Godǐpen bodlo thaj zèleno (pensamiento azul y verde)

by David Cortés Cortés

Bandera RomaníTodas las ciudades de Europa que hablen de valores democráticos, de libertad, concordia, de paz, deben tener un Plan Estratégico Contra el Antigitanismo. Lamentablemente hasta que el efecto Pigmalión siga instaurado en el sistema educativo y campe a sus anchas en las escuelas ubicadas en barrios estigmatizados, las fuerzas del orden criminalicen en base al perfil no-blanco, las fuentes de producción económica actúen desde el despotismo y el etnocentrismo, mientras que en las administraciones públicas y entidades sociales tengan cabida la utilización de argumentaciones discriminatorias y subyugadoras, mientras que la Romanipen no se muestre al mundo desde la diversidad, la verdad, desde la libertad de un pueblo que late con su propia sangre, y no como un grupo humano cristalizado en una cultura trivial, perpetuada en la reminiscencia, heredera congénita de la resiliencia, ahistórica y perteneciente al hábitat del gueto, los Derechos Humanos para el Pueblo Gitano seguirán siendo una utopía, seguirán sin representarnos y seguiremos sin sentirnos amparados por declaraciones vacías.

El Pueblo Gitano, el cual siente, abraza y da un valor añadido a los valores universales que representan la vida y la humanidad, somos el único pueblo en la tierra que no ha provocado una guerra. El sentimiento de unidad que trata de transmitir Europa, en las gitanas y en los gitanos ese sentimiento de transnacionalidad forma parte de nuestra cosmovisión, haciendo que todos los Rroma del mundo seamos hermanas y hermanos. Somos un pueblo que desde que salimos de la India hemos transmitido al mundo nuestra riqueza y de la misma forma hemos aportado a Europa gran parte de los progresos provenientes de oriente. En cambio, jamás hemos tratado de dominar, ni esclavizar a ningún otro grupo humano. De ahí que seamos un Pueblo que siempre ha luchado por no ser asimilado, lo que ha conllevado a que abracemos con mayor fuerza y orgullo nuestra Romanipen, lo que nos ha permitido que hoy podamos seguir siendo un Pueblo y que nuestra identidad brille en nuestro interior con luz propia.

Mediante expulsiones, esclavizaciones y genocidios, se ha tratado de extinguir nuestra existencia, de hecho fuimos desposeídos de nuestro idioma, de nuestros apellidos, no nos permitieron que transmitiéramos nuestra Romanipen a través de nuestros oficios, formas típicas de vestir, nuestra visión del mundo. Dolorosamente se ha negado nuestro dolor, nuestra historia, nuestro patrimonio intelectual y cultural.

El Antigitanismo en la historia se ha manifestado a través de la religión, de la ciencia, de las élites académicas, de la sociopolítica, generando ramificaciones y focos de radiación antigitana, causando graves secuelas en la sociedad, generando una conciencia más tolerante al odio y a la discriminación, ha solidificado errores cognitivos, ha estimulado cosmovisiones fundamentadas en la ignorancia y en el alfabetismo de los valores humanos.

El Antigitanismo es un racismo residual, capaz de mutar en el tiempo, de manifestarse desde distintas lógicas y de trascender a todos los ámbitos y esferas, logrando estructurarse desde el ámbito doméstico, hasta las propias instituciones públicas. Asimismo debemos entender que el Antigitanismo es un racismo que promueve la colonización mental, por ese motivo se deben iniciar nuevos marcos teóricos que analicen científicamente y desde un pensamiento genuinamente romaní, cuestiones como la colonización y el estudio de la génesis del Antigitanismo.

Este racismo está provocando que la Romanipen se muestre al mundo desde la marginalidad y la criminalización, que nuestra producción económica se encuentre en un déficit permanente, con lo que tenemos serias dificultades para consolidar nuestro bienestar.

Las narrativas expeditadas por las élites académicas y del poder, así como investigadores/as, sociólogos/as, etc. acerca de aquello que supuestamente somos el Pueblo Gitano, han mostrado al mundo una “cultura gitana” que no es la nuestra, una imagen supeditada y “casualmente” favorable a las instituciones públicas, a la hora de justificar la generación de las bolsas de marginación, que para tantos es tan suculenta y generadora de economía, unas lógicas potenciadoras y abastecedoras de las ideologías y de las mentes más extremistas fundamentadas en el odio. Unas narrativas que han servido de espejo, impidiendo ver los campos y los cielos a través de las ventanas de la libertad.

Dolorosamente tengo que decir que bajo los mismos criterios que se constituyen esas narrativas, actualmente, llamémosla por respeto a aquellas personas que actúan con un corazón limpio, pseudo-sociopolíticas, seudo-entidades sociales, seudo-instituciones públicas,  sus argumentaciones mantienen un paralelismo con dichas narrativas y lógicas, ya que estas argumentaciones están generando y perpetuando una situación, que además están justificando los prejuicios y por defecto generando sinergias de odio.

El Antigitanismo es junto con al Antisemitismo, la Islamofobia, la Homofobia, la Violencia de Genero, la Negrofobia, uno de los mayores males a los que universal y localmente  debemos hacer frente, pero dolorosamente el Antigitanismo es un racismo permisible, muestra de ello es la libre apología que se hace de este racismo en los medios de comunicación. Al no ser tratado, mediante normativas y leyes especificas, la sociedad tiene acceso a la radiación y empoderamiento del Antigitanismo, como un elemento de defensa cultural.

Por tanto este terrible racismo debe formar parte de manera prioritaria de la agenda política, es de suma urgencia desarrollar leyes y normativas específicas contra el Antigitanismo. Para revertir esta situación hasta ahora, exceptuando honrosas excepciones, se han llevado a cabo políticas y acciones sociales enfocadas en el paternalismo, el asistencialismo, la integración, la sensibilización, estos marcos de actuación únicamente se centran en los damnificados, pero no en los “damnificantes”. ¿Sin antes destruir el tanque destructor, que lógica tiene construir apartamentos nuevos? Por esa razón es de suma importancia iniciar un camino hacia la derogación del Antigitanismo.

Es necesario buscar nuevos marcos de actuación enfocados en la generación de nuevas políticas y acciones sociales más intelectuales y de calidad, fundamentadas en la libertad cultural, en la gestión eficiente de la diversidad, en la justicia social, la biopolítica, en el desarrollo de nuevos marcos teóricos basados en la descolonización cultural, la elaboración de nuevas argumentaciones y narrativas que ridiculicen y pulvericen dichas narrativas y argumentaciones Antigitanas.

Como ha ocurrido con otras minorías, es por derecho que el Pueblo Gitano ocupe cargos de representación pública y política, es por ello que las gitanas y los gitanos tenemos el derecho de tomar las riendas de nuestro propio futuro, de tomar decisiones que nos afecten al Pueblo Gitano, pero también decisiones de Estado, construir nuevos paradigmas más democráticos y fundamentados en la diversidad, la equidad , la concordia y la Romanipen.

Es hora de iniciar un proceso de des-trivialización de la cultura gitana, dejar de confundirla y asimilarla con la pobreza y la marginalidad. Es hora de que la perspectiva positiva del Pueblo Gitano se generalice, y que la profesionalidad y el éxito de las gitanas y los gitanos no se conozca a través del “a pesar de ser gitano”.

Es hora de sentarse y establecer nuevas reglas y sinergias que transformen los conceptos y las metodologías, es hora de renovar nuevos acuerdos sociales que estimulen la activación de una conciencia más activa en Pro del Dialogo Intercultural y de los Derechos Humanos, es hora que nos miremos mutuamente, comprendiendo que todos los grupos humanos educamos a nuestros hijos e hijas de la misma forma, buscando que amen, respeten y protejan los valores que representan la vida y la humanidad.

Se debe iniciar un proceso de reparación de la historiografía y el idioma, y la respuesta debe darse a través de la educación obligatoria. Necesitamos establecer espacios donde se difunda, desde la diversidad el pensamiento romaní, nuestras aportaciones intelectuales, históricas y actuales, mostrar al Pueblo Gitano por encima de las lógicas y las narrativas Antigitanas. Necesitamos que se establezcan módulos universitarios que capaciten a profesionales desde el conocimiento y la empatía, y no desde los estereotipos y la banalidad.

Es necesario que se establezca un Plan Estratégico Contra el Antigitanismo, en todos los ámbitos, necesitamos establecer agentes y observatorios que velen por la equidad, la democracia y la no discriminación. Es de vital importancia que los órganos que trabajan en pro de los Derechos Humanos actúen por oficio en contra de las injusticias y aquellos elementos que menoscaben la paz, la libertad y la dignidad humana. Es hora de cambiar los circuitos y que sean los servicios públicos y privados los que deban de demostrar que no han discriminado y que no han tenido un comportamiento racista, actuando en consecuencia con éstos, penalizándolos y desamparándolos administrativamente. Es necesario sentarse y analizar como nuestras hermanas y hermanos iniciaron y desarrollaron la lucha contra el Apartheid, el estudio de los procesos de como establecieron la lucha contra el Antisemitismo, hay que establecer paralelismos con las leyes y normativas que se establecen en las políticas contra la violencia de género y la homofobia.

Aunque existe un camino recorrido en materia de reconocimiento, en materia de restauración de la memoria histórica del Pueblo Gitano no existe un camino real iniciado. Es por ello que no podemos conformarnos, debemos seguir caminando e iniciar el camino de la restauración. Hablar de restauración histórica y deuda histórica, es hablar de dos caras de la misma moneda. Es hora de que se haga justicia contra los Crímenes Humanos cometidos a lo largo de la historia contra el Romano Them, Pueblo Gitano, potencialmente ejecutados por los autoritarismos de las élites de poder, la religión y la monarquía, el nazismo, el fascismo, las dictaduras, etc.

Esta terrible deuda contraída con el Pueblo Gitano debe ser restituida por justicia, y la justicia no se pide, se exige.

Competir en una carrera sin meta hace infinita una prueba atlética, correr por llegar antes dentro del vagón de un tren, no produce más que ansiedad y agotamiento, caminar por el bosque entre los árboles, sin mapa, ni brújula es andar en círculos.

OPRE ROMA!

Sobre la memoria histórica del pueblo gitano

by Pedro Casermeiro

mapa-memoria-historica-850

Hace ya varios años que los gitanos empezamos a interesarnos por nuestra propia historia, y puede que para muchos el primer contacto fuera con el famoso disco de El Lebrijano “Persecución”. Y aunque antes de publicarse ese disco ya se conocían grandes investigaciones sobre historia, el disco del Lebrijano marcó un punto de inflexión, ya que fue el momento en que la historia gitana se hizo pública para la gran mayoría de gitanos.

A partir de los años 80 y 90 las asociaciones gitanas empezaron a difundir lo poco que se sabía de la historia gitana. El problema es que la historia que se explicaba no había sido interpretada por gitanos, sino que había sido interpretada por investigadores, que aunque tuvieran muy buena voluntad y quisieran ser imparciales, siempre analizaban unos hechos concretos y tangibles –hechos históricos– desde un posicionamiento que obviaba la cultura gitana, los pensamientos gitanos y los modos de actuar de los gitanos. Dicho de otra manera, la historia gitana siempre ha sido explicada desde el punto de vista gachó, y nunca desde un punto de vista gitano.

Podríamos aceptar todas las explicaciones que se dan sobre nuestra historia. Por ejemplo, podríamos aceptar que cuando entramos en la península ibérica a principios del siglo XV lo hicimos como peregrinos de manera engañosa para aprovecharnos de las buenas gentes que aquí vivían; o que más tarde no nos expulsaron los reyes católicos porque necesitaban mano de obra. Explicaciones que siempre han sido aceptadas, pero que parten de una interpretación claramente sesgada de unos hechos concretos: la entrada como pelegrinos y la no expulsión de los gitanos. En ambos casos se mira a los gitanos como mentirosos o como mano de obra barata, exactamente igual que ahora, y obviamente esto no es una casualidad, sino que la visión que los gachés tienen grabadas a fuego en lo más profundo del subconsciente acaban manifestándose en las interpretaciones que se dan de nuestra historia. Y ciertamente pueden darse interpretaciones diferentes a esos hechos históricos concretos que no nos posicionen ni como mentirosos ni como mano de obra barata.

Y llegado el siglo XXI creo que es de justicia que podamos ser nosotros quiénes expliquemos nuestra propia historia. Nos hace falta aún más información, necesitamos investigar muchísimo para conocer nuestra historia, y hace falta que esas investigaciones sean conducidas por mentes gitanas que puedan interpretar todos esos hechos desde un punto de vista gitano.

Un pueblo para ser un pueblo necesita una historia compartida, y nosotros los gitanos aún no la tenemos. Se nos ha tratado de explicar que ya desde el principio venimos a aprovecharnos de los pobres católicos, y que aun así nos perdonaron y nos dejaron quedarnos, eso sí, con una penitencia, dejar de ser gitanos. Nuestro pueblo ha sido invisibilizado desde el año de la primera pragmática contra los gitanos de 1499. Se nos dio el nombre de gitanos y se nos definió como un grupo de personas que viven del engaño, se nos negó el tener una cultura y unos valores diferentes, sólo podíamos ser cristianos y españoles, o aspirantes a ello. Más tarde incluso se quiso prohibir la utilización de la palabra gitano, si no existía un nombre con el que definirnos, entonces no existiríamos.

El construir la memoria histórica es un asunto mucho más complejo que estudiar historia y explicarla. El proceso de construcción de la memoria histórica gitana implica también un componente emocional y un componente identitario. Lo sucedido con los gitanos en la península ibérica es, a grandes rasgos, muy similar a lo ocurrido con los gitanos en toda Europa, y no sólo en lo referente a hace cinco siglos, sino también en la actualidad. Y lamentablemente lo que más nos une a gitanos de todo el mundo es la discriminación y la exclusión sufrida. La construcción de la memoria histórica tiene un claro objetivo de búsqueda de justicia, de una justicia histórica y cultural, una justicia que permita el camino para que seamos reconocidos, aceptados y valorados como pueblo.  Y quizás, cuando seamos capaces de otorgarle un sentido y una explicación a nuestro presente como gitanos y seamos capaces de reconocernos tanto en España, como en Suecia, como en Rusia, dejaremos de ser un pueblo para ser una nación.

En ese proceso de construcción de nuestra memoria como pueblo tenemos que recoger todo lo bueno y todo lo malo. Porque hasta la fecha sólo se nos han contado cosas malas, y se nos ha robado -invisibilizado- todo lo bueno que hemos hecho (léase el flamenco, entre otras cosas). Se ha invisibilizado que somos una cultura compuesta por valores y tradiciones que han viajado desde la India hasta América, que se han alimentado de todos y cada uno de los lugares por donde pasamos, que somos una cultura viva y en continuo mestizaje, pero manteniendo siempre una idiosincrasia propia. Tenemos que explicar que a pesar de cinco siglos de persecución cultural seguimos siendo gitanos contra todo pronóstico. Tenemos que explicar que nuestra cultura no es una cultura marginal, ser gitano no significa ser pobre, ni significa ser un excluido, ser gitano es otra cosa.

Lamentablemente la gran mayoría de políticas dirigidas a los gitanos tienen esa visión de pueblo marginal o pueblo excluido. Lo mismo sucede con las investigaciones que se llevan a cabo en las universidades, en las que generalmente se coloca a los gitanos en el foco de la investigación en tanto que grupo con dificultades sociales; y los gitanos somos mucho más que un grupo con problemas sociales (que ya se nos definió así en la pragmática de 1499) y tenemos que poder explicárselo con su mismo lenguaje, con investigaciones y con reivindicaciones políticas.

Construir nuestra memoria tiene también la función de explicarle al mundo quienes somos los gitanos, y no que se lo expliquen los gachés entre ellos, o nos lo cuenten ellos a nosotros, como ha pasado hasta ahora. La reconstrucción de nuestra imagen social pasa también por ahí. Si no somos capaces de explicar al mundo quiénes somos y cómo somos, la visión que se tiene de los gitanos permanecerá inmutable –mentirosos y mano de obra a la que explotar.

Lo que también podemos decir es que este proceso de reconstrucción de la memoria histórica de los gitanos ha comenzado. En los últimos años ha crecido mucho el interés entre las entidades gitanas por lo que sucedió en los campos de exterminio nazi con los gitanos, o lo sucedido aquí en la Gran Redada de 1749, y se ha empezado a pedirle de manera más contundente a los gobiernos el reconocimiento de lo sucedido y la reparación de los daños. También empieza a recogerse lo sucedido durante el franquismo, sin embargo el dolor de este episodio aún está demasiado cercano como para removerlo. Y esto no debe ser más que el principio. Como he dicho antes, debemos partir de lo malo y de lo bueno, de lo sucedido en la península ibérica y de lo sucedido en toda Europa. Y son las asociaciones gitanas quienes están en mejor posición para reivindicar y liderar ese proceso. Y aunque muchas personas gitanas recelen y no confíen en el mundo asociativo, la realidad es que de momento no existe una mejor herramienta. Y creo también que todos los que estamos interesados en este asunto debemos marcar una línea estratégica común y abordar el asunto de manera integral, sino difícilmente consigamos nuestros objetivos. De momento las entidades gitanas, en nuestra inmensa mayoría, hemos puesto el foco en la promoción laboral y educativa del pueblo gitano, que son cuestiones de vital importancia en nuestro presente, pero debemos empezar a abordar la causa de nuestros problemas con la sociedad, que no es otra que el racismo y el no reconocimiento de nuestra cultura como una más.

Espero que entendáis las reflexiones que he intentado plasmar en este artículo. En ningún momento he pretendido ser exhaustivo, por lo que quedan muchas cosas en el tintero, y prácticamente todo por matizar y clarificar. Sin embargo, sí que pretendo hacerme eco y sumarme a las reflexiones de otros muchos gitanos y poder hacerlas llegar al máximo de gente a través de este aliado (y enemigo) que tenemos en internet.

 

Reflexiones gitanescas sobre el 12 de octubre

by Pedro Casermeiro

12-de-octubre

Probablemente al tratar de traspasar mis reflexiones sobre el 12 de octubre al teclado del ordenador estaré entrando en un jardín de difícil salida, en cualquier caso siempre me quedará la opción de intentar deshacer mis pasos y borrar todo lo que escriba. No obstante intentaré que esto último no suceda y poder expresar con cierto orden y claridad algunas de las ideas que no dejan de perturbarme desde hace ya tiempo.

El 12 de octubre se celebra el Día de la Hispanidad, o la Fiesta Nacional de España, ya que ese mismo día de 1492 Cristóbal Colon pisó América, aunque él pensara que se encontraba en Japón. En cualquier caso lo que realmente se celebra no es la llegada de Colón a América sino la importancia que ello tuvo para la creación del Estado Español y la unificación de diferentes territorios peninsulares bajo la monarquía de los reyes católicos y la proyección de la cultura y lengua española.

Y aunque para la mayoría de personas, la celebración de esta efeméride parezca algo razonable, existen muchas voces críticas. En Cataluña y en el resto del Estado se está generando una gran polémica por la decisión del consistorio badalonés de no celebrar la diada y trabajar como cualquier otro día del año, arguyendo que el 12 de octubre de 1492 acabó dando lugar a un genocidio cultural y humano.  Y ciertamente, la colonización de América por parte de las naciones europeas tuvo un denominador común: la imposición de la cultura, la lengua y la religión del país colonizador y la anulación forzosa de las culturas, lenguas y religiones indígenas.

Para muchos, esta discusión puede parecer algo trivial, ya que han pasado más de 500 años de aquel momento, y lo que hoy día se celebra no es el genocidio cultural de los pueblos indígenas, obviamente. Sin embargo creo que es muy positivo y sano desde el punto de vista democrático que podamos discutir este tipo de cuestiones en nuestro país. ¿Y por qué es positivo poder discutir sobre ello? Muy simple, porque dentro de nuestro propio país siguen existiendo heridas abiertas muy profundas. Lo que estos días se está subrayando es el genocidio cultural llevado a cabo en América, no obstante nadie se acuerda del genocidio cultural que también se inició a finales del siglo XV en la propia península ibérica con otros pueblos como víctimas. En 1499, siete años después del descubrimiento de América, los reyes católicos promulgaron la primera pragmática contra los gitanos y su forma de vivir. Y ese es el preciso momento en que la cultura y el pueblo gitano empezaron a debatirse entre la exclusión, la marginación o la asimilación … y 600 años después seguimos prácticamente en la misma disyuntiva, con las consecuencias sociales que todos conocemos.

Entender la historia es el primer paso para entender el presente y trazar el futuro con cierta armonía. Lo negativo de la polémica creada estos días son las formas. Parece que funcionamos a “arreones” políticos, y que cuando pase una semana todo este tema habrá quedado en el olvido hasta el año que viene. Considero que necesitamos revisar la historia, reivindicar todo aquello que se nos sustrajo y analizar las consecuencias de todo ello. Necesitamos “hacer pedagogía”, no basta con un calentón político de una semana, hay que ir más allá, y hay que hacerlo respetando a todo el mundo y sin herir sensibilidades. El 12 de octubre, aunque para algunos simbolice el inicio de un genocidio, es la fecha en la que se celebra la cultura, la lengua y la identidad nacional de un pueblo, y debe ser respetado, por grande o pequeño que sea. Y repetimos, no se celebra la aniquilación de nadie, ni se celebra en contra de nadie. Por ello, cualquier objeción de conciencia sobre la celebración de esta fecha debe plantearse desde una posición empática y respetuosa con quien la celebra, pero a la vez asertiva y pedagógica.

¿Tendría sentido pedir que esta celebración cambiara de fecha para así evitar herir sensibilidades? Si la respuesta es sí, entonces también tendría sentido que los gitanos solicitásemos que se retirasen todos y cada uno de los monumentos erigidos en honor a cualquier monarca que hubiera promulgado alguna pragmática contra nuestra cultura o idioma. Esto parecería una barbaridad, pues bien, se ha hecho y se está haciendo con todo aquello que recuerda al caudillo de España por la gracia de Dios. En cualquier caso, mi respuesta personal a la pregunta sería un claro “no”. La revisión de la historia debe enriquecernos como sociedad y como democracia, y para ello debe hacerse desde el sosiego y la neutralidad que deben aportarnos 600 años de historia compartida. No podemos juzgar con nuestros valores actuales lo que sucedió entonces, sino no quedaría títere con cabeza. No podemos juzgar ahora a la iglesia católica por la Inquisición, como tampoco podemos juzgar ahora a la monarquía ni al estado español por el genocidio cultural del pueblo gitano o los pueblos indígenas ocurridos hace cinco siglos.

Sin embargo, remarco que sí debemos estudiar y comprender lo que sucedió y promover la restitución de las víctimas, en este caso diferentes pueblos que, como los gitanos o los indígenas, nos vimos obligados a olvidar nuestra lengua, nuestra cultura y nuestro modo de pensar. Para nuestro pueblo en particular es de vital importancia. Después de varias décadas en las que se está trabajando por la integración o la inclusión o “lo que sea” del pueblo gitano, pocos se han parado a pensar que lo primero debería ser la restitución de nuestro pueblo en su conjunto, de nuestra cultura, centrándose en nosotros como pueblo, como colectivo, como nación, y no como personas individuales que buscan una mejor situación socioeconómica, que es en lo que se centran el 99% de las políticas sociales dirigidas a los gitanos. Mientras no se cambie el prisma y se entienda que somos un pueblo y se nos trate como tal, seguiremos en nuestra eterna encrucijada: la marginación, la exclusión o la asimilación.

Espero que este tipo de debates que empiezan a surgir no se cierren de un portazo y tampoco queden enquistados convirtiéndose en una arma arrojadiza más entre posiciones políticas opuestas. Espero que podamos debatir y comprender a fondo cuáles son los efectos de las políticas actuales sobre las relaciones entre pueblos y culturas en continuo contacto. Espero que se llegue a entender algún día que la promoción de cualquier cultura no debe pasar por la ofensa o sometimiento de otra cultura. Y espero que se comprenda que el pueblo gitano es un pueblo con una cultura y una identidad colectiva, y no un grupo de personas con necesidades socioeconómicas.

Y llegados a este punto, espero estar cerca de la salida del jardín en el que decidí entrar voluntariamente hace un rato …

El hambre camina

by Daniel Diaz Heredia

refugiados-caminando

Hace poco más de cien años, con la ya lejana primera guerra mundial,  el mundo conoció el fenómeno de los refugiados a gran escala, esas personas que huyendo de la guerra, buscan refugio en un país vecino.

Hoy en la Europa del euro, una Europa de derechos una Europa unida, se ciñe la sombra de la vergüenza ante el tema de los refugiados de Siria, un conflicto que se alarga ya más de cinco años y que ha defenestrado un país entero. Es curioso que se les llame “refugiados” porque no se les da ese “refugio” que piden, al contrario la Europa del euro, la Europa de derechos no admite a estas personas que huyen del horror. Y es más curioso que al ver  las columnas de refugiados caminar por una Unión Europea vacía de solidaridad me venga a la cabeza el pueblo gitano, ese pueblo que ya no le dejan ser errante y que se ha de conformar con vivir en la mayoría de los países europeos como ciudadanos de segunda. Quizás los gitanos europeos hemos pagado, y seguimos pagando, el hecho de ser un pueblo “refugiado” en Europa con la moneda de la marginación y la segregación en mayor o menor medida. Y por desgracia la insolidaridad de los estados de Europa ante los refugiados no es nada nuevo, basta recordar como murieron miles de persona en los campos de concentración que el gobierno francés preparó para los que huían de la guerra civil española, o como se comportó la ONU ante la guerra de Yugoslavia, tema que aún hoy día no acaba de estar zanjado. La lista de la indolencia europea es larga…

Pero a la vez pienso, que algunos estados europeos se nutrirían muy bien de estos refugiados ,como por ejemplo España , que para demostrar su servilismo con el gobierno central tiene la mala fama de ser el país que menos refugiados ha acogido, y paradójicamente es el que más los necesita!!!. ¿Por qué? Pues resulta que España fue el país con la tasa de natalidad más baja de mundo, que la mujeres  en edad fértil en la década de los ochenta fue la más estéril del mundo y en en veinticinco años nos enfrentaremos a una población profundamente envejecida. Los refugiados sirios nos aportarían gente preparada y cualificada, ya que era una zona donde la gente tenía posibilidad de estudiar y formarse, además de renovar esa carencia de vitalidad tan propia de este estado.  La llegada de gente preparada  renovaría de forma puntual e ínfima el índice demográfico.

Y es que las personas  recién llegadas siempre han sido un problema,  el desconocimiento  y los prejuicios  es el pecado original de los estados, y hemos de pensar que siendo la naturaleza del ser humano es en su origen nómada habría que pensar por qué, estamos sujetos a la creación ficticia de los países. Posiblemente por pura conveniencia.  Es el hambre y la necesidad lo que nos hace movernos, está en nuestros genes, está en nuestra naturaleza, el ser humano es el mamífero que menos energía gasta al desplazarse. En torno al siglo XIII-XIV los gitanos llegan a Europa occidental y pese la buena acogida inicial los reinos y ducados que los “acogen”, a los pocos años empiezan a crear leyes en contra de ellos.  Y es que los gitanos plateaban una forma de vida alternativa a la Europa feudal, la de vivir en pequeñas comunidades que comercian e intercambian bienes con poblaciones estables; y esto, en un mundo occidental que iba a dar a luz a la monarquías absolutistas, era una provocación. Podía cundir el ejemplo como paso en Irlanda con los Travellers.

A pesar de la distancia cronológica los refugiados de Siria a día de hoy tienen muchas similitudes con el pueblo gitano. La primera es el huir del país de origen, en el caso del pueblo gitano es un misterio, pero los expertos apuntan a un conflicto bélico, social o religioso. Ambos pueblos pasaron todo tipo de calamidades en su paso por Europa a causa de las leyes de los diferentes estados (no olvidemos que la Europa unida de Ángela Merkel gastó dos mil millones de euros en blindar las fronteras de su comunidad económica). De hecho ambos pueblos la siguen sufriendo, baste recordar las expulsiones que promulgó Sarkozy en Francia contra los gitanos o la expulsión de gitanos en Italia hace pocos años, o la más reciente expulsión de gitanos de origen kosovar, nacidos en Alemania, que fueron enviados a Kosovo, algo completamente sin sentido.

En cuanto al pueblo Sirio solo hay que ver un periódico para ver las continuas expulsiones y trabas que sufren día a día. Ambos pueblos provienen de un poso cultural complejo antiguo y rico que ha enriquecido el contexto cultural europeo. Para mostrar esto recordar que cuando los gitanos entraron en Europa sabía medir la distancia de las ciudades de oriente medio a la luna, sabían calcular el diámetro terráqueo, introdujeron en el nuevo continente formas de metalurgia nuevas, como el uso del fuelle y enriquecieron el folklore popular europeo. Esperemos que nuestros estados nos dejen enriquecernos con la llegada de más refugiados sirios.

 

La discriminación positiva con la comunidad gitana en el ámbito universitario

by Ramón Flores

IMG-20160513-WA00031

La discriminación positiva (affirmative actions, en inglés) fue una terminología usada por primera vez de forma oficial en los Estados Unidos, cuando el presidente John F. Kennedy firmó en 1961 una disposición según la cual los contratos del gobierno debían adoptar medidas positivas para garantizar que los solicitantes de un empleo serían considerados para tal sin tener en cuenta su raza, credo, color u origen.

Hoy en día, tanto en los Estados Unidos como en otros muchos países del mundo, la discriminación positiva forma un conjunto de leyes, políticas y prácticas administrativas que pretenden acabar y corregir los efectos de una forma específica de discriminación. Estas medidas incluyen programas que se centran en el acceso a la educación y el empleo, concediendo y tomando en consideración especial a los grupos históricamente excluidos como las minorías raciales. El objetivo de la discriminación positiva es corregir las desventajas asociadas con la discriminación racial en el pasado, para eliminarlas en el presente. Mediante estas medidas, se aspira a que instituciones públicas (mayoritariamente) como Universidades, Hospitales y demás servicios públicos, sean más representativos de las poblaciones a las que sirven.

El debate sobre la discriminación positiva con la comunidad gitana en Europa no ha marcado aún una división filosófica ni un diálogo continuado sobre su idoneidad, sin embargo, sería interesante poner sobre la mesa diferentes cuestiones, ¿en qué medida la discriminación y los prejuicios persisten de una manera sistémica? ¿En qué medida los programas de discriminación positiva han sido, o pueden ser eficaces para proporcionar oportunidades académicas y laborales a la comunidad gitana?

Respecto a un hipotético escenario de discriminación positiva en las universidades con la comunidad gitana en España, a diferencia del sistema de becas específicas, un sistema de cuotas (por ejemplo) estaría dirigido a permitir el ingreso de forma diferenciada a las universidades públicas, de acuerdo con porcentajes de estudiantes gitanos sobre el total que establece cada universidad, quienes concursarían entre ellos por esos cupos.

La comunidad gitana ha sido categorizada como minoría discriminada a lo largo de la historia, y ya que no forman parte en las políticas públicas y tampoco nunca se ha hecho preguntas sobre la idoneidad de tales iniciativas: ¿Qué es necesario hacer para que las universidades no sean el epicentro de transmisión de una única y verdadera cultura, sino un espacio de intersección y diálogo entre las distintas formas de ser, pensar y reaccionar?

Educación y cultura son inherentes una a la otra, ya que no existe educación sin interacción entre prácticas culturales y los modos de ser, pensar y reaccionar en las sociedades contemporáneas. Dicha relación se edifica como algo estructural, tal como afirmaba el sociólogo jamaicano Stuart Hall (1997) sobre la “centralidad de la cultura”.

No podemos obviar que las minorías étnicas y culturales se han formado desde la hegemonía de algunas formas de cultura por encima de otras. Por lo tanto, la relación entre la educación y el reconocimiento cultural no pueden concebirse como estamentos independientes, sino como elementos entrelazados.

Sin embargo, con el actual sistema del Estado español, esto no sería posible. De entrada, el artículo 14 de la Constitución dice textualmente: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.”

Bajo esta premisa, no existe reconocimiento como minoría étnica a la comunidad gitana en España como tal, puesto que como dice el artículo 14, los españoles son iguales ante la ley (los gitanos nacidos en España son, obviamente, españoles) y no prevalece discriminación alguna por raza (aunque esto es discutible). El estado español, no contempla actualmente un marco nacional de protección de las minorías en el país, como otros modelos de protección adoptados en la República Checa, Hungría, Rumania y Suecia, por nombrar algunos otros miembros de la Unión Europea.

Pero si tomamos como ejemplo las medidas adoptadas por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJCE) con respecto a la igualdad entre hombres y mujeres, podemos encontrar datos interesantes para hacer comparaciones interesantes.

Observamos que en este sentido se tiene en cuenta que cualquier medida de acción positiva responde al principio de igualdad de oportunidades, que las instituciones europeas persiguen para garantizar la igualdad efectiva y no un determinado resultado material. Así, aunque la realización de la igualdad efectiva pueda requerir la adopción de medidas discriminatorias, el objetivo último de estas medidas es enfrentarse a la discriminación. Por lo tanto, el principio de igualdad de oportunidades en que se fundamenta la acción-discriminación positiva no solo es compatible, sino también complementario, con el principio general de no discriminación.

En este escenario, ¿Sería posible un marco similar con medidas que faciliten el acceso a la universidad a los miembros de la comunidad gitana, teniendo en cuenta que en España no hay reconocimiento institucional de minorías?

Sin embargo, dichas medidas, podrían encontrarse con barreras sociales que podrían acrecentar la brecha discriminatoria y las percepciones negativas hacia la comunidad gitana. Sírvase como ejemplo algunos casos en Estados Unidos, uno, el caso De Funis. Este joven fue rechazado por la Facultad de Derecho de Washington a pesar de que sus buenas calificaciones superaban a las de sus competidores negros, filipinos, hispanos y nativo americanos, pero privilegiados en razón de las medidas antidiscriminatorias que establecían cuotas. Posteriormente ocurrió algo parecido en el caso Bakke. La Facultad de Medicina de la Universidad de California contaba con 100 plazas, de las cuales 16 correspondían al programa de acceso a las minorías. Bakke, de raza blanca, obtuvo el puesto 84 y no fue admitido. Si hubiera sido miembro de una minoría habría conseguido la plaza en razón de sus méritos.

Se podría argumentar que debido a la coyuntura social y económica en la que está inmersa España en estos días, dichas medidas de discriminación positiva podrían tener un impacto negativo en la sociedad, reclamando que en vez de tomar en cuenta cuestiones étnicas, se tomaran en cuenta cuestiones económicas, estableciendo cuotas y ratios para aquellos estudiantes con mínimos ingresos.

No obstante, diversas investigaciones han demostrado que las experiencias de diversidad en la universidad pueden tener efectos positivos para el crecimiento cívico y social de los estudiantes y su participación saludable en un mundo cada vez más globalizado. Pero incluso si las instituciones de educación superior sólo utilizaran los ingresos familiares y no una cuestión étnica, como su principal criterio para la diversidad, muchos desafíos estructurales permanecerían. Hoy en día observamos claramente que el número de ingresos a las universidades de estudiantes gitanos desde secundaria procedentes de familias con bajos ingresos, está muy por debajo de los estudiantes no gitanos.

Podemos deducir que las políticas de discriminación positiva pretenden favorecer la recuperación entre grupos desiguales designando a los beneficiarios de dichas medidas (Urteaga, 2009). Se trataría de unas medidas preferentes cuyas formas difieren, aunque intervengan en ámbitos similares, y que genera ciertas polémicas para determinar si nos encontramos ante una ayuda o un favor.

Es obvio que el caso español dista mucho de otros países como Eslovaquia o Macedonia, donde sí se han tomado medidas a favor de la inclusión de alumnos gitanos en estudios superiores, porque como comentábamos anteriormente, en España la comunidad gitana no está reconocida como una minoría étnica, pero sin duda alguna, el debatir abiertamente sobre esta cuestión nos daría la posibilidad de investigar si abrir dichas cuotas aumentaría el porcentaje de estudiantes gitanos en las universidades españolas.

Qué duda cabe que podríamos convertir en necesario un debate donde se analicen algunas de las objeciones más habituales formuladas contra los programas de discriminación positiva y revisar las razones que aducen quienes abogan por ellas, señalando al mismo tiempo los criterios que habrían de cumplirse en su implementación para responder a las exigencias de la realidad social y cultural con la comunidad gitana en España.

Por lo tanto, partiendo tanto de planteamientos que se podrían adaptar de medidas existentes como desde principios autóctonos y adaptados a la realidad social del país,  la vía seguida debería ser muy concreta: medidas encaminadas a hacer efectiva la igualdad entre todos los ciudadanos y la uniformidad de trato entre los mismos, gitanos y no gitanos.

Tal vez, los líderes institucionales, académicos y políticos deberían hacer frente a estas cuestiones y problemas en un esfuerzo por evolucionar hacia el paradigma de una auténtica diversidad fomentando este debate abierto. Seguir haciendo lo mismo que hasta ahora es simplemente tirar el dinero en un problema, o volver a reproducir el mismo disco rayado (programas de integración, estrategias y demás documentos sin sentido). Podríamos evitar tomar caminos repetitivos para romper el ciclo de fracaso, exclusión y privación. Lo que está claro es que seguir redundando en el modelo actual sería el eco de la definición de demencia, repitiendo las mismas acciones una y otra vez mientras esperamos un resultado diferente.