algún puchero con personas que se traten con respeto.

Una sabiduría que siempre estuvo aquí

Lo afirmo de manera rotunda. La propia realidad me da la razón: la perspectiva gitana sobre la sociedad y la vida comunitaria no es una novedad, sino una sabiduría ancestral que se nos ha intentado arrancar de nuestra cultura y ha sido expropiada por «modas» impuestas. O, en ocasiones, apropiada sin el debido reconocimiento. Sus fundamentos se asientan en principios sólidos de vida colectiva, apoyo mutuo y una comprensión holística de la existencia que precede a muchas de las tendencias actuales.

Históricamente, el Pueblo Gitano ha practicado formas de vida que hoy son consideradas «innovadoras»: la vida nómada –actual movimiento de nómadas digitales–, la crianza comunitaria como las corralas andaluzas –actual tendencia de cocrianza cooperativa–, los sistemas de apoyo mutuo –economía colaborativa, entre otras–, y la flexibilidad laboral –búsqueda actual de conciliación trabajo-vida– son ejemplos claros. No afirmo que estas tendencias modernas deriven directamente y en exclusiva de la cultura gitana, pues otras tradiciones comunitarias, desde los pueblos originarios americanos hasta las culturas campesinas mediterráneas, comparten raíces de resistencia similares. Lo que sí afirmo es que cuando estas prácticas están en nuestra cultura, se las llama atraso. Cuando aparecen en la cultura dominante, se las llama innovación. Esa asimetría no es casual. Es estructural.

Desde la romantización de «lo gitano» hasta su estigmatización, se ha generado un ideario payo de lo que debe o no debe ser gitano. Raíces ancestrales, algunas redescubiertas en la modernidad, adaptadas a las necesidades del capitalismo –y por el capitalismo– y con nombres molones en inglés.

La doble moral: lo mismo, pero diferente precio según quién lo lleve

Sin embargo, en este «redescubrimiento» se esconde una doble moral preocupante. Las mismas prácticas que fueron –y siguen siendo– estigmatizadas como «marginales» o «atrasadas» cuando provienen del Pueblo Gitano, son celebradas como progresistas e innovadoras cuando las adopta la sociedad mayoritaria. Esta dinámica refleja una apropiación cultural problemática, y los ejemplos están a la vista de quien quiera mirar.

La movilidad con caravanas queda relegada al ocio, siendo algo muy cool, pero se ve coartada para tantas personas trabajadoras que, por la avaricia de algunos, no pueden optar a una vivienda en alquiler asequible o en compra, como ocurre por ejemplo en Ibiza. Queda muy bien en Instagram, pero muy mal para las arcas públicas y sus impuestos.

Mientras en ciudades como Barcelona se conquistan las calles con la incursión de las superillas –da gusto ver gente leyendo en la calle, charlando, VIVIENDO– y la pacificación de arterias de movilidad, en Badalona se requisa mobiliario personal urbano en barrios guetizados desde la propia institución, negando así la crianza conjunta, los cuidados y el contacto entre personas del mismo barrio. Solo hay que darse una vuelta por barrios pudientes de las distintas ciudades de este país para contrastar la diferencia de recursos y medios entre unos y otros: lo gitano es excluido, mientras que lo progresista es aceptado, incluso si ambos provienen de la misma raíz y buscan el mismo fin. La diferencia no está en la práctica. Está en quién la practica.

Ah, y otro día hablamos del trabajo de chatarrero cuando eres una persona gitana, y del de trabajadora medioambiental cuando eres una persona paya. Siglos de dedicación al medioambiente y a la economía circular –reutilizar, reparar, generar con poco impacto, como los canastos de mimbre, unas prácticas, por cierto, muy gitanas– para ver cómo este ámbito es ahora monopolizado por grandes empresas. Estas, sin embargo, no reconocen ni valoran nuestra experiencia a la hora de contratar, ofreciendo solo trabajos precarios, mal remunerados y sin estabilidad. El conocimiento se aprovecha. La persona que lo porta, no.

Keras buti: trabajar para vivir, no al revés

Más del ochenta por ciento de la población catalana apoya la reducción de la jornada laboral, buscando más tiempo para el ocio y la familia. Que baje Dios y lo vea si esto no es una forma gitana de afrontar la vida. Keras buti. Hacer cosas.

Esta perspectiva, que prioriza trabajar para vivir y no al revés, comparte paralelismos con las filosofías de vida precapitalistas presentes en diversas culturas, como ya comenté, que valoramos el «hacer cosas» por encima de la acumulación sin sentido, como se refleja en la expresión keras buti –como ya habrán entendido algunos al leer la expresión romaní.

No pretendo arrogarme el papel de antropólogo o lingüista, pero esta «priorización de acciones» tiene consecuencias políticas muy concretas. Es exactamente lo que Pastora Filigrana desarrolla en El Pueblo Gitano contra el sistema-mundo cuando afirma que el Pueblo Gitano no es una minoría a proteger, sino un sujeto político con una crítica estructural al capitalismo que muchos movimientos progresistas aún no han sabido escuchar. El keras buti no es pereza ni desorganización: es una impugnación práctica y cotidiana del mandato productivista. Una impugnación que llevamos practicando siglos antes de que nadie le pusiera nombre académico.

Las recientes propuestas del Ministerio de Trabajo –los nuevos permisos de cuidados, fuerza mayor, los relativos a los riesgos meteorológicos y a un posible permiso por defunción de diez días– actúan como un potente catalizador para el pensamiento crítico sobre nuestros valores sociales. No son solo medidas técnicas. Son preguntas disfrazadas de decretos: ¿qué priorizamos como sociedad? ¿La productividad o las personas?

El duelo no es un trámite: la rromipen como modelo de cuidados

Al analizar estas medidas desde la óptica de la atención, los cuidados y la gestión del duelo –que inevitablemente incluye la pesada carga de los trámites administrativos–, la perspectiva de la rromipen no solo es una alternativa válida a la norma de la sociedad mayoritaria. En este contexto particular, se revela como más acertada y profundamente humana.

Como gitano, propongo ampliar los permisos de acompañamiento familiar, como mínimo, hasta el tercer grado de afinidad o consanguinidad. Esto es crucial para poder asistir a nuestros seres queridos de una manera más ética. Aunque no tengo descendencia directa, sí tengo tías y sobrinas que a veces requieren de mi atención. Actualmente me resulta imposible cuidarlas adecuadamente porque no dispongo de los permisos ni las facilidades necesarias. Es imperativo que el legislador considere esta ampliación, siguiendo el precedente ya establecido con la inclusión de las personas convivientes en normativas anteriores. No pido un privilegio. Pido que la ley reconozca lo que ya existe: que las familias tienen formas diversas y que todas merecen protección.

Para nosotras, la clave reside en la jerarquía de valores: el rromipen prioriza de manera incondicional el cuidado de la comunidad y el individuo sobre otras consideraciones, como la productividad o el ritmo incesante del engranaje socioeconómico capitalista. Los cuidados –incluido el duelo– son un proceso comunitario. La presencia y el apoyo incondicional son vitales.

Contrastando esto con la sociedad mayoritaria, la conclusión es sencilla y poderosa: mientras mi cultura prioriza el cuidado, la vinculación afectiva y la gestión pausada del dolor, la otra –con su limitada provisión de tiempo y recursos para el duelo– parece priorizar sutilmente el consumo y la eficiencia por encima de la salud emocional y social de sus integrantes. La propuesta de diez días, si bien es un avance, subraya la insuficiencia del reconocimiento institucional del duelo en un contexto que habitualmente relega los procesos emocionales complejos a la esfera privada y de rápida superación. Diez días para enterrar a alguien, rehacer el mundo interior y volver a producir. Eso no es gestión del duelo. Es gestión de la ausencia a tu engranaje en el sistema capitalista.

Apropiación sin reconocimiento: coger el fruto sin plantar el árbol

Esta dinámica del «sí pero no» refleja una apropiación cultural problemática: se toman o replican elementos de la cultura gitana sin reconocer su origen ni comprender su verdadero significado, cayendo en otros sesgos y discriminaciones en aras de la realidad androcentrista –entre otros «istas»– predominante.

Después de más de seiscientos años en este territorio, podrían habernos copiado antes. Y si van a hacerlo, que sea con reconocimiento, con reparación y con respeto a la sabiduría y las contribuciones del Pueblo Gitano a estas formas de vida comunitaria y sostenible, que hoy más que nunca demuestran su valor y vigencia, en vez de habernos estereotipado para menospreciar nuestra cultura «ahora» tan envidiada.

Es fundamental nombrar también que esta apropiación no ocurre en el vacío. Los discursos de odio y el racismo persisten, inmutables. Tanto hoy como hace más de seiscientos años, la voz y la aportación de las personas migrantes, disidentes, provenientes de los márgenes del poder, sigue siendo ignorada y difamada, bien sea por la desinformación o el desconocimiento, o bien por el simple hecho de ser diferentes.

Y aquí es donde la historia nos obliga a ser más contundentes. Numerosas historiadoras sostienen que la diáspora de nuestro Pueblo se originó con la huida de conflictos bélicos. Como etnia, hemos padecido esta penuria de forma constante a lo largo de nuestro viaje, siendo la Segunda Guerra Mundial el ejemplo más cruel. Somos, en parte, hijas de quienes huyeron de la guerra o resistieron ante ella. Rafael Buhigas, Doctor en Historia, ha documentado con rigor académico algo que la historia oficial ha preferido silenciar: que cuando el Pueblo Gitano se ha organizado políticamente, atravesando distintos espectros de la izquierda –desde el comunismo libertario hasta el socialismo–, ha evidenciado una capacidad de articulación política propia que va mucho más allá del estereotipo de pueblo ajeno a lo colectivo. Su trabajo Una reflexión sobre el anarquismo gitano demuestra que estas formas de organización horizontal, asamblearia y autónoma no son una novedad importada de la teoría política contemporánea: son prácticas propias, con historia propia, que preceden y enriquecen cualquier teoría de la emancipación. Buhigas pone nombre académico a lo que muchas gitanas hemos vivido siempre como sentido común. Una historia de resistencia que incluye, inevitablemente, la resistencia ante la guerra. Por ello, solo tenemos una cosa que afirmar: NO A LA GUERRA. A ninguna. Ni cuando tiene bandera reconocida, ni cuando la víctima no sale en los titulares. La visibilidad del sufrimiento también tiene jerarquías. Y esas jerarquías también son racismo.

El poder de nombrar: el caló no es un argot, es una lengua

Eso también es gitano. Hablar de las cosas y del lenguaje que utilizamos. Y ya que hablamos de lenguaje, permitidme ir a un ejemplo concreto y urgente, que merece más espacio del que habitualmente se le concede.

El caló –nuestra habla de resistencia en la península, variante del romaní, lengua viva y con siglos de historia– sigue apareciendo definido como «lengua de ladrones» o «argot marginal» en plataformas como el Diccionario de la Lengua Catalana del Institut d’Estudis Catalans o la Gran Enciclopèdia Catalana. Que aún instituciones de referencia académica sigan perpetuando estas definiciones dice mucho de quién tiene el poder de nombrar y de quién sigue siendo nombrada por otras.

Porque el lenguaje es política, sí. Y cuando esa política se ejerce desde el diccionario, el daño es igual de real que cuando se ejerce desde una ley. Reducir nuestra habla a un argot de criminales no es un error tipográfico ni un descuido histórico. Es una decisión política. Una decisión que durante siglos ha colocado al Pueblo Gitano en el lugar de la sospecha, de la marginalidad, de lo que hay que corregir o erradicar.

Esa decisión tiene consecuencias materiales. Un niño gitano que crece escuchando que su lengua es «de ladrones» no solo pierde un idioma. Pierde una forma de entender el mundo, de nombrar el afecto, de transmitir memoria. La violencia lingüística no deja moratones visibles, pero deja huella. Y mientras esas definiciones siguen ahí, en mayúsculas institucionales, nosotras seguimos exigiendo lo mismo de siempre: que la comunidad gitana sea protagonista activa de cómo se nos nombra, cómo se nos define y qué lugar ocupa nuestra cultura en la historia compartida de este país. No receptoras. No consultadas a posteriori. Protagonistas. Porque ya está bien de que otros decidan por nosotras, algo poco gitano por cierto.

Agitanarse: una propuesta política y vital

La sociedad se está «agitanando» progresivamente, dándose cuenta de que ya no funcionan un ascensor social fracturado, unas expectativas de vida desajustadas frente a la escasez actual de recursos –sin olvidar la imperiosa necesidad de regular el acceso a la vivienda–, ni una digitalización acelerada que no garantice un retorno y una distribución justa de la riqueza generada.

No soy la primera persona en decirlo, ni lo digo sola. Silvia Agüero y Nicolás Jiménez llevan tiempo trabajando en esta idea desde su proyecto «Pretendemos Gitanizar el Mundo», una propuesta que va exactamente en esta dirección: reivindicar la cultura gitana no como reliquia del pasado ni como exotismo de consumo, sino como una forma válida, vigente y necesaria de estar en el mundo. Una forma que, como vengo argumentando, muchos están redescubriendo sin saber –o sin querer reconocer– de dónde viene. Y junto a ellos, Filigrana y Buhigas nos recuerdan que lo gitano tiene pensamiento propio, historia propia y futuro propio. Este texto les debe parte de su columna vertebral.

Agitanarse tiene un contenido concreto. No es una metáfora vacía ni una moda pasajera. Es un programa vital con implicaciones políticas precisas. Significa valorarse y cuidarse más colectivamente, desde la convicción de que «si una pierde, nadie gana». Significa reducir la dependencia de los intereses del poder y cuestionar los dogmas del modelo considerado «mayoritario». Significa apoyar la ampliación de los permisos de cuidados para que la ley reconozca las familias tal como son, no tal como el Estado quisiera que fueran. Significa exigir que los diccionarios corrijan sus definiciones, porque nombrar bien es también una forma de justicia. Significa reconocer, cuando se adopta una práctica comunitaria, de dónde viene y a quién se le negó durante siglos. Significa unirse a hacer gitanadas a nuestro lado: vivir con más presencia, con más comunidad, con menos prisa y con más sentido.

Y significa, también, no abrazar pensamientos individualistas, negacionistas de la diversidad, contrarios al estado del bienestar o directa y abiertamente fascistas. Porque agitanarse es lo contrario de eso.

Algo que del feminismo –el que incluye etnias, disidencias y rebeldía– aprendo constantemente es que lo personal es político. Cómo cuidamos, cómo lloramos, cómo trabajamos, cómo nos movemos y cómo nos nombramos no son decisiones privadas: son actos políticos. Por ello, me alegra que la sociedad en general se esté agitanando. Y espero que lo haga con conciencia de lo que eso significa: no tomar el fruto sin plantar el árbol. No celebrar la práctica sin reconocer a quienes la sostuvieron cuando nadie aplaudía.

Este texto es, reconozco, una lluvia de ideas. Un primer mapa trazado a mano, con algunos borrones y muchos caminos abiertos. Cada uno de los temas que aquí aparecen –el keras buti, la rromipen como modelo de cuidados, el perfil sindical y político en el Pueblo Gitano, la violencia lingüística, el agitanarse como programa político– merece un desarrollo propio, más pausado y más profundo. Es mi intención volver sobre cada uno de ellos de manera individualizada en un futuro no muy lejano, con más espacio, más fuentes y más conversaciones de por medio. Porque estas ideas no se agotan aquí. Apenas empiezan.

La rromipen no es una moda. Es una forma de estar en el mundo que lleva siglos demostrando que otro modo de vivir es posible. Una forma que resistió la persecución, el silencio institucional, la violencia lingüística y la apropiación sin nombre. Que sobrevivió porque era más fuerte que todo eso. Ya era hora de que el resto lo fuera viendo.

Seamos cada día más gitanas, que resistiremos mejor y ganaremos más.

Proteger a quienes hacen vivir el flamenco: memoria, derechos y reconocimiento para los artistas flamencos gitanos

by Jesús Heredia Carroza

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Cuando se habla de flamenco, se habla también de la historia, la memoria y la creatividad del pueblo gitano. No como un elemento secundario, sino como una de sus raíces más profundas. El cante, el toque, el baile y la forma de sentir este arte no pueden entenderse sin la aportación histórica de generaciones de artistas gitanos que han contribuido decisivamente a su desarrollo y transmisión cultural.

La historia del flamenco está marcada por la presencia de familias gitanas que han transmitido este arte de generación en generación. A través de la oralidad, la convivencia y la experiencia compartida, el flamenco se ha preservado como una tradición viva. En ese contexto, el pueblo gitano ha desempeñado un papel esencial en la configuración de su sensibilidad artística, su intensidad expresiva y su identidad cultural.

Estas cuestiones han sido analizadas desde una perspectiva académica en mi tesis doctoral Flamenco y Derechos de Autor. Una perspectiva desde la Economía de la Cultura, en la que se estudia cómo se generan y distribuyen los derechos de propiedad intelectual en el flamenco y hasta qué punto el sistema jurídico actual reconoce adecuadamente las aportaciones creativas de quienes participan en su proceso artístico.

El flamenco es hoy una de las grandes expresiones del patrimonio cultural. Sin embargo, su evolución no puede explicarse únicamente a través de la composición musical. En el flamenco, el proceso creativo depende también de la interpretación. Cada cantaor o cantaora aporta matices propios, improvisación, técnica y emoción. Por ello, la obra flamenca adquiere su forma definitiva en el momento de la interpretación.

Esta dimensión interpretativa ha sido especialmente relevante en el caso de los artistas gitanos. A lo largo de la historia del flamenco, muchas de sus grandes figuras han destacado precisamente por su capacidad de transformar una obra mediante su estilo personal, convirtiendo una letra o un cante tradicional en una experiencia artística única.

El valor de una obra flamenca no depende únicamente de su composición, sino también de cómo es interpretada y vivida por el público. En el flamenco, el intérprete aporta elementos fundamentales como la improvisación, la capacidad de emocionar o el estilo propio, lo que puede transformar profundamente el valor cultural de una obra.

Esto significa que el intérprete no se limita a ejecutar una obra previamente creada, sino que participa activamente en su proceso creativo.

Sin embargo, existe una contradicción importante. El sistema jurídico de propiedad intelectual suele distinguir entre autores y artistas intérpretes. Mientras los autores reciben una protección más amplia mediante los derechos de autor, los intérpretes se protegen mediante derechos que tradicionalmente han tenido un alcance más limitado.

Esta diferencia resulta especialmente problemática en contextos como el flamenco, donde la interpretación constituye una aportación creativa fundamental. En muchos casos, el sistema legal ha tendido a valorar más aquellas formas de creación que pueden fijarse en una partitura o en un texto, dejando en segundo plano las aportaciones creativas que surgen en el momento de la interpretación.

Este desequilibrio afecta especialmente a muchos artistas flamencos gitanos, cuya contribución histórica al desarrollo del flamenco se ha producido principalmente a través de la interpretación. Su capacidad para recrear los cantes, transmitir emoción y aportar una identidad propia a cada actuación ha sido clave para la evolución del flamenco como arte vivo.

Un ejemplo paradigmático es el de Camarón de la Isla, considerado uno de los cantaores más influyentes de la historia del flamenco. Su forma de interpretar transformó numerosos cantes tradicionales y abrió nuevas vías expresivas para el género. La singularidad de su estilo demuestra hasta qué punto la interpretación puede constituir una forma de creación artística.

La importancia del intérprete también se refleja en la forma en que el público experimenta el flamenco. Con frecuencia, las personas eligen asistir a un espectáculo o escuchar una obra en función del artista que la interpreta. El intérprete se convierte así en un elemento que da identidad a la obra y que permite al público reconocer su estilo y su autenticidad.

Reconocer el valor creativo de los intérpretes flamencos no es solo una cuestión jurídica. También es una forma de reconocer la contribución histórica del pueblo gitano al flamenco. Proteger a los intérpretes significa proteger una tradición cultural transmitida durante generaciones y preservar un patrimonio cultural vivo.

En este sentido, avanzar hacia un mayor reconocimiento de los intérpretes flamencos gitanos supone también reconocer la importancia del flamenco como expresión cultural del pueblo gitano y como parte esencial del patrimonio cultural europeo.

Proteger a quienes hacen vivir el flamenco significa, en última instancia, proteger la memoria cultural y artística que el pueblo gitano ha aportado a este arte.

 

Jesús Heredia-Carroza, PhD

Departamento de Economía e Historia Económica Universidad de Sevilla

jheredia1@us.es

https://orcid.org/0000-0003-2280-2680

 

Lecturas recomendadas:

  1. Heredia-Carroza, J., Palma Martos, L., & Aguado, L. F., (2019c). Flamenco y Derechos de El caso de Camarón de la Isla. Arbor, 195(791), a496. Doi: https://doi.org/10.3989/arbor.2019.791n1009.
  2. Heredia-Carroza, J., Palma, L., & Aguado, L. F. (2019b). Why does copyright ignore performers? The case of flamenco in Spain. Journal of Arts Management, Law and Society, 49(5), 347-364. Doi: 10.1080/10632921.2019.1646682.
  3. Heredia-Carroza, , Palma Martos, L., & Aguado, L. F., (2020a). How to measure Intangible Cultural Heritage value? The case of flamenco in Spain. Empirical Studies of the Arts. Doi: 10.1177/0276237420907865.
  4. Heredia-Carroza, , Palma Martos, L., & Aguado, L. F., Creación e interpretación en el marco de los derechos de autor. El caso de la música popular tradicional. Kepes, 21 (enero-junio 2020), 113-143.
  5. Heredia-Carroza, (2023). Flamenco y derechos de autor: Una perspectiva desde la economía de la cultura. Tirant lo Blanch. Colección Monografías. ISBN 978-84-1197-262-8.

 

 

600 años de memoria, dolor, lucha y esperanza

by Seo Cizmich

Opre Roma

Hablar del Pueblo Gitano es hablar de un camino largo, duro y profundamente humano. Este año se conmemoran seiscientos años desde la llegada del Pueblo Romaní a la Península Ibérica, seis siglos de historia marcados por el dolor, la resistencia, la dignidad y el amor por nuestras familias y por nuestro pueblo. No es solo una fecha histórica, es un acto de memoria viva, de reconocimiento y de compromiso con el futuro.

“Śov śela maj palal, sam akate”

“Seiscientos años después, seguimos aquí”

Nuestra historia ha estado marcada por la persecución, el rechazo y la exclusión. Desde los primeros momentos de nuestra llegada a Europa, el Pueblo Gitano fue señalado como diferente y castigado por sus costumbres, por su lengua y por su forma de vivir. Leyes injustas, expulsiones, intentos de borrar nuestra identidad y siglos de estigmatización dejaron heridas profundas que aún hoy siguen abiertas. El dolor no quedó en el pasado, se transmitió de generación en generación, instalado en la memoria de nuestras familias.

“Kamas thaj ava rroma sar sam, vi sam rroma”

“Somos gitanos y queremos seguir siendo gitanos”

Una lucha constante por existir, por resistir y por mantener viva nuestra identidad. Nunca dejamos de ser pueblo, nunca dejamos de cuidarnos entre nosotros, y esa lucha nació, sobre todo, del amor, amor por nuestras madres y padres, por nuestros mayores, por nuestras hijas e hijos, y por una historia que pese a todo, nunca pudieron arrebatarnos.

El pasado 12 de enero, antes de entrar en el Ayuntamiento de Barcelona, viví un momento que quedará grabado en mi memoria. La caminata con la bandera romaní compartida con tantas personas de nuestro pueblo, fue mucho más que un gesto simbólico, fue un acto de afirmación, de orgullo y de memoria. Al ver a las niñas tan pequeñas, vestidas con trajes tradicionales, sentí una emoción profunda y una fuerza renovada, en sus miradas entendí con claridad por qué seguimos luchando, para que ellas no tengan que vivir lo que vivió nuestro pueblo durante siglos. Ese instante lo dijo todo, luchamos por ellas, luchamos para que el dolor no se repita, luchamos para que la historia no vuelva a condenarnos al silencio.

“Sem Jekh Rrom but baxtalo”

“Me siento un gitano afortunado”

Me siento un Rrom profundamente afortunado. Llevo en el corazón la conciencia de un viaje que comenzó hace más de mil años, cuando nuestros ancestros partieron desde la India, empujados por la necesidad, el dolor y la esperanza. Aquel camino no fue solo una migración, fue una prueba de resistencia, una lucha por existir.

Al llegar a Europa, entre los siglos XIV y XV, nuestro pueblo fue separado por rutas, lenguas y tierras distintas. Nos dispersamos, pero nunca dejamos de ser uno. Aunque los siglos pasaron, la memoria permaneció viva, transmitida en la sangre, en la música, en las miradas y en el silencio heredado.

La inmigración no es solo parte de nuestra historia, es nuestra identidad misma. En esta conmemoración sentí que nuestras raíces, aunque esparcidas por el mundo, volvían a abrazarse, como si el tiempo se detuviera y nuestros ancestros caminaran nuevamente a nuestro lado.

El Pueblo Gitano no entiende de fronteras, porque ninguna frontera pudo detener nuestro espíritu, nuestra historia es común, nuestro sufrimiento compartido y nuestra esperanza colectiva. Seiscientos años después, estar aquí es la prueba de que seguimos vivos, que seguimos avanzando juntos, honrando a quienes resistieron antes que nosotros.

Somos memoria, somos camino, somos futuro. Y mientras sigamos recordando de dónde venimos, nunca dejaremos de caminar unidos.

Hoy, muchos de nosotros asumimos un compromiso activo. Como activistas contra el antigitanismo, como miembros del Consejo Municipal del Pueblo Gitano y como personas comprometidas con la justicia social, trabajamos cada día para desmontar prejuicios, denunciar discriminaciones y construir espacios de igualdad real, esta lucha no es solo política; es moral, histórica y profundamente humana.

Escuchar el discurso del alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, junto a la segunda teniente de alcaldía, Maria Eugènia Gay, fue, para mí, un momento significativo. Sus palabras transmiten una mirada hacia la cooperación, hacia el trabajo conjunto y hacia un futuro compartido. Fue un mensaje que invita a caminar juntos, a reconocernos como parte de una misma sociedad y a construir, desde el respeto mutuo, un mañana más justo. Ese gesto no borra el pasado, pero abre una puerta necesaria al diálogo y a la colaboración.

Celebrar seiscientos años no significa olvidar el sufrimiento. Significa recordar con conciencia, con dignidad y con responsabilidad. Significa reconocer todo lo que se nos negó, pero también todo lo que hemos aportado: cultura, música, valores, trabajo y humanidad, significa exigir que nuestra historia sea contada con verdad y respeto.

La esperanza del Pueblo Gitano no es ingenua, es una esperanza forjada en la resistencia, alimentada por la memoria y sostenida por el amor a nuestras familias, Es la esperanza de que nuestras hijas e hijos crezcan libres de miedo, sin tener que justificar quiénes son.

Estos seiscientos años de aniversario, de memoria y de presente, me llenan de esperanza. Reencontrarme con mi gente después de seis siglos me hace comprender que nuestra determinación de ser y seguir siendo Gitanos es más fuerte que el oro, más resistente que el diamante y más valiosa que cualquier piedra preciosa de la tierra.

“Nuestra identidad no se quiebra, no se compra y no se entierra,
se transmite, se defiende y se camina.
Somos tierra porque hemos caminado sobre ella, somos Occidente y Europa,
porque abrimos caminos y las puertas del mundo y del viaje.”

OPRE RROMA!!!

El pueblo gitano y la génesis del concepto de genocidio: la lección de Rafael Lemkin

by Miguel Ángel Vargas

20 de noviembre de 1945: 80 aniversario del inicio de los Juicios de Núremberg

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Una palabra que no existía

Imaginemos la escena: el 20 de noviembre de 1945 las pesadas puertas de madera del Palacio de Justicia de Núremberg se abrieron para iniciar el juicio más grande de la historia. Mientras los flashes de las cámaras iluminaban el estrado, un jurista polaco de origen judío, Rafael Lemkin, esperaba en la galería. Ese año había publicado Axis Rule in Occupied Europe, un libro que cambiaría el lenguaje del derecho internacional. En él describió un crimen que hasta entonces carecía de nombre: la destrucción sistemática de un pueblo. No solo con bombas y fusiles, sino también con leyes que prohibían la lengua, escuelas que borraban la historia, hospitales que practicaban la esterilización forzosa y cementerios que profanaban la memoria. A ese crimen lo llamó genocidio.

Para explicarlo no eligió un caso abstracto. Ilustró su idea con un pueblo perseguido durante siglos y que los nazis estaban exterminando por etapas: los gitanos, el pueblo romaní.

Los gitanos, ejemplo vivo del genocidio

Para Lemkin, genocidio no significaba únicamente asesinato masivo; era romper la continuidad de un pueblo. En los gitanos vio cómo el régimen nazi había creado una maquinaria de borrado: redadas, esterilizaciones sin anestesia, deportación a campos como Auschwitz, prohibición del romanó, separación forzosa de familias. En sus notas personales escribió que los gitanos eran “un pueblo sin Estado, sin ejército, sin defensas… y por eso el objetivo perfecto para un crimen que quería ser invisible”.

El historiador Ari Joskowicz recuerda en Rain of Ash que Lemkin utilizó la persecución de los romaníes como caso paradigmático para demostrar que el genocidio no era solo contra los judíos, sino contra cualquier grupo que el poder decidiera eliminar. Sin embargo, cuando llegó el momento de sentar a los criminales en el banquillo, algo falló.

La frase que quedó en el aire

El 8 de octubre de 1945, en la acusación inicial del Tribunal Militar Internacional, se leyó esta frase:

“Los acusados llevaron a cabo un genocidio deliberado y sistemático, es decir, la exterminación de grupos raciales y religiosos, mediante la destrucción de los judíos, polacos, gitanos y otros (discapacitados, eslavos, testigos de Jehová…).”

Fue la primera vez que la palabra genocidio aparecía en un documento judicial. Pero cuando se dictó la sentencia final, el término había desaparecido. Y con él, también la esperanza de que el trauma de los gitanos fuera reconocido. Ningún acusado fue condenado por genocidio. Ni por el exterminio del pueblo romaní. Lemkin, que había perdido a 49 miembros de su familia en el Holocausto, calificó ese día como “el más negro de mi vida”.

Una memoria que regresa

Durante décadas, el genocidio romaní fue una historia que muchos supervivientes sí contaron, pero que el poder judicial y la opinión pública prefirieron no escuchar. Desde los años sesenta, asociaciones romaníes presentaron demandas civiles, escribieron memorias y denunciaron ante tribunales alemanes y de otros países ex-colaboradores del régimen nazi; sin embargo, las respuestas fueron dilaciones o reconocimientos parciales. No fue hasta 1980-81 que la República Federal de Alemania admitió que los gitanos habían sido víctimas del odio racial nazi, y es sólo que el 17 de marzo de 2022 el Bundestag reconoció oficialmente el Porrajmos —la “devoración” en romanó— como genocidio, cerrando un ciclo de silencio de más de setenta años.

Hoy, a 80 años del inicio de los Juicios de Núremberg, esa memoria regresa con una lección que Lemkin ya intuyó: no hay justicia sin nombre, y no hay nombre sin memoria.

En el Museo Virtual del Pueblo Gitano recuperamos estas historias porque forman parte de una genealogía histórica colectiva y alternativa en continua reconstrucción. Nombrar lo que fue no es imponer una narrativa victimista, sino devolver a las víctimas su lugar en la memoria: si el dolor o el resentimiento devienen reivindicación de derechos, ¿quiénes somos para dictar cómo deben sentir quienes fueron perseguidos? El genocidio no empieza con los hornos; empieza cuando los miembros de un pueblo dejan de ser vistos como iguales al resto de la Humanidad.

Notas para seguir leyendo

  • Lemkin, Raphael. Axis Rule in Occupied Europe. Washington, 1944.
  • Joskowicz, Ari. Rain of Ash: Roma, Jews, and the Holocaust. Princeton University Press, 2023.
  • Archivo del Tribunal Militar Internacional de Núremberg, Acta de Acusación, 8 de octubre de 1945.
  • Resolución del Bundestag alemán, 17 de marzo de 2022, sobre el reconocimiento del genocidio romaní.

 

Gaza mon amour

by Juan José Suárez Laso

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Su cabecita cae para atrás, su cuellecito tronchado.

Una mujer, madre, sostiene en su regazo el cuerpo sin vida de su niño, de su criatura, de su vida. Matado por una ráfaga del fuego militar israelí. Sangrante todavía el cadáver, envuelto en un sudario blanco empapado en su propia sangre.

Cuando das besos a tu hijo, te huele a animal vivo, sabe a vida entera, intacta, robusta, inalterable. Una mujer, hija y nieta de la casta pobre de la miseria, con su niño asesinado en el regazo siente en sus entrañas un dolor que no tiene nombre. No se puede explicar. Queda muda, y cada nervio de su cuerpo ha renunciado, ha cedido, se ha sometido al dolor más profundo que la vida puede imponer. El llanto ya no es llanto, brota de otro lugar más tierno y tiene otro nombre, es otra cosa. Ese dolor es incomprensible para mí.

De lo que no se puede hablar, mejor guardar silencio.

Esta imagen no es una querencia retorcida por el suceso escabroso. Esta realidad me la encuentro en fotografías, imágenes que llegan desde Gaza y Rafah en estos odiosos días imposibles ya de olvidar. Nos llegan diariamente noticias de lo que ocurre en Palestina. Pero es que este conflicto ya lleva demasiados años abierto. Hay un problema en esa tierra desde principios del siglo veinte cuando el pueblo judío comenzó a migrar allí para defenderse del odio en Europa. Fue en 1947 cuando hubo un gran éxodo tras la segunda guerra mundial. La ONU quiso organizar aquella huida/refugio dando un territorio/paraíso al pueblo judío para que se recompusiera después del infierno sufrido. Pero la voluntad más férrea del ser humano, la de la procreación, se ha impuesto severamente y los judíos y árabes crecen y crecen en número en un espacio limitado. Queremos vivir en paz, dicen todos. Pero para vivir, se necesita tierra donde construir casas, plazas, avenidas, hospitales y colegios… Para vivir se necesita de agua, gas y de petróleo. Y luego, las abominables religiones que todo lo trastocan imponiendo el infierno en la tierra, infierno necesario para construir el ideal paradisíaco del más allá, imprescindible para su existencia. “La infelicidad del hombre y de la mujer será eterna”, esa es la máxima de cualquier religión que se precie. Y la lucha por un pedazo de tierra, de espacio para crecer, se convirtió en el germen de lo que a hoy asistimos desvelados.

El moderno fusil de asalto TAP-21, o simplemente Tavor, es un moderno fusil de calibre 5,56 mm fabricado por Israel, considerado como una de las mejores armas de su categoría por su fiabilidad en condiciones adversas. Utilizado por los militares del Estado israelí junto a otras armas y bombardeos continuados ha dejado ya sesenta y dos mil muertos civiles, diecisiete mil cuatrocientos noventa y dos de ellos niños y niñas, todos civiles indefensos. Cerca de quince mil desaparecidos que no aparecerán nunca (cantidad a fecha de uno de junio del veinticinco. Hoy, después de escuchar las noticias, sumamos 407 asesinatos. ¡¡Serán muchos más…!!) Cada ráfaga de fuego militar contra la población civil desarmada es el acto criminal de un Estado en pie de guerra contra su propia historia.

Dos militares israelíes están sentados en una piedra del camino, descansando.

_MILITAR ISRAELÍ 1: ¡Qué bonita tarde Efraím!

_MILITAR ISRAELÍ 2: Preciosa…

Un pajarillo ridículo, con un plumaje ridículo se posa al lado de la piedra donde están sentados los dos compañeros, brazos asesinos, ejecutores del odio enquistado y hediondo del Estado israelí. Sus queridas armas entre las piernas. Toman un descanso de la última guardia antes de continuar con la orden de vigilar el paso de Rafah.

_MILITAR ISRAELÍ 1: ¡¡Cuánto sufrieron nuestros abuelos en los campos de exterminio europeos!! Ahora somos un país libre y debemos defendernos de nuestros enemigos. No volveremos a pasar por aquel infierno. Fue un abismo que no podemos olvidar. Hamás y Hezbolá son, ahora, nuestros enemigos. El Estado de Palestina, nuestro objetivo militar a destruir.

_MILITAR ISRAELÍ 2: ¿Cuándo has estudiado tú ciencias políticas?? Joder con la chapa. ¡¡ Pilla a Lolita !! se refiere al fusil ¡¡ Y vamos a cazar bichos!! Ríe a carcajadas.

El pajarillo los mira como si entendiera lo que hablan.

_MILITAR ISRAELÍ 1: Me duele.

_MILITAR ISRAELÍ 2: ¿Qué te duele ahora? Cabreado.

_MILITAR ISRAELÍ 1: La sangre.

_MILITAR ISRAELÍ 2: ¡Madre mía! Resopla y se lleva las manos a la cabeza. Pues aprieta el gatillo coño!! Alivia!! Mano de santo!!

El Estado israelí lleva en su constitución la memoria de un genocidio bestial sufrido en propias carnes. De un salvaje exterminio como sólo puede hacerlo el ser humano. Al humano le llega la palabra, el pensamiento, para organizar y anticiparse al sufrimiento futuro. A lo que vendrá y puede ser remediado. “Logos”, concepto que marca el inicio de la “civilización filosófica” en Europa, proviene de la acción “Legein”, que es urdir con estrategia para protegerse de acontecimientos negativos futuros. El ser humano desarrolla la palabra para defenderse de su entorno y de la inseguridad esencial de la propia vida. Conocer al astuto Ulises para comprenderlo. Los judíos sufrieron en Europa.  En la segunda guerra mundial fueron exterminados millones de ellos. Cuántas películas hay de esto, cuántos documentales hay de estos hechos, cuánta memoria e información hay de lo que ocurrió: La Shoá, la catástrofe en hebreo. Es como si social y culturalmente nos hubieran metido esta información brutal en la cabeza con la alta intención de que aquello no vuelva a ocurrir nunca; pero que en realidad ha servido para anestesiarnos la conciencia y la acción cuando estamos viendo que está ocurriendo lo mismo en territorio palestino y no hacemos nada, los propios judíos callan algunos, otros están de acuerdo con este genocidio, exultantes y alegres vibran de emoción ante la venganza, el odio y el asesinato. Y seguro que racionalmente lo pueden explicar y justificar ¡¡Y es lo mismo, es lo mismo, pero con más gasto militar!! Los países productores de armas están haciendo caja, haciendo el agosto de sus economías; entre ellas España y sus armas de pequeño calibre, que parece que maten menos. Ahora, la razón de un Estado sionista, el sentido colonialista del pueblo judío de origen europeo que se impuso en Palestina, desde el principio de la ocupación, a través de conceptos como la “superioridad moral” o “el pueblo elegido”, su sed de venganza clavada en el alma, y la economía estadounidense, les ha dado el poder del abuso.

Cuando vuestros nietos matan inmisericordemente a niños y a niñas han perdido totalmente la razón, se han vuelto locas vuestras nietas que se apoyan en vuestra terrible experiencia para cometer estos asesinatos sin piedad. La memoria a veces hace perder toda compasión, la humanidad se pierde en la memoria retorcida, tortuosa, que transforma el dolor en odio y en venganza.

Mi recuerdo y mi respeto a todos y a todas las judías que sufrieron odio y venganza. Mi amor por ellos es infinito.

_MILITAR ISRAELÍ 1: ¿A cuántos has cazado?

_MILITAR ISRAELÍ 2: No llevo la cuenta… Estás jodiéndome con tanta pregunta de mierda, eh!! Cabreado y angustiado.

_MILITAR ISRAELÍ 1: Hay que hacerlo, cazar a todos nuestros salvajes enemigos que desde pequeños llevan en la sangre el odio por nosotros metido hasta el tuétano.

­_MILITAR ISRAELÍ 2: ¡Joder con el filósofo de mierda! ¡¡Me cargas!! Llevamos la razón y punto. Netanyahu lo dice bien clarito. ¡¡Somos unos soldados de la hostia!! Levantándose.

El pajarillo se posa en la boca del fusil, el soldado Efraím sacude su arma y ésta se dispara.

_MILITAR ISRAELÍ 1: Joder!!! Que es un puto pájaro …

_MILITAR ISRAELÍ 2: ¡¡ Pues eso, a matar pájaros Emanuel!!

Niño_palestino_y_judío_abrazados

Ya nunca será posible la reconciliación. Y quien la sostenga nos vende humo. La cosa no tiene vuelta atrás. Todos los niños mutilados, todas las niñas huérfanas darán en herencia a su prole el odio y la rabia. Y el amor, el remedio de todo, el único amparo que es digno de llamarse así, está desajustado y roto en ese territorio para siempre. El mestizaje, la única solución posible: “Cuando mis nietos tengan la sangre de mis enemigos en sus venas se arreglará todo, mi alma descansará”. Entonces, irremediablemente y como un riguroso y preciso resorte, aprenderemos a ser enemigos de otra sangre… Es un bucle canalla del que es imposible zafarse.

¿Y quién dará alivio al dolor de una madre que sostiene en sus brazos a su criatura desangrada?, el peso leve del amor de su vida. El cuerpo de un niño de apenas siete años asesinado por un militar judío, adulto, en plenas facultades de lo que hace, con órdenes estrictas de lo que debe matar, y asesinar con la firme convicción de hacerlo. ¿Cómo se alivia ese dolor, ese tormento ya para el resto de su vida? ¿qué hay que hacer para aliviarlo? Maldigo el Dios nacido del odio y de la envidia del ser humano, maldigo las religiones, maldigo a esos políticos y militares que han llegado a esto. Pero el alivio de esa mujer, de esa madre, no la olvidemos, ya no puede proporcionarse. Queda rota de por vida. Muerta en vida. Mejor morir que recordar cada día el leve peso de su criatura muerta en sus propios brazos. Es un recuerdo que se te queda en cada músculo. No se puede desunir ese recuerdo del dolor físico. Los brazos de esas madres recuerdan el peso exacto de su criatura muerta, para siempre.

Testigos del terror. Una madre palestina habla sola en un pasillo estrecho y miserable. Espejos rotos por todo el espacio: un trozo colgado aún de la pared, otro pedazo desmoronado por el suelo… Se va manchando la cara con la mezcla de agua y ceniza que va amasando con sus propias manos en un capazo que tiene delante de sus rodillas. La mezcla le va poniendo blanco su rostro, blanco como la cal.

MADRE PALESTINA: A mitad del camino de la vida, en una selva oscura me encontraba, ciega. Salvaje selva, áspera y fuerte, que me devuelve el terror al pensamiento. Amargo como la muerte fue mi paso por esa senda de infierno y horror. Nadie acudió a nosotras para salvarnos. Estaba como dormida, sumida en un sueño irreal, en una profunda pesadilla. Era un valle donde el corazón aterrado se paraliza. Porque era de noche y no amanecía, una noche eterna que está escondida y llena de maldad. Con tanta angustia y aliento anhelante vi a las mujeres que allí aparecían. Traspasaban la vida, aquí en la muerte. Entonces, vi a una niña sola y perdida que sin su madre miraba como una loca la aguja del agua roja y podrida. Se puso delante mía y no me dejaba paso. Quería algo, pero su voz no le salía de su pequeño cuerpo, no vibraban sus cuerdas vocales. Abría su boca a punto de desencajarse, desfigurada no salía ningún sonido de ella. Quise dar la vuelta y no pude. Entonces comenzaba un nuevo día, y el sol se alzaba al par de las estrellas, que junto a él, el gran amor divino.

Para unos segundos su relato. Se da golpes por toda la cara con sus manos.

Me pareció que contra mí venía un león de piel manchada, con la cabeza erguida y hambre fiera, y hasta temerle parecía el aire. Y una loba de desgracias preñada puso su hocico en mi lengua hasta rasparla con la suya. Tantos pesares ésta me produjo, con el pavor de verla me causaba, que perdí la esperanza de salir de allí. Tal la bestia sin tregua me olfateaba, viniendo hacia mí muy lentamente me empujaba hacia allí donde el sol calla. Mientras que yo bajaba por la cuesta, se me mostró delante de los ojos alguien que en su silencio creí mudo. ¡¡Apiádate de mí!! Sombra u hombre vivo, seas quien seas, yo le grité. Hombre no soy, dijo él, hijo no he nacido, de vientre no broto. Del infierno soy el dueño y del horror la cabeza. Entonces, se reclinó sobre mis piernas y puso su cara en mis blancas rodillas heridas de tanto arrastrarme. Mala bestia, otra más, se hizo dueña de mi voluntad y supo poner el cielo a la altura de un horizonte vago y oscuro. ¡Qué no me dejaba respirar profundo ni una sola vez! Alterada así estaba, con honda ansiedad supe que allí las unas morían, y las otras desaparecen en un amasijo de pulsos y venas. Gaza, Rafah, Palestina. Pues esta bestia, que gritar te hace, no deja a nadie andar por su camino, mas tanto se lo impide que las mata. Y es su instinto tan cruel y perverso que nunca sacia su ansia codiciosa, y después de comer más hambre aún tiene. Ésta arrojará a pueblos enteros al abismo y pronto os olvidaréis de su pasión y enfermedad y por ello, por vuestro olvido nada inocente, daréis paso a otros engendros, seres aún más enfermos, que piden rabiosos y codiciosos. Que exigen la leche tibia y la sangre caliente como su alimento.

La madre palestina calla, mira a una pared del apestoso pasillo, aterrada se ve reflejada en un fragmento de espejo. Cierra los ojos con mucha fuerza. Suena el viento y un reloj. Se queda dormida, abatida de tanta ansia.

“Y de lo que no se puede hablar, mejor guardar silencio.

Gaza_1

Su cabecita cae para atrás, su cuellecito tronchado.