Sin complejos. Igualmente desiguales

by Ramón Flores

SIN COMPLEJOS blueless

Habrán escuchado esta recurrente expresión en numerosas ocasiones en los últimos tiempos, sobre todo proveniente de líderes de la derecha española. Es una expresión muy trending donde se da a entender como una nueva consigna, como una señal de nuevos tiempos. Con una media sonrisa. Sin complejos. Como el anuncio de los años noventa del whisky DYC «gente sin complejos», gente que no tenía complejos en pedirse un pelotazo de whisky español, segoviano para más señas. Qué escocés ni escocés…

Pues la derecha española se ha puesto en modo DYC.

¿Por qué lanzan esta proclama los políticos de derecha precisamente ahora? Pues porque viene la extrema derecha. De hecho ya está aquí. Se estableció oficialmente el pasado 2 de diciembre, entrando desde el sur, pero ya estaba en la sala de espera mucho antes.  El miedo a perder una posición privilegiada en el tablero del juego político nacional e internacional, hace caer caretas para no quedarse al margen.

Y es que los partidos conservadores en Europa están apostando de manera voluntaria por arrimarse más a la derecha del espectro, dejando de lado el aburrido centrismo político del que hacían gala hasta hace apenas unos meses. Sin embargo, podemos creer tanto la ciudadanía como observadores y analistas políticos que para ganar, siempre es mejor moverse hacia el centro. Allí se supone que está el votante decisivo. Pero de algún modo, esto no parece suceder así.

Dos estudios en Estados Unidos demostraron que los candidatos presidencialistas son a menudo mucho más extremistas que sus votantes promedio, a veces incluso más extremistas que la base ideológica de sus partidos.

Sin embargo, al menos en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, casi no hay penalización por ser extremista. Para decirlo sin rodeos: los candidatos pueden ser todo lo extremistas que quieran porque pueden salirse con la suya. El primer estudio, realizado por el politólogo de la Universidad de Vanderbilt, Larry Bartels, examina los datos del Estudio Nacional de Elecciones en Estados Unidos de las elecciones presidenciales entre 1980 y 2012.

Aquí nos muestra que republicanos y demócratas son más extremistas que sus votantes medios, aquellos que no son necesariamente afiliados o activos públicamente.

Entonces, ¿si los candidatos se radicalizan, pierden votos? El segundo estudio, liderado por Martin Cohen, de la Universidad James Madison, concluye que no. Los candidatos que posiblemente sean más ideológicamente extremistas, no pierden mucho voto en comparación con los candidatos más centristas, una vez que se tienen en cuenta otros factores. El estudio indica que hay «poca evidencia de una relación electoralmente importante entre el extremismo del candidato y los resultados de los votos».

¿Les suena familiar este discurso «escorado» a la extrema derecha en España últimamente?

Esto no significa que las opiniones de los políticos no tengan ningún impacto en absoluto. Pero sí que el votante medio, que no es tan ideológico, use esta corriente como un atajo para votar por sus candidatos. Y esto, a su vez, permite que los candidatos puedan captar votos de aquellos que sí tienen sus mentes radicalizadas.

Ya hemos visto lo que hizo el UKIP con Nigel Farage a la cabeza, metiendo en serios problemas al Reino Unido con el Brexit. En el resto de Europa, Italia, Polonia y Hungría ya abrieron las puertas al discurso populista de la extrema derecha.

Italia, con la «Lega Nord» de Salvini, se alinea en Europa con el grupo «Europa de las naciones y las libertades», donde está Le Pen. Del mismo modo, «Ley y Justicia», que gobierna Polonia desde 2015, se adscribe a la extrema derecha euroescéptica y anti migratoria.

Pero lo gracioso viene desde Hungría. Fidesz, de ideología ultraconservadora, nacionalista y cercano a la extrema derecha que gobierna el país desde 2010 de la mano de Orbán, ¡está adscrito al «European People’s Party»!

Un Partido Popular Europeo (EPP, en inglés) que ostenta la presidencia de la Comisión Europea con Jean-Claude Juncker y el Consejo Europeo de la mano de Donald Tusk. También poseen la presidencia y vicepresidencia del Parlamento Europeo con Tajani y Livia Jaroka, la política húngara de «origen» romaní que defiendió a la ultra derecha húngara, una ultra derecha que contaba con un brazo militar que en 2008 asesinaron a seis personas gitanas.

Pero todo esto conlleva un trasfondo más complicado. Como mencionaba anteriormente, el viraje hacia la derecha de conservadores y de algunos liberales en Europa (y en el sur de España), obedece no sólo a un sentimiento «anti» todo.

Este cambio de rumbo obedece a unas necesidades «neoliberales» del mercado. El colapso de la economía mundial y su posterior recuperación, hicieron que los gobiernos de Europa y Estados Unidos viraran a unas posiciones más radicalizadas para captar adeptos. Las influencias neoliberales llevan mucho tiempo transfigurando las estructuras sociales de las democracias occidentales. Es cierto que, como decía Umberto Eco, no volveremos a ver el show fascista del siglo pasado, con sus parafernalias y alharacas guerrilleras, y precisamente por eso, hoy la extrema derecha se disfraza de neoliberal.

Esta nueva extrema derecha no rechaza frontalmente la democracia, de hecho, su discurso se agarra a las banderas y Constituciones y en su retórica discursiva apelan al «sentido común». Todos estos ingredientes ponen en jaque a la derecha tradicional, envuelta en la ideología conservadora y al centro moderado, vestidos de liberales más modernitos.

La historia nos muestra que a veces, los patrones se repiten. En el periodo de entreguerras de la primera y segunda Guerra Mundial, los populismos radicalizados lanzaban proclamas «anti» todo como respuesta a cualquier problema. Si durante el siglo XX fue el miedo al comunismo y a los judíos, en el XXI la proclama principal es la crisis económica, culpando a los inmigrantes del receso de las economías y el terrorismo que amenaza con «islamizar» Europa, despojándola de sus valores culturales y cristianos. Si a esto le unimos unas condiciones laborales precarias y un mercado laboral reducido, es solo cuestión de tiempo que aparezca el racismo, añadiendo el ingrediente definitivo a este distinguido cóctel.

Con la izquierda ideológicamente derrotada, el neoliberalismo y el conservadurismo pueden lucir «sin complejos» el papel para los que han sido creados: defender a la clase dominante y minimizar el Estado. Andalucía es una muestra de ello. Y las elecciones europeas están a la vuelta de la esquina, así como las municipales en España.

Hay un dato importante a tener en cuenta, el Parlamento Europeo pasará de tener 751 a 705 eurodiputados, una vez que el Reino Unido abandone la Unión. Y los primeros sondeos nos muestran un auge de la extrema derecha y un receso importante del Partido Popular Europeo y el Socialdemócrata en la Eurocámara.

Con este escenario, a conservadores y liberales no les queda más remedio que sonreír y mirar hacia otro lado cuando la extrema derecha grita. Porque tras la parafernalia populista y la designación de enemigos a destruir que sirve para ganar adeptos radicalizados (ya sean inmigrantes o el feminismo), se esconde la política que no se ve. Las proclamas neoliberales que pasan desapercibidas en los programas electorales que nadie lee. Y son esas propuestas ultra neoliberales escondidas las que son tan peligrosas como el discurso de odio que va de frente como carta de presentación.

Las cacareadas rebajas de impuestos sólo refuerzan los privilegios de las rentas más altas así como de los grandes grupos empresariales, ya que los tramos fiscales se suavizarán al llegar a esos niveles. Todo eso conlleva una recaudación menor a las arcas del Estado, que a su vez repercuten en los servicios básicos de titularidad pública como infraestructuras, transportes, sanidad o educación.

Y cuando nos encontramos problemas en la oferta de servicios de públicos, sale el sector privado como divino salvador. Casualmente (no sean mal pensados), cuando surge el debate sobre la idoneidad sobre el copago sanitario, los hospitales públicos empiezan a colapsar, entonces aparece la varita mágica de la derivación a la sanidad privada, previamente concertada. Podemos preguntar a gallegos y madrileños qué tal les ha ido con este modelo.

En materia de educación, bajo el discurso de taza de Mr. Wonderful de que los padres podrán elegir la educación de sus hijos, nos encontramos con la libre elección de los centros educativos. Esto está muy bien, pero se olvidan de mencionar que serán los propios centros los que establecerán sus cupos de admisión, lo que servirá para hacer las correspondientes cribas mediante la exclusión de los alumnos con «perfil bajo».

También nos encontraremos con la equiparación de la educación pública, concertada y diferenciada, donde no sólo nos encontraremos con colegios que separen a niños y niñas y  colegios privados subvencionados con dinero público, si no que se le dará el aire de necesidad a la segregación del alumnado gitano e inmigrante… ¿Les suena?

Desde un punto de vista puramente sociológico, esta estratificación social disfrazada de competitividad nos conduce inexorablemente a la desigualdad social, convertida en fenómeno funcional y universal, justificado por las desigualdades individuales. Según este modelo que traen estas propuestas neoliberales, cierta desigualdad es necesaria porque contribuye a que las posiciones más importantes sean ocupadas por las personas más cualificadas.

Pero se olvidan de que con estas medias, serán las élites sociales las que pondrán los límites de acceso a los estratos más altos (principalmente estudios superiores y mercado laboral), agrandando así la brecha social, económica y cultural. La sociedad pasará a ser considerada como lugar de competencia, cuya esencia ya no se encontrará en la equivalencia sino en la desigualdad, caracterizada por Foucault como la condición de ser «igualmente desiguales».

Volviendo al tablero político, la fragmentación de la derecha española y europea nos la han vendido como que «la derecha se rompe» por la llegada de los extremistas. Nada más lejos de la realidad. En el ámbito político y militar, la frase «divide y vencerás» da entender que si tu enemigo se encuentra dividido en vez de unido, será mucho más fácil controlarlo y vencerle.

Pero, en las Ciencias de la Computación, el término «divide y vencerás» hace referencia a la solución de un problema, de un tamaño determinado. Mediante este paradigma se divide dicho problema en un conjunto de sub-problemas del mismo tipo, pero de tamaño menor. Cada sub-problema obtenido en el proceso de división puede ser, a su vez, subdividido siguiendo el mismo criterio. Este proceso se lleva a cabo hasta que el sub-problema actual sea indivisible  o hasta que este pueda ser resuelto por un método directo.

Traducido a lenguaje político, las pequeñas victorias te hacen ganar la partida, son la clave. Desde la aparición de nuevos partidos en el tablero, dijimos adiós a las mayorías absolutas tras las elecciones. Entendido entonces el nuevo escenario, la máxima de «divide y vencerás» ya no se refiere a fragmentar al enemigo para que no pueda rearmarse.
Ahora consiste en dividirse y ofrecer al cliente ­­­ (perdón, votante) lo que quiere oír de forma personalizada: unos ofrecen libre elección de colegios y bajada de impuestos; otros rebajas fiscales; otros van contra inmigrantes y feminazis… Como un holding empresarial con sus correspondientes filiales.  Luego basta con sumar para gobernar, dándole a la democracia un falso tono de pluralidad.

Por eso ahora los candidatos escorados a la derecha dicen sus verdades «sin complejos», en un espectáculo televisado y radiografiado en redes sociales para ver quien dice la burrada más grande.
En España tampoco sorprende tanto, ya que lo que cacarea públicamente la extrema derecha, ya lo decían los conservadores por lo bajini.  Ahora, la violencia de género, las fake news y la histerización de la sociedad están en el terreno de juego.

Pero no se engañen, una vez alcanzado el poder, el tono histérico de la campaña electoral siempre baja, y el primero en hacerlo es, sorprendentemente, la extrema derecha, para pasar a una moderada liturgia institucional disfrazada de «sentido común».

Lo malo de todo esto es que supone una involución hacia un escenario rancio y desfasado que nos retrotrae a esa España profunda de Torrente que pretendía ser una parodia de la idiosincrasia española que añora un pasado que nunca existió, con un precio que volverá a pagar, entre otros, la comunidad gitana, soportando medidas que fomentan la segregación y que serán vendidas al gran público como necesarias y socialmente avanzadas.
Y con esta derecha en modo DYC, no se extrañen que volvamos a escuchar a Cañita Brava aquella mítica frase de: «¡Torrente, me debes seis mil pesetas de whisky!». Gente sin complejos.

La lucha contra la idiotización

by Ramón Flores

Make Spain Great Again

Empieza a ser preocupante el crecimiento de la ignorancia entre la sociedad blanca y por qué piensa que no tiene privilegios ni está equivocada. La respuesta, creo, es que la cultura occidental condiciona a los blancos para que no comprendan completamente cómo la sociedad los privilegia.

El sociólogo estadounidense Joe Feagin argumenta que la cultura occidental ha enseñado a los blancos a creer que representan la vanguardia intelectual y cultural, para concluir que las desigualdades raciales no pueden ser rastreadas a su comportamiento pasado o presente y para ver su estado dominante —su privilegio— como natural y aún invisible. En lugar de conocimiento y aceptación del privilegio blanco, muchos blancos muestran ignorancia: «¿Pero de qué privilegios hablas? Yo no los detecto».

El problema surge cuando tal ignorancia se convierte en una herramienta de aceptación social. Al negar la injusticia se hace innecesario enfrentarla, se convierte entonces en problema de «los otros».  Un problema añadido es que esa vanguardia cultural es un auténtico despropósito y luego descubriremos los porqués.

Charles Mills, en su libro The Racial Contract, argumenta que esta ignorancia produce el irónico resultado de que los blancos en general serán incapaces de comprender el mundo que ellos mismos han creado. La clase trabajadora blanca escucha estas historias, pero muchos optan por ignorarlas y castigar a las minorías por culpar al hombre blanco de todos los problemas. El problema no es que algunos blancos carezcan de un punto de vista adecuado para ver su privilegio, sino que desde su punto de vista han elegido evitar su mirada.

El hecho de vivir en una burbuja ha impedido ver a la sociedad blanca aprender sobre el mundo que les rodea y es aquí donde se encuentran con un problema mayúsculo. Ya en un artículo de 2012 publicado en el New York Review of Books el poeta Charles Simic declaraba que estamos viviendo en la Era de la Ignorancia. Gente que no sabe diferenciar entre Sadam Hussein o Bin Laden; gente que no sabe cuándo fue la guerra civil en España; gente que no sabe cómo funciona un sistema parlamentario; gente que si les corriges las faltas de ortografía se enfadan y contestan «¿pero se entiende, no? eso es lo importante»; gente que tiene como referentes culturales a cantantes que dicen «arsa quillo tras tras» y que además dicen haber revolucionado el flamenco; youtubers; instagramers o monologuistas… Y claro, te tienes que reír.

Una sociedad que no es consciente de que les roban, los ningunean y no reaccionan. ¿Han visto alguna vez esas imágenes en blanco y negro de jóvenes en España a finales de los sesenta, principios de los setenta corriendo delante de los grises reivindicando derechos?  y, ¿han visto a las abuelas y abuelos en las manifestaciones por las pensiones hoy día? Pues son exactamente las mismas personas pero con cuarenta años de diferencia. ¿Y entonces los de ahora? Los de ahora están en Twitter llamando a los gitanos «ofendiditos» y haciendo memes… o monólogos.

Y es que la parte blanca de la sociedad española, tiene un problemón. Porque por un lado carecen de reflexión crítica propia y por otra, los pocos referentes políticos y culturales les fallan. Un ex presidente que no sabía muy bien quien es el vecino y quien elige al alcalde, o un señor mayor, ex dirigente del partido comunista español, defendiendo las políticas excluyentes de la Italia de Salvini.

La falta de interés, la falta de conocimiento y la falta de empatía hacen de esta sociedad una anomalía que va en contra de la naturaleza humana. Ya lo decía Aristóteles hace muchos siglos, el ser humano es Zoon Politikón (ζῷον πολιτικόν), una propiedad inherente a la humanidad que está predispuesto a la sociabilidad puesto que el hombre por naturaleza es una animal social que vive con otros y que sólo puede alcanzar el bien común con el diálogo y la deliberación, ya que como el mismo Aristóteles señalaba, el hombre es el único zoon logon ekon (ζῷον λόγον ἔχον).

Y es que la política no está sólo en el Congreso o los Parlamentos, sino que es todo lo que nos rodea, cualquier acto, incluso el negarse a ir a votar, comprar una barra de pan o pagar el recibo de la luz, es política.

Pero, ¿cómo los ciudadanos cívicos o literalmente, los animales políticos pueden alcanzar la virtud, la justicia mediante la relación con los otros en la Polis, en la sociedad, si no saben hacer política, si no saben convivir? ¿Cómo esta sociedad donde la ignorancia es la reina y que llama «ofendiditos» a los que tienen un pensamiento crítico puede avanzar hacia algún lugar?

Ya en el año 2000 el entonces director de la Real Academia de la Historia, Gonzalo Anes, señalaba que la ignorancia de muchos jóvenes era aterradora, cuando hablaba de las primeras generaciones de la LOGSE y señalaba algo muy inquietante: «La anulación de todo aquello que nos une; la exaltación y la visión sesgada de lo que nos separa, la ignorancia, en suma, y la falta de memoria histórica resultan peligrosos. Son el caldo de cultivo del racismo y la xenofobia. Y eso es, desgraciadamente, lo que parece que está ocurriendo». Hace dieciocho años de estas palabras…

Pero «los otros», como les gusta llamar a los blancos a aquellos que no son de su mismo circulo, están, por el contrario, en las antípodas de esta corriente del culto a la ignorancia. Esos gitanos «ofendiditos», esas mujeres negras que tienen la piel muy fina y que no les puedes hacer comentarios de su pelo, esos maricones que se afrentan por chistes de maricones, todos esos, son los que están haciendo su trabajo. Todos estos son los que están siguiendo ese precepto aristotélico, son zoon politikón. Los gitanos son Roms politikón.

Esto tiene dos caras: una positiva y otra negativa. Cuando la sociedad blanca, consciente o no de su ignorancia ve peligrar sus privilegios sin saber por qué, se enroca en una posición conservadora apelando a tiempos pasados, a ideales nacionalistas y arraigo identitario.

Personas de mediana edad y jóvenes que han perdido la perspectiva global de lo que les rodea, idealizan una sociedad donde ellos siempre han sido los protagonistas y todo aparentemente era mejor. Y cuando esto pasa, cuando se le dice a toda una comunidad de personas que valen menos, es normal que esa comunidad cuestione los valores del acusador, como hago yo ahora mismo.

Cuando se les dice a las mujeres que sus reivindicaciones sociales y sus protestas contra las violaciones son una broma o una exageración, no se sorprendan si esas mismas mujeres se revelan y se manifiestan y se hacen más fuertes.

Esta sociedad blanca desinformada entiende que el auge de los unos significa la destrucción de ellos mismos y, por ende, no conciben en ningún caso que todo puede coexistir y armonizarse, dando lugar al auge de movimientos populistas de extrema derecha que calan en la sociedad con un mensaje vacío y que la solución a todo es señalar a un culpable y destruirlo.

Pero al mismo tiempo existe otro tipo de racismo subyacente a esta sociedad desquiciada, un soft racism, un racismo cuqui como a mí me gusta llamarlo, que es cuando alguien (blanco, occidental) dice algo con un suave trasfondo racial sobre algún colectivo que no pretende ser peyorativo, pero a menudo sale de una manera que puede hacer que otros se sientan incómodos y levemente avergonzados. Y este es igual de peligroso que el racismo flagrante y violento. Porque la sociedad blanca no entiende que no se puede ser sólo «un poco racista» y piensa que racistas eran los nazis, Trump, Le Pen o Salvini, que ellos no pueden ser racistas porque cómo van a ser racistas ellos que son muy buena gente y se levantan muy temprano…

Fragilidad blanca lo llama la Doctora Robin Di Angelo, donde describe la actitud defensiva incrédula que exhiben los blancos cuando sus ideas sobre la raza y el racismo son cuestionadas, y especialmente cuando se sienten implicados en la supremacía blanca.

Fíjense que, mientras la sociedad blanca se empeña en seguir quejándose de que vulneran sus derechos (disculpen que me ría) y hace memes graciosísimos, el activismo gitano, negro, LGTBIQ o el de cualquier minoría discriminada, sigue haciendo su trabajo. Va en auge en educación, en cultura, en compromiso social y político, en conciencia humana. Toman las calles, las universidades y los medios a su alcance.

No olviden que hace cincuenta años, nadie imaginaba a un negro en la Casa Blanca, o a una mujer en la Cancillería alemana, o un alcalde de Londres de origen paquistaní del suburbio de Tooting… Pero la determinación, el compromiso y la lucha de unos pocos, enganchó a muchos otros y se unieron por una causa justa con negros, mujeres, inmigrantes…

Pero como decía, también hay una parte positiva sobre la ignorancia blanca, y es que no sería justo catalogarla en su conjunto como tal. Muchas y muchos son los que han entendido el dinamismo de la sociedad actual y están de lado de la causa que consideran justa, porque entienden que el racismo y la desigualdad no es solo un asunto del que sufre racismo o desigualdad, sino que es un problema de todos.

Mientras las sociedad blanca se empeñe en soltar sus «white tears», sus «not all men», sus «perdón por ser hombre», sus «es que ya no se pueden hacer chistes de gitanos, ni de maricones, ni gangosos», sus «no soy racista, pero», los oprimidos se vuelven más fuertes, los silenciados gritan cada vez más fuerte.

Escribía, no sin su halo polémico habitual el periodista Nassim Taleb, una teoría que venía a decir que «basta con que un tres o un cuatro por ciento de la población mantenga sus preferencias con cierto nivel de intolerancia para que toda la sociedad acabe por someterse a esas preferencias».

Taleb plantea la posibilidad de que exista un punto de inflexión en lo que el cambio social se refiere.

Un estudio reciente cuantificó en una serie de experimentos el tamaño de esa minoría, el 25%. A partir de ese porcentaje, el cambio acabará por convencer a la mayoría. Las normas sociales pueden ser cambiadas por solo un cuarto de un grupo, da igual si son diez o diez mil, cambiar los comportamientos, creencias y normas de todo un grupo es difícil, pero nuevas investigaciones revelan que para hacer eso, tan sólo necesitamos convencer al 25% para comenzar un persuasivo efecto dominó. (Centola, D., Becker, J., Brackbill, D., & Baronchelli, A. 2018).

Taleb hablaba de la intransigencia de determinadas minorías (no culturales, si no grupales, minorías en número). Yo doy un paso más allá, seamos conscientes de ese 25% y hagamos algo positivo. Seamos intolerantes hacia la estupidez blanca, pero haciendo uso de una intolerancia educativa que forme pensamiento crítico en la sociedad, porque así, poco a poco, manteniendo unos niveles altos de rechazo y repugnancia a lo injusto, podemos hacer el mundo más justo.

Mientras tanto, los que sigan enrocados en la estupidez, por favor, que nos sigan llamando «ofendiditos» y que hagan memes y monólogos graciosísimos, no olviden que cuanto peor mejor para todos, y cuanto peor para todos mejor, mejor para mí… o algo así.

 

*Imagen: Reuters

España, la gran ausencia en el debate europeo contra el antigitanismo

by Ismael Cortés Gómez

Comisión antigypsyism

El pasado 18 de octubre, por primera vez, los miembros de los parlamentos nacionales fueron invitados por el Parlamento Europeo para discutir los derechos fundamentales de los Romaníes, poniendo el foco en la lucha contra el antigitanismo. A este Debate Interparlamentario asistieron representantes de prácticamente todo el espectro político. Incluyendo, además de a los países miembros de la Unión Europea (UE), a dos países candidatos: Montenegro y   Kosovo. Se hicieron notar, lamentablemente, dos grandes ausencias: España e Italia.

El caso de Italia era en cierto grado previsible, debido a la sensibilidad mediática que ha provocado el “plan Salvini”: fichar a los gitanos indocumentados para expulsarlos del país. Ante lo cual, ningún partido ha propuesto un plan firme de oposición al neofascismo de la Liga Norte, a excepción de vagas alusiones a la defensa constitucional de los derechos fundamentales, que (idealmente) harían inviables este tipo de prácticas.

El caso español, sin embargo, suscita una perplejidad mayor. España se proyecta a sí misma como un modelo de inclusión con los gitanos: ¿por qué rehuir entonces del debate sobre el antigitanismo? Debates como el que tuvo lugar el pasado jueves en Bruselas, nos obligan a desempolvar las lentes y escrutar la realidad política con mirada crítica. Respecto del caso español, las antropólogas de origen romaní Ostalinda Maya y Anna Mirga, nos recordaban en El mito de la inclusión del pueblo gitano (El Mundo, 2014), que las cosas no son tal y como las  autoridades gubernamentales quieren hacerlas ver. Como recordaban las autoras: “Únicamente el 5% de los niños de etnia gitana finalizan lo estudios superiores del ciclo secundario [en España]. Los datos estadísticos son, si cabe, más chocantes cuando se considera que España está por debajo de países europeos menos desarrollados como la República Checa (30%), Hungría (22%), Rumanía (10%) y Bulgaria (9%).”

En esta línea de crítica, en febrero de 2018, la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI), establecida por el Consejo de Europa, publicó un informe sobre España que señaló tres recomendaciones prioritarias: 1. Medidas urgentes para incrementar el porcentaje de niños y niñas gitanas que terminan la educación obligatoria. 2. El fin de la segregación urbanística, que ha dado lugar a guetos racializados que reproducen la segregación escolar de los niños y las niñas gitanas. 3. La creación de un Organismo Independiente de Promoción de la Igualdad y la Lucha contra la Discriminación, que no esté vinculado ni al gobierno ni a otros organismos públicos o privados dependientes del mismo.

Soraya Post, la europdiputada de origen romaní que organizó el Debate Interparlamentario del pasado jueves, expresó un fuerte llamado a los participantes: “Hace un año, el Parlamento Europeo aprobó mi informe sobre los aspectos de los derechos fundamentales en la integración de los romaníes en la UE, que ofrece recomendaciones programáticas y legislativas para luchar contra el antigitanismo. Espero que la reunión de la Comisión Interparlamentaria de hoy apoye a los Estados miembros, para que comiencen a tomar en serio sus responsabilidades”.

Cabe pues aclarar, en qué consiste la Resolución del Parlamento Europeo sobre los aspectos de la integración de los gitanos en la Unión Europea relacionados con los derechos fundamentales: combatir el antigitanismo (25 de octubre de 2017).

La resolución, que yo mismo asesoré junto a otros analistas, propone un conjunto de 58 medidas que podrían llevar a una política compartida: para que los Estados miembros de la UE combatan el antigitanismo, estudiando sus raíces históricas, trazando paralelos a la infame historia de antisemitismo en Europa. Hasta que apareció la resolución, el “problema de los Romaníes” se había abordado simplemente como: el “atraso” de un subgrupo cultural que necesita urgentemente transformar sus propias costumbres, para integrarse en las dinámicas de la modernidad europea; sobre todo, a través del empleo y la educación. De esta manera, los respectivos gobiernos se comprometieron a apoyar la “inclusión de los gitanos”, al tiempo que permanecieron en silencio ante el racismo anti-gitano profundamente enraizado en las sociedades europeas.

En nuestra opinión, todas las políticas sociales para los romaníes resultarán infructuosas si no están respaldadas por un compromiso para combatir la discriminación racista. Actualmente, la Comisión Europea está evaluando los resultados de los Marcos Nacionales para la Inclusión de la Población Gitana. Los resultados de esta evaluación (idealmente) servirán para rediseñar los futuros marcos de políticas públicas. Creemos que el Marco de la UE para la Inclusión de la Población Gitana, después de 2020, debe someterse a una reforma profunda: en la que cada medida encaminada a la inclusión vaya acompañada de medidas para combatir la discriminación.

Se necesita un enfoque antirracista, para todas y cada una de las nuevas áreas de inclusión que entendemos deberían estar implicadas: inclusión educativa, inclusión laboral, inclusión residencial, inclusión sanitaria, inclusión cultural, inclusión mediática, inclusión científica e inclusión política. Las autoridades competentes de los Estados miembros de la UE deben estudiar, de manera rigurosa, qué factores están impidiendo la inclusión de la Población Gitana en cada una de las áreas mencionadas.

La expansión de los actuales objetivos de los marcos de inclusión, requerirá un aumento importante de los fondos de la UE asignados a la cuestión Romaní. Y la financiación ya existente requiere un gasto más efectivo. La preparación del próximo Marco de Financiación Multianual de la UE ofrece una oportunidad extraordinaria para reformar las normas de gasto de los fondos de la Economía Comunitaria, y priorizar el antirracismo en los programas de la UE.

En los tiempos presentes, cuando la Unión Europea está lidiando con su propia crisis de identidad, el combate contra el antigitanismo debe verse como parte de una batalla más amplia contra la amenaza del neofascismo etnonacionalista. Garantizar el tratamiento no discriminatorio de 6 millones de ciudadanos Romaníes sería una buena manera para que la UE afirme sus valores fundamentales. En este sentido, las próximas elecciones ofrecen una ocasión muy concreta para comenzar a pensar programas políticos alternativos. Esperamos que la UE no pierda esta oportunidad.

 

Historia de los Gitanos: del Proyecto de Exterminio a la Ciudadanía Inacabada. Entrevista a Manuel Martínez

by Ismael Cortés Gómez

Expo 2

El pasado lunes nos encontramos con el almeriense Manuel Martínez, en el Museo de Adra, donde nos hizo de guía en la exposición itinerante comisariada por él mismo, titulada “Historia de los Gitanos Españoles”. Es inspirador ver cómo de manera independiente y autogestionada, este maestro de profesión y vocación, además de doctor en Historia, ha dedicado los últimos treinta años a estudiar minuciosamente y a recuperar documentos históricos relativos a la vida de los gitanos y las gitanas en España. Manuel no solo ha recorrido los archivos de las principales ciudades y pueblos del país, sino que ha llegado incluso a comprar con su propio dinero documentos que permanecían olvidados y encerrados en colecciones privadas; y que ahora salen a la luz gracias a su impresionante labor investigadora y divulgadora. Recientemente ha publicado dos libros fundamentales para conocer la historia de los gitanos, para eliminar su invisibilidad, entender su situación en la sociedad y derribar los estereotipos acuñados durante siglos: Nunca más. Homenaje a las víctimas del proyecto de ‘Exterminio’ de la minoría gitana iniciado con la redada de 1749 (Círculo Rojo, 2015); Los gitanos y las gitanas de España a mediados del siglo XVIII: el fracaso de un proyecto de “exterminio”, 1748-1765 (Universidad de Almería, 2014).

 

Manuel Martínez¿Cuándo y cómo fue su primer contacto con la comunidad gitana?

Ni en mi niñez ni en mi juventud temprana tuve acercamiento alguno a la comunidad gitana, a pesar de que Almería cuenta con una población gitana importante. Fue en mi primer destino como maestro de adultos en el Colegio de los Almendros, allá en los años 80, cuando me tocó enseñar a un grupo de gitanos, cuando realmente pude conocer a esta minoría étnica; a la que me acerqué cargado de precauciones, de las que me fui deshaciendo a medida que nos fuimos conociendo. Mi mayor sorpresa fue descubrir que ellos tomaban tantas precauciones conmigo como yo con ellos. Aunque pronto nos hicimos muy amigos. Años más tarde volví al mismo barrio, esta vez en Educación Primaria, donde enseñé a niños y niñas gitanas, que en su gran mayoría han mantenido conmigo una excelente relación de respeto y cariño hasta el día de hoy.

En los años de magisterio dedicados a la comunidad gitana, ¿cuál fue su principal lección?

Mi principal objetivo pedagógico ha sido siempre enseñar a mis alumnos y alumnas a aprender por sí mismos, insistiendo en el hecho de que una persona analfabeta es manipulable, y una persona educada tiene más herramientas para defender sus derechos. Además, en la sociedad actual, saber leer y escribir es una condición imprescindible para acceder a derechos fundamentales como son el empleo o el voto.

¿Y su principal aprendizaje?

Trabajar con gitanos y gitanas me ha enseñado a desarrollar otros métodos de trabajo. La lógica paya de encerrar a los alumnos seis horas al día en silencio, delante de una pantalla o de una pizarra, es muy limitante. Además es aburrida y frustrante, tanto para el alumno como para el maestro. Así que tuve que aprender a ampliar el aula, y a concretar la teoría en acciones de la vida cotidiana. El alumnado gitano te obliga a mostrar el lado práctico de lo que enseñas, lo que sea: matemáticas, literatura, historia, ciencias naturales… Esto me llevó al aprendizaje por proyectos: a recurrir al teatro, al deporte, a las excursiones, a las visitas a los barrios… El sentido práctico es muy importante en la pedagogía: ésta fue mi lección aprendida con los gitanos; y ésta es la lección que le queda pendiente por aprender al sistema educativo español.

Hablando del sentido práctico de las cosas, como investigador a mí me interesa especialmente la Historia Contemporánea, y más aún, lo que se conoce como Historia del Presente. Creo que el análisis del presente nos permite algo que no permite el estudio del pasado más lejano: interpelar a los poderes responsables de trabajar para aportar soluciones a los problemas que estudiamos. Sin embargo, en el caso de los Estudios Gitanos, hay una especial atención a la Edad Moderna. ¿A qué obedece este interés en su caso particular?

En mi caso fue por puro azar. Preparando mi primer artículo sobre Historia de los Gitanos, que escribí a petición de mis alumnos del colegio de adultos de los Almendros, me encontré en el archivo municipal de Almería con la historia de Indalecio Santiago: un muchacho gitano, al que apresaron en 1763, mientras iba a por mimbre a Pechina (un pueblito de Almería), para hacer cestas. Salió sin licencia y lo cogieron preso, y pasó varios días en la cárcel hasta que lo dejaron libre, a cambio de embargarle la mercancía. En el archivo se dice expresamente que era un buen hijo (en palabras del propio Alcalde), y que se encargaba de sostener a su madre porque era huérfano de padre. Acabé encontrando su partida de nacimiento en Vera, y tirando de ese hilo escribí mi primer artículo, “El avecindamiento de los Gitanos en Vera”, por el cual recibí un premio, lo cual me animó a seguir investigando. A raíz de ahí surgió el manuscrito de mi primer libro, en 1996, La Minoría Gitana de la provincia de Almería durante la Crisis del Antiguo Régimen (1750-1811); por el que me otorgaron el premio de Historia más importante de la ciudad de Almería, que conllevaba una dotación económica y la publicación del libro por el Instituto de Estudios Almerienses, que finalmente salió en 1998. Estos trabajos de investigación me hicieron ver las injusticias a las que se había sometido al pueblo gitano.

Pragmáticas

En sus dos últimos libros, usted introduce un término que no aparece en los estudios anteriores sobre la persecución y encarcelamiento de los gitanos en la Edad Moderna, me refiero a su uso del término “Proyecto de Exterminio” en lugar de “Gran Redada”. ¿Qué implica este giro conceptual?

El concepto de “Gran Redada” se lo debemos a quien yo considero mi principal maestro, Antonio Gómez Alfaro. Reconociendo el valor pionero de su trabajo, he de puntualizar que, en primer lugar, no deberíamos hablar de “Redada”, sino de “Redadas”. A la Redada del 30 de julio de 1749, le antecedieron y le sucedieron otras varias, que materializaron un Proyecto de Exterminio biológico diseñado ideológicamente por el Obispo Gaspar Vázquez de Tablada; y logísticamente planificado e implementado por el Marqués de la Ensenada. Seguir calificando este lamentable y desconocido episodio de la Historia de España como Gran Redada minimiza los hechos sucedidos. Fue todo un Proyecto de Exterminio, desplegado en distintas fases.

Desde un punto de vista político, ¿cómo capitalizó Ensenada el Proyecto de Exterminio?

El proyecto de Exterminio le supuso a Ensenada un enfrentamiento político frontal con el Capitán General de Valencia, el Duque de Caylus: impulsor desde 1754 del indulto a los gitanos y gitanas, finalmente concedido en 1765 por Carlos III, que inició una nueva política asimilacionista, concretada en la pragmática de 1783. Ahora bien, más allá de este enfrentamiento, Ensenada supo aprovechar muy bien la obsesión del Obispo de Tablada con el Exterminio de los gitanos, y la capitalizó de acuerdo a su moral utilitarista, instrumentalizando a los gitanos como mano de obra esclava, para el rearme de la armada naval española. Gracias a los Gitanos, España construyó una flota naval de gran prestigio, y pudo mantener el Imperio en las Américas. Esta operación ayudó a Ensenada a encumbrarse como estadista en materia de Guerra y Marina.

¿A qué ciudades fueron destinados los gitanos condenados a galeras?

Hasta 1640 el principal destino fue el Puerto de Santa María, y posteriormente el puerto de Cartagena.

¿Y en los arsenales?

A partir de 1749, el principal arsenal de destino fue el de la Carraca (Cádiz), aunque también hubo gitanos destinados al arsenal de La Graña (Ferrol).

¿Cuál fue el destino de las mujeres gitanas?

El destino final fue la Casa de Misericordia de Zaragoza, aunque en el trayecto, en distintos puntos de España, se fueron improvisando campos de concentración, en los que las mujeres permanecieron varios meses en sitios como: la Alcazaba de Almería, el Palacio de Carlos I en Granada, la Alcazaba de Málaga o el Castillo de Denia en Alicante. Los niños gitanos permanecían con sus madres hasta que cumplían siete años, y entonces eran enviados a los arsenales.

Moviéndonos al siglo XIX, ¿qué oportunidades para los gitanos trajo la Constitución de Cádiz de 1812?

Hubo una tremenda polémica en las Cortes de Cádiz sobre el tema de la igualdad en la incipiente Constitución. El capítulo segundo de la Constitución, titulado “De los españoles”, dice: “Son españoles: todos los hombres libres nacidos y avecindados en los dominios de las Españas, y los hijos de estos.” La condición de “avecindados” excluyó a muchos gitanos de la ciudadanía, en tanto que las autoridades negaban a los gitanos el derecho de avecindamiento: en muchos casos, los gitanos no formaban parte del padrón, situación que se mantuvo en algunos casos hasta bien entrado el tardofranquismo. Por eso, formalmente, los gitanos no alcanzaron la plena ciudadanía jurídica en el Estado español, sino hasta veinticinco años más tarde, con la Constitución de 1837.

¿Cómo repercutió el acceso a la ciudadanía en la participación de los gitanos en la vida política?

He encontrado constancia de un grupo de gitanos gaditanos liberales, que en 1825 se organizaron para hacer pintadas en las calles, pidiendo a los absolutistas que se fuesen. También en Cádiz, los gitanos protestaron contra la Constitución antiliberal de 1845. Además, en 1843, hubo un movimiento revolucionario catalán con protagonismo gitano, conocido como “La Jamancia”, inspirado en la palabra en caló, “jallar” (comer). El hambre era la principal motivación de movilización política de los gitanos de esa época, y con objeto de derribar el gobierno de Espartero, amenazaban de forma satírica con comerse a sus enemigos. La Junta Revolucionaria a la que se adhirieron los gitanos pedía justicia para todos, sin distinción de categorías. Otro episodio a destacar es la participación de los gitanos en los movimientos andaluces de reparto de tierras, en 1850 y 1860. Concretamente, en 1861, en Loja, se organizaron como una milicia bajo el liderazgo político de Rafael Pérez del Álamo, capitaneada por el gitano Antonio Arjona. Esta insurrección buscaba cambios en la distribución de la propiedad de las tierras. Esta insurrección se conoció como “La guerra del pan y el queso”, que tuvo la intención de tomar Loja y toda Granada. Rápidamente fueron derrotados por las fuerzas gubernamentales, y hubo más de 1100 condenados (entre los que se contaban algunos gitanos). Todos fueron posteriormente amnistiados, en 1862, por la reina Isabel II.

Entrando en el siglo XX, quiero ir directo a una reflexión que considero altamente relevante, en términos generacionales, para quienes nacimos después del 78. ¿Qué ganaron los gitanos en la Transición?

Primeramente, se eliminaron los artículos del reglamento interno de la Guardia Civil que convertían a los gitanos en objetivo de persecución y vigilancia. Más allá de esto, la Constitución del 78 abrió una ventana de oportunidad a los gitanos para asociarse y expresar su voz. Aunque bajo mi punto de vista, queda mucho por hacer. Hay mucha disparidad en los gitanos: políticamente falta unión. Como todos sabemos, ha habido representantes políticos de etnia gitana en partidos mayoritarios. Pero el pueblo gitano, como tal, no tiene articulación política. El tema de las elecciones no se ha sabido aprovechar, o quizás sea que la ley de partidos no permite al pueblo gitano tener fuerza electoral. Quizás habría que revisar la ley electoral… No lo sé. Reconozco que es un tema sobre el que no tengo una opinión definitiva.

¿Qué necesitarían los gitanos para entrar a formar parte de la nueva política, en la actual fase que se conoce como “Segunda Transición” o “Democracia post-15M”?

Yo diría que los gitanos necesitan recuperar algo que han ido perdiendo progresivamente: la solidaridad. En el siglo XIX, los gitanos eran muy solidarios, se ayudaban entre ellos en las situaciones más adversas. Hoy en día, los gitanos están cada vez más atomizados. Sin solidaridad interna va a ser imposible influenciar a los partidos políticos, tanto en la agenda como en la composición de listas electorales. Ahora bien, he de decir que la deshumanización sistemática a la que se ha sometido al pueblo gitano, hace muy difícil que surja una conciencia unitaria de la “gitanidad” vinculada a una autoestima positiva.

¿Cómo se alcanzaría esa conciencia?

Con educación. Sin educación nunca va a haber igualdad de oportunidades; porque las élites políticas se valen de la ignorancia para reproducirse en los puestos de poder. Más que ganar dinero, lo importante es la conciencia que uno alcanza con la educación: la conciencia de nuestro papel como miembros activos de la sociedad. Y para esto, el sistema educativo español y las distintas autonomías deberían incluir la historia del pueblo gitano a todos los niveles. Se ha de dar un tratamiento digno a la identidad gitana, no solo en la escuela, sino también en los sistemas culturales que se mueven fuera de la escuela o la universidad.

Un verdadero placer maestro.

Nada. El placer es mío.

¡Humor sobre gitanos sí, Antigitanismo no!

by Pedro Casermeiro

Rober Bodega

Permitidme que divague un poquito en este artículo que espero resulte breve y acabe dirigiéndose en la dirección que pretendo, de hecho estoy pensando en voz alta (o en voz teclado) y puede que sea un poco desordenado, incluso que acabe defendiendo el uso del humor contra los gitanos, aunque espero que no… Avanzo explicitando que no voy a repetir críticas a los chistes que ya han sido hechas por muchísimas personas y entidades, no se puede decir más de lo que ya ha sido dicho y con la claridad con la que se ha dicho. Pero pasados unos días quiero reflexionar sobre un asunto de trasfondo que afecta al mundo del humor y de las artes escénicas en general.

Intentemos empezar por el principio y luego ya nos perderemos: YO NO SOY ESCRITOR, pero como existe internet tengo la oportunidad de escribir y opinar de vez en cuando, como ahora mismo. También creo que hay personas que no son humoristas pero como existen mil cadenas de televisión, tienen la posibilidad de crear chistes para rellenar horas y horas con el contenido que esas cadenas necesitan. No pretendo ofender a ninguna persona, llámese Bodegas o llámese de otra manera, pero lo que delimitaría que yo fuera escritor y que Bodegas fuese humorista es la profesionalidad, el saber hacer bien tu trabajo. ¿Dónde radica una de las claves de la profesionalidad en cualquier actividad laboral? En la actitud, en tener un mínimo de conciencia sobre lo qué se hace, en los principios y valores que guían tu actividad laboral, la ética, lo que otros profesionales conocemos como “Código deontológico”. La ética en el trabajo, pasaría básicamente por no utilizar tus habilidades para causar un daño a otras personas de manera voluntaria o involuntaria. Causar un daño de manera voluntaria no es sólo de mal profesional, es de mala persona. Causar un daño de manera involuntaria, muchas veces es por falta de ética: por hacer cosas que no sabes hacer y para las que no estás preparado, por trabajar cansado, etc.

Acabo de buscar en Google y os invito a que lo hagáis también, puesto que yo estoy en el extranjero con una IP extranjera y me salen más resultados relacionados con el país donde estoy, pero ante la búsqueda “código deontológico humoristas”, no sale absolutamente nada. ¡Google no conoce el código deontológico de los humoristas!

Acabo también de buscar otro código deontológico, el de los artistas en general, y existe uno creado por el Instituto de Arte Contemporáneo hace muy poquitos años, lo he revisado por encima, y si entendemos que los humoristas son artistas, uno de sus principios es realmente esclarecedor, paso a transcribir textualmente y resaltar en negrita lo más interesante para nuestro caso:

“1.3 Libertad de expresión. Afirmamos la libertad de expresión de artistas, críticos, teóricos, docentes e investigadores, comisarios, galeristas, gestores, responsable de programación en museos y centros, editores y otros profesionales del sector. La independencia de pensamiento, la posibilidad de un debate abierto de las ideas, los contenidos y las formas de las obras de arte sólo pueden estar limitados por la legislación española y por la propia responsabilidad del autor ante los receptores de la obra. La cultura y el arte han de ser baluartes de la libertad, independientes de cualquier partidismo, y por tanto han de promover la igualdad, la pluralidad y la diversidad y censurar cualquier discriminación de género, clase social, etnia o religión.”

Código deontológico del Instituto de Arte Contemporáneo. Capítulo 1, Principios

Aprovecho antes de seguir para clarificar que la libertad de expresión es un Derecho Fundamental pero que la propia Constitución lo limita en su mismo Título en el apartado:

“Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.”

Llegados a este punto, creo que está claro que en el mundo del humor y en el mundo del arte NO TODO VALE. No hay ninguna referencia legal o ética que no encuadre la libertad de expresión sin respetar el derecho a la dignidad de las personas, por lo que defender el monólogo de Bodegas escudándose en la libertad de expresión, obviando que esta misma viene limitada por la defensa de la dignidad de las personas sólo puede ser dos cosas, ignorancia ventajosa o antigitanismo.

El monólogo de Bodegas es un caso bastante insignificante, uno entre muchos, aunque muy simbólico, ya que no ha dejado a nadie indiferente. Ahora no voy a entrar a argumentar como sus chistes atentan contra el honor de cualquier gitana o gitano, sino que sólo quiero dejar claro que los chistes de Bodega ultrapasan con nitidez los límites establecidos en la Constitución y en el código deontológico de los artistas contemporáneos. Probablemente los artistas cómicos no acaben de verse dentro de este código, pero es el único que existe cercano. Pero sobretodo es un ejemplo muy simbólico porque debería ser una muestra pedagógica de cómo no ser humorista, o lo que en otros ambientes profesionales definiríamos como “mala praxis”, y también creo que sus propios compañeros de profesión deberían ser conscientes de su mala práctica, y paso a explicar por qué.

La premisa básica del humor y de los humoristas es hacer reír a las personas, explicando la realidad de una manera crítica, incluso corrosiva y con un claro carácter de denuncia de la misma. En nuestro caso, el humor puede servir para poner de relieve las diferencias culturales entre gitanos y payos, denunciar las desigualdades sociales, poner en cuestión elementos de la sociedad mayoritaria y, por supuesto, poner en cuestión elementos de la cultura gitana.

Yo me he reído a carcajada limpia con parodias sobre gitanos, hechas por payos. Buscando recuerdos en mi mente encuentro rápidamente a Los Morancos. Seguramente ellos también se habrán equivocado alguna vez pero, en general, cuando han hecho algo implicando a personajes gitanos, acaban por hacer reír a payos y gitanos (aunque los gustos vayan por barrios). Y ¿por qué te ríes con Los Morancos y no con Bodegas? Porque, aunque a lo mejor ellos no ponen la ética por delante, sí ponen el cariño y el conocimiento que tienen del pueblo gitano, y de eso sí que son muy conscientes cuando crean a sus personajes y parodias. Precisamente ese es uno de los aspectos que define a un humorista profesional frente a una persona que cuenta chistes racistas por televisión.

Se pueden hacer chistes y parodias sobre gitanos sin caer en el antigitanismo, pero para ello hay que ser profesional, hay que hacerlo desde el conocimiento y el respeto, con un posicionamiento ético básico. Un escritor profesional de novelas acostumbra a documentarse muchísimo sobre el contexto social o histórico de su novela antes de escribirla, conoce la temática para no errar el tiro. Si un profesional del humor quiere contar chistes sobre mujeres puede hacerlo, pero debería ser conocedor de la realidad actual de las mujeres para que esos chistes no sean hirientes. Los chistes de Bodegas, sin entrar en detalles, son brutalmente hirientes.

La ética en el humor es necesaria. Debemos tener claro que estamos en el siglo XXI, el humor no puede ir en contra del avance social, el humor no puede ser una excusa para que el mensaje del racismo se propague. De hecho, el humor debería servir para denunciar el antigitanismo y no para darle rienda suelta. Escudarse en la libertad de expresión para defender el monólogo de Bodegas es pura ignorancia, porque la libertad de expresión tiene un claro límite marcado por la Constitución y por el código deontológico de profesionales del mundo del arte, y debería tenerlo también en la propia ética personal.

Hacer chistes hirientes y cargados de mala leche sobre mujeres, discapacitados, negros, judíos o personas LGTBI está completamente fuera de lugar en la actualidad, nadie se reiría de ellos, sería algo completamente anacrónico. Chistes con el mismo tono que los contados por Bodegas sobre otros colectivos no encontrarían ninguna aceptación en el público.

Lo triste y por lo que hoy nos encontramos con esta polémica, es que si esos chistes racistas se cuentan sobre gitanos y encuentran risas, carcajadas e insignes defensores a capa y espada, es porque a los gitanos nos odian y está de moda odiarnos y reírse de nosotros.

La causa ya se encuentra en los tribunales, ni que decir tiene que no llegará a ningún sitio porque el honor y la dignidad del pueblo gitano no forman parte del honor y la dignidad a la que se refieren en la Constitución española, y si no que alguien me explique porque aún no se ha ganado ninguna demanda contra Mediaset por ofendernos semana tras semana y de manera estratégica con el único objetivo de conseguir el máximo de ingresos económicos posibles. Reírse de los gitanos está de moda, y la modas también afectan a la interpretación que jueces hacen de la constitución, y como resultado los gitanos no tenemos dignidad que deba respetarse, nuestra dignidad está para reírse de ella.

Y es por esa falta de defensa de los derechos fundamentales de las personas gitanas por lo que es necesaria una legislación específica que nos defienda del antigitanismo creciente en la sociedad y, especialmente, de su propagación en los medios audiovisuales y de comunicación. No nos sirve la legislación actual, porque ni el derecho al honor recogido en la Constitución ni la legislación sobre delitos de odio nos defienden de ninguna manera.

Por otro lado, el mundo del espectáculo no puede vivir en una burbuja ajena a la ética de los tiempos en los que vive. No se trata sólo del humor, se trata de todas las artes escénicas, se trata de todo el sector audiovisual. No puede ser que todo ese ámbito sea ajeno a un código deontológico colegiado, claro, específico y que garantice la defensa de los más débiles en la sociedad. No me sirve que una empresa tal que Mediaset tenga su propio código deontológico, que lo tiene, en el que habla de preservar el derecho al honor, porqué eso es papel mojado. Me refiero a un código colegiado y común a todos los profesionales del mundo del espectáculo y la televisión, ya que, por el inmenso impacto que tienen en la sociedad, son quienes deberían tener más en cuenta la ética profesional. Ser ético no significa autocensurar la propia libertad de expresión, significa, entre otras cosas, no vulnerar el honor de los demás mientras expresas lo que consideras oportuno.

Si no paramos esto mediante legislación y ética profesional el antigitanismo tan repetitivo en la sociedad y en los medios de comunicación en particular, el racismo hacia el pueblo gitano no va a hacer más que incrementar. Ojalá llegue el día en que escuchar chistes de mal gusto sobre gitanos sea algo completamente trasnochado y pasado de moda, como lo es escuchar hoy día “chistes de mariquitas” de Arévalo, y aunque ya hace más de una década que no sé nada de él, estoy seguro que no se atreve a contar los chistes que contaba en los años 80.

Si estos casos no sirven para poder llevar el anitgitanismo a la agenda política, de poco servirán nuestras quejas y demandas, sólo para avivar aún más el odio que muchos nos profesan por ser y pensar diferente. En fin, para qué seguir escribiendo …

Sólo una cosa: Me niego a tener que condenar amenazas a ningún cómico en este artículo por el simple hecho de yo ser gitano, porque este artículo no va de amenazas contra humoristas, va de ética profesional y antigitanismo. Yo condeno a la falta de ética y al racismo. Parece que si no condenamos esas supuestas amenazas nos acusan de ser cómplices, y eso no es más que otra trampa del antigitanismo.