El pueblo gitano y la génesis del concepto de genocidio: la lección de Rafael Lemkin
by Miguel Ángel Vargas
20 de noviembre de 1945: 80 aniversario del inicio de los Juicios de Núremberg
Una palabra que no existía
Imaginemos la escena: el 20 de noviembre de 1945 las pesadas puertas de madera del Palacio de Justicia de Núremberg se abrieron para iniciar el juicio más grande de la historia. Mientras los flashes de las cámaras iluminaban el estrado, un jurista polaco de origen judío, Rafael Lemkin, esperaba en la galería. Ese año había publicado Axis Rule in Occupied Europe, un libro que cambiaría el lenguaje del derecho internacional. En él describió un crimen que hasta entonces carecía de nombre: la destrucción sistemática de un pueblo. No solo con bombas y fusiles, sino también con leyes que prohibían la lengua, escuelas que borraban la historia, hospitales que practicaban la esterilización forzosa y cementerios que profanaban la memoria. A ese crimen lo llamó genocidio.
Para explicarlo no eligió un caso abstracto. Ilustró su idea con un pueblo perseguido durante siglos y que los nazis estaban exterminando por etapas: los gitanos, el pueblo romaní.
Los gitanos, ejemplo vivo del genocidio
Para Lemkin, genocidio no significaba únicamente asesinato masivo; era romper la continuidad de un pueblo. En los gitanos vio cómo el régimen nazi había creado una maquinaria de borrado: redadas, esterilizaciones sin anestesia, deportación a campos como Auschwitz, prohibición del romanó, separación forzosa de familias. En sus notas personales escribió que los gitanos eran “un pueblo sin Estado, sin ejército, sin defensas… y por eso el objetivo perfecto para un crimen que quería ser invisible”.
El historiador Ari Joskowicz recuerda en Rain of Ash que Lemkin utilizó la persecución de los romaníes como caso paradigmático para demostrar que el genocidio no era solo contra los judíos, sino contra cualquier grupo que el poder decidiera eliminar. Sin embargo, cuando llegó el momento de sentar a los criminales en el banquillo, algo falló.
La frase que quedó en el aire
El 8 de octubre de 1945, en la acusación inicial del Tribunal Militar Internacional, se leyó esta frase:
“Los acusados llevaron a cabo un genocidio deliberado y sistemático, es decir, la exterminación de grupos raciales y religiosos, mediante la destrucción de los judíos, polacos, gitanos y otros (discapacitados, eslavos, testigos de Jehová…).”
Fue la primera vez que la palabra genocidio aparecía en un documento judicial. Pero cuando se dictó la sentencia final, el término había desaparecido. Y con él, también la esperanza de que el trauma de los gitanos fuera reconocido. Ningún acusado fue condenado por genocidio. Ni por el exterminio del pueblo romaní. Lemkin, que había perdido a 49 miembros de su familia en el Holocausto, calificó ese día como “el más negro de mi vida”.
Una memoria que regresa
Durante décadas, el genocidio romaní fue una historia que muchos supervivientes sí contaron, pero que el poder judicial y la opinión pública prefirieron no escuchar. Desde los años sesenta, asociaciones romaníes presentaron demandas civiles, escribieron memorias y denunciaron ante tribunales alemanes y de otros países ex-colaboradores del régimen nazi; sin embargo, las respuestas fueron dilaciones o reconocimientos parciales. No fue hasta 1980-81 que la República Federal de Alemania admitió que los gitanos habían sido víctimas del odio racial nazi, y es sólo que el 17 de marzo de 2022 el Bundestag reconoció oficialmente el Porrajmos —la “devoración” en romanó— como genocidio, cerrando un ciclo de silencio de más de setenta años.
Hoy, a 80 años del inicio de los Juicios de Núremberg, esa memoria regresa con una lección que Lemkin ya intuyó: no hay justicia sin nombre, y no hay nombre sin memoria.
En el Museo Virtual del Pueblo Gitano recuperamos estas historias porque forman parte de una genealogía histórica colectiva y alternativa en continua reconstrucción. Nombrar lo que fue no es imponer una narrativa victimista, sino devolver a las víctimas su lugar en la memoria: si el dolor o el resentimiento devienen reivindicación de derechos, ¿quiénes somos para dictar cómo deben sentir quienes fueron perseguidos? El genocidio no empieza con los hornos; empieza cuando los miembros de un pueblo dejan de ser vistos como iguales al resto de la Humanidad.
Notas para seguir leyendo
- Lemkin, Raphael. Axis Rule in Occupied Europe. Washington, 1944.
- Joskowicz, Ari. Rain of Ash: Roma, Jews, and the Holocaust. Princeton University Press, 2023.
- Archivo del Tribunal Militar Internacional de Núremberg, Acta de Acusación, 8 de octubre de 1945.
- Resolución del Bundestag alemán, 17 de marzo de 2022, sobre el reconocimiento del genocidio romaní.

