Gitanos y cambio climático, un nuevo desafío

by Ramón Flores

CREDIT.Society of Environmental Journalists

*Imagen de  Society of Environmental   Journalists

A día de hoy sabemos bien que las políticas de adaptación al cambio climático, como el 99% de otras iniciativas en cualquier otra área, están construidas sobre los pilares del discurso occidental y de quienes ostentan el poder y la riqueza.

Empezar a comprender como funcionan estos pilares debería tener implicaciones sobre cómo están siendo y serán las respuestas socialmente justas con respecto a la crisis climática.

Pero esta visión occidental que impone el imperio del dinero despoja de humanidad y de cultura a todo lo que conllevan los cambios sustanciales que son necesarios para no seguir enfermando al planeta.

Porque cuando hablamos de cambio climático, no estamos hablando únicamente de emisiones de CO2 de las chimeneas de las industrias, o de las boinas de contaminación que rodean a las grandes ciudades. El cambio climático va más mucho allá y afecta a millones de personas en el mundo y que son los principales sacrificados en las explotaciones agrícolas, en las extracciones de combustibles fósiles o en la canalización de agua potable para su consumo.

No olvidemos que uno de los cimientos sobre los que se sustenta el racismo es la deshumanización de las personas, esos que no forman parte del “nosotros”, aquellos que merece la pena sacrificar por un bien común mayor, tal y como ha expuesto en varias ocasiones la periodista y activista canadiense Naomi Klein.

Las actuales políticas para mitigar el cambio climático no contemplan lo que una parte de la humanidad ha destruido impunemente en territorios explotados a través de la colonización, justificando la “necesidad” de esas acciones para que no pesen sobre sus conciencias el maltrato y la extinción de poblaciones enteras y de una parte de la “otra” humanidad por ese bien común. Estas políticas son armas de doble filo, por un lado, alertan del peligro que corren algunos grupos vulnerables y al mismo tiempo, refuerza la imagen de que son potencialmente peligrosos, como los poblados “rebeldes” de África o los asentamientos chabolistas de Europa del este (y la occidental también), donde las comunidades gitanas protagonizan, de nuevo, el mayor drama en esta Europa tan desarrollada y a la vez tan caótica.

Durante los últimos años hemos sido testigos del despliegue por toda Europa de diferentes programas de adaptación, en el siglo XX, o de integración en el siglo XXI que han perseguido que las comunidades romaníes se adapten primero (porque estaban inadaptadas) o se integren después (porque estaban desintegradas). El proceso de urbanización de poblaciones rurales o de asentamientos chabolistas romaníes ha tenido prácticamente siempre un mal resultado social. Lamentablemente, muchos de esos procesos no han partido de la necesidad de mejora de la vida de las personas gitanas, sino más bien, aprovechar el espacio donde vivían, despojarlos de él, construir y hacer girar la rueda de la economía. En otros casos, simplemente porque interesaba que los gitanos estuvieran lejos de los centros de las ciudades.

No hace falta irse al cuerno de África o al sudeste asiático. Podemos ir a Triana, en Sevilla.

Ese trozo de tierra al otro lado del río Guadalquivir que no era más que un cenagal que conectaba la ciudad con unos pocos huertos y corrales de vecinos, fue, durante tres siglos, hasta mediados del XX donde estaban asentados un gran número de los gitanos de Sevilla. Sin embargo, entre la década de los 50 y 60, se llevó a cabo una expulsión de todas esas familias, pues llegaba la piqueta y la especulación urbanística, produciéndose un realojo forzoso a zonas como el Polígono San Pablo o el Polígono Sur, lejos de las acometidas de agua, luz y red de alcantarillado.

Meses después, se empezó a construir una nueva Triana, aprovechando el “duende y el arte” dejado por los gitanos expulsados, para construir un barrio con solera y embrujo, donde hoy, en los años 20 del siglo XXI, un estudio de 40m² sin ascensor cuesta 200.000 euros. El estado del Polígono San Pablo o el polígono Sur… ya saben cómo es.

Ocurre algo parecido con la inmigración. El inmigrante como amenaza, porque es impredecible y no se acaba de integrar, ese que se ha sacrificado para un bien común pero que a la vez victimizamos por los efectos del cambio climático que nadie ha creado ni se hace responsable, pero que está ahí.

La jugada es la misma con las comunidades gitanas; están siempre en las periferias porque las administraciones han querido y los han forzado a ello (ya no vale eso de “es que no se quieren integrar”) y al mismo tiempo, se crean estrategias nacionales de inclusión sin deshacer previamente el pecado primigenio de apartarlos del dinamismo de las ciudades.

Sin embargo, en el G-20 y en la Cumbre Climática celebrada a finales de octubre, se sigue hablando de lo mismo. Tenemos que reducir las emisiones de CO2, los países más desarrollados tienen que hacer esfuerzos más grandes y ayudar a los países en desarrollo y bla bla bla… Dos décadas hablando de lo mismo, sin resultados.

Porque estas políticas están basadas en una preocupación geo-política para seguir construyendo “desarrollo y bienestar social”, ese mismo que nos ha conducido hasta aquí desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Preservar el poder del capitalismo mundial, para poder seguir controlando el desarrollo de los países más pobres. Cambiar algunas cosas para que nada cambie.

El debate público actual es demasiado simplista, apolítico y técnico, centrado en la búsqueda de soluciones verdes que quedan genial en los discursos públicos, pero con los que se siguen violando los derechos humanos de millones de personas en el planeta. Aquí mismo, en nuestra querida Europa, miles de personas en las comunidades romaníes en Europa del Este siguen sin acceso al agua potable, a cambio de que los países de la ex – Yugoslavia se pongan firmes y acaten las reglas del juego para su futura (e incierta) integración a la Unión, al mismo precio que ya pagaron Bulgaria y Rumanía.

Escondan a sus pobres, construyan edificios con los materiales que nosotros les vendemos e intégrense, que quizá, algún día, puedan formar parte de nuestro selecto club”.

El racismo estructural que enfrentan las personas romaníes durante siglos, ha llevado a muchas comunidades a vivir en lugares muy vulnerables a las desastrosas consecuencias de la crisis climática, por ejemplo, inundaciones, deslizamientos de tierra y falta de acceso a servicios básicos. El legado de segregación y falta de inversión en infraestructura significa que muchas comunidades gitanas son desproporcionadamente vulnerables a los impactos cada vez más severos de eventos climáticos extremos, como las fuertes lluvias y las altas temperaturas.

Las desigualdades profundamente arraigadas significan que las personas gitanas se encuentran entre las que menos han contribuido a la crisis climática y, al mismo tiempo, tienen más probabilidades de sufrir sus numerosos efectos nocivos.

Debemos ya empezar a ser conscientes de que existe el racismo climático. La Universidad de Carolina del Norte-Chapel Hill presentó en junio de 2021 un estudio donde se demostraba que las diferencias en cómo afecta los impactos de las altas temperaturas en Estados Unidos no se explican por la pobreza sino por el racismo histórico y la segregación.

Las personas de color (todos aquellos que no se identifican como blancos) viven en áreas con menos espacios verdes y más edificios y vías de transporte, lo que exacerba el efecto del aumento en las temperaturas y del cambio climático. La exposición al calor no solo conduce a un aumento de la mortalidad, sino que también está relacionada con una variedad de impactos que incluyen insolación, golpes de calor, pérdida de productividad en el trabajo y problemas de aprendizaje.

La situación es perfectamente extrapolable a Europa y a las comunidades gitanas y si se siguen tomando decisiones para estos núcleos poblacionales sin el aporte y la visión de la sociedad civil gitana, que es la afectada, dichas políticas y futuras iniciativas volverán a fracasar como aquellas del realojo forzoso, con nefastos resultados.

Esperamos que, aunque el marco actual del trabajo en el cambio climático tiene la limitación de carecer de una representación diversa, donde las comunidades gitanas afectadas no tienen voz, todavía hay espacio y tiempo para involucrar nuevas perspectivas en la formulación de políticas para hacer las próximas rondas de objetivos de una manera más interseccional, donde el movimiento contra el racismo climático crezca y que dicho desarrollo pueda eliminar la brecha en los movimientos verdes globales y antirracistas para minimizar la crisis climática de una manera mucho más inclusiva y efectiva, abierta a diferentes voces y a la diversidad de visiones, entre ellas, la gitana.

 

 

 

 

 

Historia de un aspierante gitano a profesor

by Daniel Campos

imatge article Dani Campos

Empezaremos esta historia en un 15 de octubre de 2017, el personaje principal: yo mismo, Daniel Campos, un gitano del barrio de Buen Pastor, Barcelona. Entonces el personaje tenía 26 años, estaba casado y tenía dos hijos y trabajaba como barrendero. Lo único que tenía en mente, respecto a mi futuro, era firmar un contrato indefinido en la empresa donde trabajaba, nada más y nada menos.

Pero de repente, aquel 15 de octubre me encuentro en la calle con un viejo amigo del instituto a quien hacía mucho que no veía, Juan. Un gitano del barrio, compañero mío en la secundaria que, como yo, después de la ESO se desvinculó de los estudios, se casó y formó una familia. Recuerdo que me acerqué a saludarlo y me llamó la atención la mochila que llevaba. Juan me dijo que la llevaba porque estaba cursando el grado de trabajador social en la Universidad de Barcelona y la necesitaba para el portátil y las libretas.

Me impactó mucho, pero lo que más me sorprendió fueron sus últimas palabras: “Dani, tú también puedes, tienes la capacidad de lograr cualquier grado”. Recuerdo que aquellas palabras llegaron al fondo de mi corazón. Aquel amigo confiaba en mí más que todos los maestros que nunca he conocido y que todo el sistema educativo junto. Su mensaje positivo, convincente y esperanzador caló dentro de mí.

Antecedentes: De entrada, os hablaré un poquito de mi familia y mi entorno. Ninguno de mis familiares había llegado a graduarse en la ESO, ni habían logrado ninguna formación académica o profesional. El paso por la escuela de mis amigos tampoco tuvo un signo diferente al de mi familia, y la mayoría de ellos se dedican a la venta ambulante. Crecí sin ningún referente en el ámbito académico.

Mi paso por la primaria lo recuerdo con mucha alegría y nostalgia, lleno de recuerdos positivos y bonitos, rodeado de amigos y profesores entrañables. Sin embargo, en cuanto a la secundaria, mi recuerdo no es tan alegre, puesto que el centro nos ofrecía un nivel educativo muy bajo, el profesorado no esperaba gran cosa de la mayoría del alumnado y la motivación de los alumnos respecto a los estudios era más bien baja. La combinación resultaba en un cóctel perfecto para conseguir el fracaso escolar y el abandono prematuro de mis compañeros y mío. Aun así, aprobé la ESO.

Acabada la secundaría, me decido a cursar un Ciclo Formativo de electromecánica. Pero, como era de esperar, no tenía el nivel necesario para seguir el ritmo del curso. Mi graduado era equivalente al nivel de primero de la ESO de aquel centro. No tardé a decidir dejar el ciclo y ponerme a trabajar. Aquí acabó mi formación académica con tan solo 17 años.

Volvemos al 15 de octubre de 2017: Aquella conversación con mi amigo me impactó, a los pocos días me llevó al Plan Integral del Pueblo Gitano, donde él y otros gitanos y gitanas se preparaban para presentarse a la prueba de acceso a la universidad para mayores de 25 años.

Aquella misma semana ya era uno más de aquel grupo de estudiantes. Qué pasada, una clase donde todos los alumnos eran gitanos y gitanas que soñaban con cursar un grado universitario, y lo mejor de todo, yo era uno de ellos. Un año antes había nacido la primera red gitana universitaria, CampusRrom, y estaba allí para apoyarnos en todo. Me impactó que gran parte del profesorado eran gitanos y gitanas.

¡Quién lo habría pensado nunca, hacer comentario de texto con un profesor gitano! Recuerdo que el primer día de clase tocaba castellano, el profesor empezó a explicar el temario, oraciones subordinadas, perífrasis verbales… y yo, inocente, levanté la mano y dije: ¿Fernando, qué es una oración? Él, con una sonrisa en la cara me respondió; lo que haces para dirigirte a Dios… Reímos todos juntos. Y precisamente en aquel momento me di cuenta que estaba en el lugar idóneo para aprender.

Después de cinco meses, me examiné en las pruebas de acceso a la universidad y las aprobé con muy buena nota. No me lo podía creer, ¡fui capaz de superar una «selectividad»! Quién lo diría, Daniel, el gitano que en cuarto de la ESO hacía sumas y restas, tenía todo este potencial dentro. Unos meses más tarde tuve que superar otra prueba específica destinada a aquellos que quieren graduarse como profesores, las temibles PAP, las Pruebas de aptitud personal. Y por fin, aquel mismo septiembre, me matriculé en primero de educación primaria.

10 de octubre de 2021. Ya estoy en el segundo curso del grado de magisterio, y si soy capaz de continuar en la misma línea, dentro de dos años volveré a la escuela, pero ya será como profesor.

Sin embargo, me gustaría aclarar que durante este tiempo he tenido, y de hecho todavía tengo, mis dificultades, mis dudas y algún que otro fantasma que me visita en forma de desmotivación. No quiero engañar a nadie. No es fácil cursar un grado universitario siendo gitano, padre de familia numerosa y trabajar por la mañana a jornada completa. Pero, gracias a las personas que me rodean sigo todavía en este camino. Primeramente, por mi familia, ellos siempre me han animado a no abandonar. También, gracias a CampusRrom, nuestra red que nos ofrece todo el apoyo que necesitamos para conseguir nuestro sueño, y por último, el motor que realmente me impulsa a cursar el grado, la motivación para derribar las barreras que se levantan frente a nuestro Pueblo.

El propósito real de esta lucha educativa es allanar el camino a los gitanos y gitanas que vienen por detrás. Nosotros tenemos la obligación de ser sus referentes. Tenemos que luchar para que nuestro pueblo disfrute de una buena educación, sea cual sea su entorno, para formar ciudadanos competentes y libres. Y esta lucha pasa ahora mismo, entre otras cosas, porque nuestra generación sea capaz de conquistar la universidad. Y para que esto sea posible tenemos que confiar en nosotros mismos y transmitir esa confianza a los gitanos y gitanas que están cerca nuestro, hacer que sueñen en cosas que antes no podían soñar, como hizo conmigo mi gran amigo Juan.

Tiempos interesantes

by Ramón Flores

Dicen que las maldiciones gitanas están todas relacionadas con el mal fario, aunque creo que, como decía el escritor Manuel Diaz Martín, se deben al infortunio que han tenido los gitanos en sus relaciones con los demás miembros de la sociedad, cuando se han visto desamparados por ella.
El periodista Joaquín López Bustamante hablaba muy claro cuando afirmaba que “hay dos clases, las maldiciones que se dirigen a una persona o a un grupo (arman), y la que uno se dirige a sí mismo, el juramento ritual (solai), que me muera yo…”.

Y estos tipos de juramentos siguen muy vivos en las comunidades gitanas del mundo.

Incluso ya las encontrábamos en el siglo XVI a través del dramaturgo portugués Gil Vicente “mándote yo rabiar, que has de andar arrastrada mientras la vida durara.”

Pero ¿y qué me dicen de las maldiciones chinas? No son tan famosas como las gitanas, pero no podemos negar que tienen un arraigo filosófico, social y cultural bastante interesante.

Una de las más peculiares maldiciones chinas es “Ojalá vivas tiempos interesantes”.
Es (o era) una forma de echarle un mal de ojo a alguien merecedor de ello.
Una versión extendida y mejorada es la que dice “Ojalá vivas tiempos interesantes y no te des cuenta de ello hasta que hayan terminado”.

Sería la versión china del doblamiento de la maldición gitana “mal fin tengas, que tengas” o “a Mahón te lleven, que te lleven”.

Me gustaría centrarme en esta ocasión en la maldición china. “Ojalá vivas tiempos interesantes”. Y es que tiene su aquel. Se da por hecho que los tiempos interesantes de la historia son esos que vienen con más dramas, sufrimiento o grandes cambios que generan problemas en un determinado periodo de tiempo. Vivir tiempos interesantes según la creencia china es romper la paz interna y externa de las sociedades a través de sus interacciones. Según esta premisa, más valdría pasar por la vida casi desapercibido y de una forma más sosegada para evitar sobresaltos.

Pero me temo que estamos inmersos en unos tiempos extremadamente interesantes. Crisis en los cimientos democráticos del mundo, crisis económicas, pandemias, hambrunas, racismo, xenofobia, violencia…

Demasiados cambios y demasiado bruscos en poco tiempo. Movimientos de extrema derecha que traen consigo racismo y xenofobia han conseguido normalizarse en el espectro de las democracias mundiales. Gentes y corporaciones que acumulan riqueza y prosperidad a costa de que otros cada vez se empobrezcan más, se arrinconen más y se aíslen más.

Quizá uno de los mayores inconvenientes que nos podemos encontrar para saber a ciencia cierta si estamos viviendo tiempos interesantes son las referencias, las señales. Las guerras mundiales fueron señales bastante claras. La caída del muro de Berlín o la caída de las torres gemelas fueron también referencias de que algo grande estaba pasando en el mundo.

Pero ¿y ahora? Pareciera que las referencias son difusas a simple vista. Quizá sea porque hemos entrado en un juego muy peligroso.  Hemos aceptado tácitamente que las reglas del juego en la democracia cambien. Han cambiado en nuestras narices y nosotros hemos sido cómplices.
Las sociedades democráticas han aceptado sin rechistar que el fascismo venga disfrazado de neoliberalismo y de fake news.

Y hemos entrado de lleno en el juego y nos hemos alineado justo donde los radicales querían.

Advertía el periodista Miquel Ramos que hemos permitido la institucionalización del odio.
Con toda naturalidad, hemos aceptado que el que habla de los ovnis, de repente te habla del Coronavirus o de política. Hemos aceptado con naturalidad que racistas, homófobos y machistas se sienten a las mesas de debate con demócratas y defensores de los derechos humanos para que “intercambien opiniones”, aceptando sin tapujos que el racismo, el fascismo o el machismo son opiniones que deben ser escuchadas, y que, si no estamos de acuerdo, las rebatamos, poniéndolos al mismo nivel. Como si ambas posturas fueran debatibles y defendibles. Como si el odio fuera debatible.

Y empezamos así, dándole normalidad a pequeños hechos, y seguimos cerrando universidades y organizaciones en Hungría, llamamos “ilegítimo” con toda naturalidad a un gobierno elegido en las urnas, negando las vacunas y acabamos asaltando el Capitolio de Estados Unidos. Todo eso mientras hacemos memes graciosísimos en las redes sociales.

Todos somos cómplices. Hemos aceptado que tiene que haber verdugos y víctimas. Pero es que, además, en la revolución cuqui del activismo actual, estamos ocupados en otros menesteres. Estamos muy ocupados cuestionando el posicionamiento y etiquetamiento de nosotros mismos. Barack Obama decía que la democracia exige que seamos capaces de navegar a través de la realidad de las personas que son diferentes a nosotros para que podamos entender sus puntos de vista. Pero que no lo podemos hacer si insistimos en que los que no son como nosotros ni dicen lo mismo que nosotros, están incapacitados para hablar de democracia.

Pero no, parece que no lo hemos entendido. Obama dice que hablemos entre demócratas que tenemos visiones distintas pero un mismo objetivo, no que sentemos fascistas a la mesa. Y de mientras, el activismo repartiendo carnets de buen o mal activista.

Porque oigan, no se equivoquen. Los antifascistas no necesitamos estar diciendo que somos antifascistas todo el rato. Eso va incluido en el paquete democrático. Si no eres antifascista, no eres demócrata.

Pero no sirve de nada, los movimientos más naifs del activismo actual, siguen empeñados en imponer etiquetas para que la gente tenga la obligación de elegir una identidad. Caemos en la trampa de la diversidad, como bien nos advertía Daniel Bernabé hace ya unos años.

Pero, sobre todo, deberíamos ser conscientes de que los tiempos interesantes son tiempos de negocios, de charlatanes y de falsos mártires. A ver quién da el mejor zasca, a ver quién se pone la etiqueta más grande para ganar el premio al activista del año, y a ver quien chilla más.

Yo me temo que desgraciadamente, estamos viviendo unos tiempos interesantes no, unos tiempos interesantísimos. Y lo malo es que no nos estamos dando cuenta y quizá cuando espabilemos, sea un poco tarde y el mundo haya cambiado para siempre.

Es momento de analizar críticamente todos los caminos que el activismo gitano está consiguiendo abrir, como por ejemplo la subcomisión aprobada por el Parlamento español para crear un Pacto de Estado contra el Antigitanismo, la inclusión de  una comisión específica dentro de la Ley de Memoria Histórica para la memoria y reconciliación con el Pueblo Gitano, o la futura Ley para erradicar el Antigitanismo que prepara el gobierno catalán. Y debemos de ser capaces que esos caminos que estamos construyendo no queden embarrados en discusiones ajenas a los intereses de todos los gitanos y gitanas, y que dejemos las medallas para cuando acabe la carrera. Y aunque la unidad no deja de ser una entelequia inalcanzable para cualquier movimiento social, sí que debemos lograr consensos amplios, sino veremos pasar el tiempo desde el ostracismo al que fuimos condenados como gitanos.

El muro del dolor

by Seo Cizmich

El muro del dolor

El 2 de agosto de este año pude asistir como invitado a los actos de Conmemoración del Día Internacional en Recuerdo de las Víctimas Romaníes del Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial, pero en esta ocasión no fue en Auschwitz, sino en el pueblo de Uštica, apenas a unos minutos de uno de los lugares más horribles e inimaginables para el sufrimiento de nuestro pueblo, me refiero al campo de concentración y exterminio de JASENOVAC.

El evento fue organizado por la Asociación “KALI SARA” de Zagreb, en colaboración con el diputado romaní de Croacia Vejko Kajtasi.

A la ceremonia de conmemoración asistieron los más altos funcionarios estatales, además de representantes romaníes de diez países europeos y de la región. Hubo representación  del cuerpo diplomático de Croacia, de la Alianza Antifascista y de las administraciones locales y regionales. También asistieron las comunidades religiosas entre las muchas otras que rindieron homenaje a las víctimas depositando ofrendas florales junto a la placa conmemorativa en el Cementerio Romaní.

Después de la ofrenda floral, Vejko Kajtazi, en nombre de la organización, acompañó a los invitados a un recorrido por el Centro Conmemorativo Romaní y por el Muro del Dolor.

En este mismo lugar el pasado año, a iniciativa del propio Kajtazi se inauguró oficialmente el “Centro de Memoria Romà Uštica”, en cooperación con el Gobierno de la República de Croacia y la ciudad de Zagreb.

¿Por qué en Uštica?

“El Centro de Memoria Romà Uštica” se encuentra en las inmediaciones del más grande y único cementerio romaní de toda Europa, donde se estima que 17.000 personas romaníes  fueron deportadas, torturadas y asesinadas durante la Segunda Guerra Mundial.

Hasta ahora, han sido encontradas 21 fosas comunes con los cuerpos asesinados de las miles de víctimas.

Es importante recordar que el campo de exterminio de Jasenovac fue establecido por el régimen Ustaša y no dependía de la Alemania nazi, lo cual no fue un impedimento para conseguir el reconocimiento como el de mayor tamaño en proporción pero también el más sangriento y violento.

El diputado romaní Veljko Kajtazi es conocido por su magnífica labor en la recuperación y reparación de la memoria y dignidad de las víctimas gitanas del Holocausto. Entre las que podemos destacar la iniciativa que ha liderado desde  2011 para la reconstrucción del cementerio de las víctimas  gitanas en Uštica que se encontraba completamente abandonado y sin apenas ningún mantenimiento.

A día de hoy está restaurado  en su totalidad y en uno de sus tres mástiles ondea la bandera gitana, junto a la croata y a la de la unión europea.

El siguiente paso a la finalización del cementerio de las víctimas -antigua fosa común- ha sido la construcción de “El Muro del Dolor”, un conjunto de losas de granito que contienen las inscripciones de los nombres de las miles de víctimas romaníes asesinadas en Uštica.

Hasta ahora se pudieron recuperar casi 17.000 de estos archivos.

Conocer los testimonios y el horror de lo que allí aconteció a nuestra gente me desgarró el alma, apenas podía contener las lágrimas, ni tan siquiera mantener el ritmo de la respiración. Me parecía irreal, era incapaz de imaginar las escenas que se describían…entonces pensé en ella, la imagen de mi abuela Sarajka, su presencia estuvo presente y me acompañó durante toda la jornada, inundaba mi mente, la veía en cada rincón, cobijada a la sombra del árbol más frondoso, sentada junto a mi…

Ella logró sobrevivir a la barbarie, al horror, a la masacre. ¡Cuánto dolor sufrido que jamás se atrevió a contar! ¡Cuánta tragedia tuvo que presenciar a su temprana edad!

¡Qué injusta ha sido la historia con nuestro pueblo, con nuestras familias, con nuestro futuro!

¡Cuántas almas no nacidas nos han sido arrebatadas, robadas, negadas!

El muro del dolor ii

70 años de silencio

Como dijo Vejko Kajtasi: “El Pueblo Romaní ha permanecido en silencio durante más de 70 años para contar públicamente la historia del sufrimiento, de familiares, mujeres, niños y ancianos asesinados, que no recibieron disparos aquí en Uštica, sino que fueron golpeados hasta la muerte con un martillo.

Esto es lo menos que podemos hacer por ellos y sus familiares, junto a las generaciones más jóvenes para concienciarlos sobre lo que nunca debe volver a ocurrir, ya no solo a los romaníes sino a ningún otro grupo, colectivo o comunidad”

En los días previos, del 13 al 21 de julio, la Asociación Gitana «KALI SARA» organizó la Primera Escuela de Verano para jóvenes “Enfrentando el Pasado”.

Durante estos últimos diez años, centenares de jóvenes de toda Europa hemos tenido la posibilidad de participar en diferentes encuentros y ceremonias de conmemoración por las víctimas Romà y Sinti del holocausto, pero debemos tener en consideración que estos diez años también coinciden con el momento en el que muchas de las víctimas que sobrevivieron a la barbarie  pudieron comenzar a verbalizar y dar testimonio de su experiencia.

Ese intercambio intergeneracional del que hemos sido testigos significa mucho más de lo que mentalmente podamos imaginar, el haber podido coincidir en el “espacio – tiempo” con estas magnificas y extraordinarias personas, representa un legado, una misión, una actitud frente a la vida.

Nos obliga a replantearnos esquemas mentales y dogmas asimilados, a convertirnos en defensores de la justicia social, en portadores de luz y memoria, pero sobre todo en desarrollar la capacidad de poder transformar todos esos sentimientos de dolor y rabia que podamos sentir al descubrir estos episodios tan oscuros y trágicos de nuestra historia para poder convertirlos en esa fuerza motriz que nos impulse a vencer las barreras y muros de hormigón que la historia del antigitanismo fueron levantando a nuestro alrededor.

La noche de los grilletes

by David Cortés Cortés

Dibujo_LaNocheDeLosGrilletes_DanielDiaz_2*Dibujo de Daniel Diaz Heredia

 

Culpables de genocidio: Gaspar José Vázquez Tablada, Gobernador del Consejo de Castilla y obispo de Oviedo; Marqués de la Ensenada, “secretario de todo”; y Fernando VI, Rey de España.

Luego que se concluya la reducción de la caballería se dispondrá la extinción de los gitanos. Para ello es menester saber los pueblos en que están y en qué número. La prisión ha de ser en un mismo día y a una misma hora”. Real Orden para la prisión de gitanos y gitanas, 1749, Fernando VI.

A las doce de la noche del 30 de julio de 1749, la libertad de más de doce mil gitanas y gitanos en España fue violentada, los grilletes rodearon sus cuellos, sus muñecas, sus pies y caminaron hacia su  estardó.

Fue el primer intento de genocidio en la Europa Moderna y debe formar parte de la memoria histórica de nuestro país y de la humanidad entera. Debe ser reconocido, tanto por el mundo académico como por el Estado, y debe reconocerse y ponerse en marcha una hoja de ruta para la dignificación de las víctimas equiparable a las de otros genocidios y crímenes de lesa humanidad perpetrados en la modernidad.

¿Se imaginan un monumento a Adolf Hitler en un edificio oficial del Estado alemán? ¿Entonces porque razón se permite que en la Calle de la Vara del Rey, número 1, en el Palacio del Gobierno de La Rioja exista un busto del Marqués de la Ensenada? Debajo de este busto, se encuentra el Km 0 del Antigitanismo institucional en el Estado Español.

El Antigitanismo no es una cosa del pasado, sigue perviviendo en la estructura de la sociedad en forma de segregación geográfica, segregación escolar, pobreza, exclusión, marginación, prejuicios, desconfianzas, violencia policial, discursos de odio, … Y todo forma parte del mismo hilo conductor que llevó a los reyes católicos a firmar la primera pragmática antigitana en 1499 o a Fernando VI a intentar eliminar a los gitanos y gitanas de este país en 1749. Es el mismo odio.

Miguel Ángel Fernández, Pedro Antonio Calahorra Hernández, Daniel Jiménez, Eleazar García, Stanislav Tomás. Puede que a muchos no les suenen sus nombres. Son supuestas víctimas de la violencia de las personas que se suponen que están para garantizar nuestra seguridad. Los medios no se hacen nunca eco de sus nombres, y los que lo han hecho ha sido para trivializar, banalizar o justificar sus muertes. Dejémonos de eufemismos y llamemos a las cosas por su nombre, por derecho y honor a la verdad.

Manuel, delante de su hijo, habas manchadas de sangre .Su asesino fue alabado en las redes sociales y excusado en los medios de comunicación. Hoy se encuentra en libertad tras el pago de una fianza de 5.000€. Recordemos que el precio de una fianza debe servir para responder económicamente de manera subsidiaria por el agravio del que a uno se le acusa. En otras palabras, el precio de la vida de Manuel ha sido fijado por un juez en 5.000€. Felipe IV, 8 de marzo de 1633: 200 reales por gitano cazado y 50 reales por gitana cazada. Antigitanismo del pasado y antigitanismo del presente.

La justicia se alcanza con Justicia, con Leyes Contra el Antigitanismo, con Reconocimiento, con Reparación, con Acción.

El Baró Estardipen, además de ser un plan de extermino biológico y epistemológico, también generaría un legado de pensamiento violento anti-democrático, un legado que sigue vigente en nuestros días y que debe ser abordado por los poderes públicos.

El Antigitanismo se convierte en la auténtica prueba de fuego de una democracia. Si las instituciones de las que emanó ese odio hacia nosotros siguen existiendo, hay que exigirles responsabilidades. Los bienes confiscados durante el Baró Estadipen, el sudor en los arsenales, las lágrimas en las galeras, las vidas pérdidas en un proyecto de exterminio que además nos utilizó como mano de obra esclava para construir este Estado siguen esperando justicia, reconocimiento y reparación.

Un 30 de julio de hace 272 años, 10 generaciones atrás, 5.000 soldados del ejército entraron a caballo invistiendo las casas de los nuestros, destruyendo a golpes y alaridos los pórticos de sus casas, destruyendo su paz.  Esa noche sin estrellas, donde capturarían a más de 9.000 gitanos y gitanos,  separaron a los hijos de sus madres, a los hombres de las mujeres, encadenaron a nuestros niños y niñas, a nuestras mujeres, a nuestros hombres, a nuestras ancianas, a nuestros ancianos. Todos notaron el peso de las cadenas y los grilletes. Entre las órdenes firmadas por Fernando VI estaba acabar con la vida de todos los que intentasen huir. Su calvario fue más rápido. Otros debieron esperar a morir por enfermedad o por esclavitud. Pocos fueron los que llegaron vivos a ver la libertad decretada dieciséis años más tarde.

Sin contar con la ayuda de la Iglesia Católica, este genocidio no hubiera tenido el macabro éxito que consiguió. Todo plan de exterminio tiene una estrategia. Este genocidio no hubiera sido posible sin la represión y el control previo del Estado mediante leyes Antigitanas, la disposición total del Gobierno del Estado y su ejército y la colaboración necesaria de la iglesia católica -el Papa Benedicto XIV excluyó a los gitanos y gitanas la posibilidad de acogerse a sagrado.

Este genocidio premeditado en secreto por todos los estamentos de poder del Estado se acabó de gestar durante los meses de junio y julio de 1749 desde la Secretaría de Guerra y las capitanías Generales. Se privó de libertad entre 9.000 y 12.000 gitanos y gitanas. Los separaron por sexos para así hacer así posible la extinción biológica del Pueblo Romaní, del Pueblo Kalé.

Los hombres y niños a partir de 7 años serían enviados a trabajos forzados a los arsenales de Cádiz, Ferrol y Cartagena y las minas de mercurio de Almadén, donde la mortalidad era muy elevada.

A las mujeres, niñas, ancianas y menores de siete años se les encerrarían en casas de misericordia, fábricas y cárceles ubicadas en el Castillo de Santa Pola de Alicante, las Alcazabas de Almería, Málaga y Zaragoza, donde serían sometidas a  trabajos de esclavitud y muerte del ser, bajo el lema de la restitución cultural del saber, el ser y el poder Romaní.

A nuestros ancianos los condenarían a morir de sufrimiento, solos y de enfermedades que una vez aparecidas no se suministraban ningún tipo de medicamentos, ni de tratamientos. Condenados a vivir hasta la muerte en casas cuarteles y hospicios de cal de lamento y sufrimiento.

Desde ancianos y ancianas hasta niños y niñas, que a muchas y muchos no les daría ni tiempo aprender a caminar, murieron consecuencia del Baró Estardipen. Caminos de pétalos rojos del recuerdo por nuestras víctimas, heroínas y héroes de Nuestro Pueblo, de los que somos descendientes el Pueblo Kalé.

El Real Indulto de Carlos III, de 16 de junio de 1763, no se pondría en práctica hasta 1765, siendo el último Kalé liberado en 1783. Sin embargo, la liberación de nuestro pueblo estaría exenta de libertad, ya que para ser consideradas ciudadanas y ciudadanos al amparo de los derechos, deberían dejar en esas paredes de cal y sufrimiento su Rromanipen, su idioma, su memoria cultural, incluso el propio sustantivo ‘gitano’. Para ser libres debían dejar de ser ellos mismos, debían dejar de ser gitanos. Los gitanos nunca tuvieron derecho a la libertad. Primero Genocidio, luego Epistemicidio.

De la misma manera que nuestros ancestros, sometidos y sometidas al Baró Estardipen, enviaron cartas desde el lamento y el dolor para la liberación de su pueblo, hoy 30 de julio yo también escribo esta carta exigiendo a las instituciones públicas que pongan fin a lo que los Reyes Católicos inauguraron en 1499.

 

“Pupilas exacerbadas que escuchan con satisfacción
cadenas pesadas que se funden con los huesos.
Túnicas moradas que acarician mármoles,
que son sepulcros de almas sin alma.
Oro que rodean el pensamiento, rubíes en los pulgares,
muerte al golpe de un sello que destila semillas de odio,
de las que fluyen árboles del “bien común”
que establecen bosques de anti-biofilia
que dan oxígeno al Antigitanismo.
Trataron arrancarnos la sal de nuestro ser,
pero se olvidaron que somos los océanos infinitos.
Trataron de devorar nuestras semillas,
pero se olvidaron que nuestro latir del espíritu ilumina las estrellas del universo.
Trataron de hacer desvanecer nuestra mirada,
pero se olvidaron que la génesis de la vida reside en nuestra pupilas.
Mi alma es Kalé, mi alma es Romaní.”