Diez años después del Roma Youth Action Plan

by Ramón Flores

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En septiembre de 2011, como seguimiento de la Declaración de Estrasburgo, el Consejo de Europa reunió en una Conferencia a jóvenes gitanos para hablar sobre los temas de la declaración (ciudadanía y no discriminación, inclusión social y cooperación internacional) y empezar a marcar las prioridades y actividades que debían ser incluidas en el “Roma Youth Action Plan”. Una Conferencia organizada en cooperación con las grandes organizaciones juveniles gitanas del momento, FERYP, TernYpe y Pakiv.

Destacar el rol de la juventud dentro de las políticas que afectan a las comunidades gitanas, fue, es y será siempre una prioridad para el Consejo de Europa, así como a todas las organizaciones juveniles y actores relevantes que han estado años trabajando para que una voz que representa a muchos millones de personas sea escuchada y tenida en cuenta.

Principalmente FERYP, por haber sido la primera y más longeva organización juvenil gitana, fue pionera en muchísimas cosas. Fue la primera en hablar abiertamente sobre temas que hace diez-quince años, aún eran tabú no solo entre las comunidades gitanas, sino en la sociedad en general y en la juventud europea en particular.

Hablar de identidades diversas dentro de las comunidades, hablar de empoderamiento de las mujeres jóvenes, ser los primeros en salir del círculo “los gitanos para los gitanos” y abrir el campo de actuación cooperando con otras organizaciones juveniles, fueron tan solo unas cuantas pinceladas de la creatividad, iniciativa y valentía de la juventud gitana europea hace unos años.

Los principales elementos que se trabajaron en la Conferencia de Estrasburgo en 2011 fueron:

  • Cambiar prejuicios y estereotipos.
  • Desarrollar la participación y autonomía de la juventud gitana.
  • Defender los derechos humanos a través del empoderamiento de los jóvenes, formándolos en la educación de los derechos humanos.
  • Promover la igualdad de oportunidades en áreas como la educación, vivienda, salud y empleo.
  • Promocionar la identidad, la cultura y las lenguas gitanas.

Hoy, diez años después de aquella Conferencia (once, en realidad, pues ha habido una pandemia por medio), el Consejo de Europa ha cambiado el formato sobre el rol y la participación de los jóvenes y las comunidades gitanas.

El próximo 12 de octubre, el Consejo reunirá a un numeroso grupo de activistas gitanos para discutir sobre la implementación del Plan de Acción Estratégico del Consejo de Europa para la Inclusión de los Gitanos y Viajeros (Travellers).

De nuevo, se hablará sobre:

  • El rol de las comunidades gitanas en el desarrollo de la sociedad civil europea.
  • Hablar sobre las propuestas de colaboración entre la sociedad civil gitana y el Consejo de Europa.
  • El rol de las redes gitanas y su cooperación con otros grupos de interés.
  • Intercambiar experiencias y compartir las buenas prácticas sobre inclusión gitana.

 

Llama poderosamente la atención -o al menos, llama la mía- las temáticas a discutir. Desde que yo conozco el Consejo de Europa y sus actividades, apenas ha cambiado sus expectativas y su rol. Eso no quiere decir que no sea necesario, de hecho, lo es más que nunca y el Consejo de Europa siempre será uno de los actores más importantes en el desarrollo y participación de las comunidades gitanas, dándole voz donde otras instituciones a nivel europeo o nacional jamás lo han hecho.

Sin embargo, la juventud gitana, a pesar de tener un plan concreto de acción, de haber sido actor principal en los últimos años, parece que sigue quedándose difuminada y acoplada a otros programas. Si alguien toma unos segundos en mirar las actividades del Roma Youth Action Plan, se detienen en 2017, al menos de manera de oficial. Aun así, el pasado 8 de abril hubo una actividad sobre empoderamiento y participación juvenil organizada por ERGO Network y Phiren Amença, las organizaciones que han tomado el relevo y hoy son actores principales sobre juventud gitana.

El rol de la juventud gitana a nivel internacional, al menos con el Consejo de Europa, se ha integrado dentro del Council of Europe Strategic Action Plan for Roma and Traveller Inclusion (2020-2025). Suponemos que es una acción para reducir costes debido a la crisis mundial y al cierre que han ejercido determinados países en sus aportaciones al Consejo y en particular, al departamento de ciudadanía democrática y participación.

Esto no debería ser un problema en sí, pero quizá el rol y el protagonismo de la juventud gitana no ha evolucionado como habíamos soñado unos años atrás. Es posible que ahora, unos años después, los nuevos líderes de la juventud gitana, quieran volver a sacudir Europa y dejar su huella asumiendo un nuevo rol.

Las políticas actuales de las instituciones europeas, como podemos ver, no son diferentes a lo que eran hace unos años y un nivel sustancial de incertidumbre rodea a toda una serie de políticas y proyectos puestos en marcha por el Consejo. Pero antes de que se entre de nuevo en la dinámica de hacer aportaciones y recomendaciones sobre como empoderar a las comunidades gitanas, como formar nuevos líderes y promover la inclusión social, tal vez los propios líderes deberían introducir nuevas reformas y protestas; deben hacer una pausa para asegurarse de que no están repitiendo los errores del pasado.

Esto es particularmente importante cuando las capacidades de las instituciones europeas están en declive y hay menos dinero disponible para el desarrollo de actividades y proyectos. No podemos darnos el lujo de dejar que los conocimientos adquiridos durante tantos años de lucha y trabajo sobre lo que funciona -y lo que no funciona- se desperdicien.

La experiencia adquirida por los que ya estuvimos allí, revela una necesidad crítica de establecer un marco claro para la participación gitana que defina pautas y puntos de referencia para determinar quién está involucrado, en qué etapa, con qué «nivel» de participación y la metodología mediante la cual se llevará a cabo.

La calidad de los procesos participativos de la juventud gitana se ha visto restringida por la capacidad limitada de los gobiernos europeos y la propia sociedad civil. Los gobiernos carecen de habilidades para ejecutar procesos que se proponen a nivel europeo pero que después son incapaces de ejecutar a nivel nacional. La sociedad civil gitana europea sigue careciendo de habilidades de análisis y elaboración de políticas y recursos financieros y, en algunos casos, conexiones con las bases, paradójicamente en esa Europa del este donde tanto hincapié se hace.

Debería ser de vital importancia que los jóvenes, principalmente desde las áreas locales y nacionales, den un golpe en la mesa y prioricen el aprendizaje y la innovación sin la distracción de más cambios en las políticas que surgen desde Estrasburgo. En lugar de cambiar las prioridades o introducir más recomendaciones, la atención debe centrarse en afrontar los desafíos que hoy se encuentran las comunidades gitanas en general y la juventud en particular, aprovechando al máximo lo que ya sabemos. No olvidemos que las instituciones europeas deben estar al servicio de la sociedad civil y no al revés, y deben alentar el trabajo en las áreas que la sociedad civil gitana demande, no solo inventar cosas nuevas, como una forma de ahorro eficiente y mejores servicios para los ciudadanos gitanos europeos.

Si nos dicen que diez años después tenemos que seguir haciendo recomendaciones sobre cómo luchar contra el antigitanismo y seguir compartiendo buenas prácticas sobre inclusión gitana, es que algo hemos hecho mal. Recuerden eso de:

“La locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes”

Porque eso es asumir que no hemos sabido combatir el antigitanismo y que lo de compartir buenas prácticas no sirve para nada. Porque sigo creyendo firmemente que no necesitamos formar a más jóvenes líderes gitanos para luchar contra el antigitanismo, sino que tenemos que implicar al resto de la sociedad a que sean ellos los que tomen un rol activo, derriben sus prejuicios y se pongan a trabajar codo con codo con nosotros y no solo vernos desde la distancia y aplaudir lo mucho que nos implicamos…

Es la hora de adaptar las nuevas realidades de la juventud y las necesidades de la gente para atajar y desarrollar programas más efectivos y detener esta rueda infinita de hablar siempre de lo mismo. Es hora de admitir que no hemos hecho todo bien, que nos hemos equivocado y que hemos aprendido de los errores. Los desafíos son los suficientemente grandes e importantes para que la nueva generación de jóvenes, sobradamente preparados, sean capaces de generar sus propias oportunidades y reclamar sus demandas. Esto implica aprender de lo que salió mal y de lo que salió bien, y comprender el meollo de la cuestión: de dónde provino una iniciativa, cómo se desarrolló y las formas de trabajo que se pueden aplicar en otros lugares, no solo en los detalles de un programa a tratar en un seminario de dos días. Ser conscientes de cuáles son las partes que hubiéramos hecho de manera diferente, cuáles son las partes que estropeamos y qué aprendimos de eso.

El Consejo de Europa y el resto de instituciones europeas también deberían tomar nota del aprendizaje alcanzado estos años. Saben cómo hacerlo, el Consejo Asesor de la Juventud (The Advisory Council on Youth) es el mejor ejemplo de ello: mantener fuertes vínculos con lo que sucede sobre el terreno y escuchar activamente a las comunidades locales sobre lo que debería ser una nueva era en esta Europa tan cambiada y cambiante.

Así que este es un amable recordatorio a la generación de jóvenes que ahora debe dar un paso al frente: Tómense el tiempo necesario para analizar el presente, aprendan del pasado y protesten, no se conformen, derriben todos los obstáculos, desechen lo que no sirve y construyan sobre los pilares que funcionan.

(Image source: www.coe.int)

 

Peal de Becerro, el último pogromo antigitano

by Pedro Casermeiro

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“La política de tierra quemada o de tierra arrasada es una táctica militar que consiste en destruir absolutamente todo lo que pueda ser de utilidad al enemigo cuando una fuerza avanza a través de un territorio o se retira de él”.

Wikipedia. (15 de mayo de 2022) Tierra quemada. https://es.wikipedia.org/wiki/Tierra_quemada

En una conversación que mantenía hace justo un año con unos compañeros, el historiador Manuel Martínez nos explicaba que la manía de quemar las casas de las personas gitanas en los demasiado frecuentes pogromos antigitanos que tienen lugar en España y en el resto de Europa muy probablemente se relacionaba con la vieja táctica militar de ‘Tierra quemada’.

Se cuenta que Alfonso I el Católico ya utilizó esta táctica en el siglo VIII d.C. para evitar que una zona de la península fuera poblada por los musulmanes, creando una zona desértica en la cuenca del Duero con el fin de defender el Reino de Asturias. Muy probablemente aquella tampoco fuera la primera vez que se quemaba una tierra para que no pudiera ser poblada por el enemigo, pero el dato nos sirve para ver lo atávico de una sociedad como la española que siempre que puede intenta quemar y vandalizar las casas y propiedades de sus vecinos gitanos, a los que perciben como sus enemigos.

Es preciso también apuntar que los pogromos que hoy día suceden aún en España contra la población gitana tienen un fuerte arraigo en la sociedad española, pues incluso antes de que los romaníes pusieran pie en estas tierras, el pueblo judío ya sufría el alzamiento de sus vecinos de un modo indiscriminado, por ser judíos y culpables de todos los males del mundo.

Más de seis siglos después, el fenómeno sigue repitiéndose, ahora con la población gitana, y además estos episodios cada vez son más frecuentes. Repasemos la última década: Estepa (Sevilla) en 2015, Fortuna (Murcia) en 2017, La Llagosta (Barcelona) en 2018, Vallecas (Madrid) en 2019 y Peal de Becerro (Jaen) en 2022.

El último episodio acontecido en Peal de Becerro la madrugada del pasado martes no representa un caso aislado que surge de la nada, lamentablemente cada dos años tenemos un nuevo episodio. El humanista Ismael Cortés explica en uno de sus artículos que el antigitanismo es la última forma de racismo aceptada en Europa, y episodios como este lo confirman. También lo confirma la falta de apoyo fuera del movimiento asociativo gitano. ¿Se imaginan que una turba vandalizase y quemase las viviendas y automóviles de personas inocentes de un crimen por el hecho de pertenecer al mismo grupo étnico o a la familia del acusado? ¿Se imaginan las protestas ciudadanas antirracistas que provocaría un pogromo contra otro grupo étnico? Pues de momento nadie se manifiesta en contra y como suele ser normal, los medios de comunicación no se atreven a decir la palabra clave: RACISMO, se quedan en términos como ‘protestas vecinales’, ‘incidentes’, problemas de convivencia’, ‘estalló el problema’, pero nadie habla de racismo porque como explicaba Ismael Cortés, la sociedad no lo entiende como racismo, lo entiende como algo normal, y la culpa se ubica siempre en la actitud y conductas de los vecinos gitanos en su conjunto.

Todo siempre empieza y acaba igual. Una persona gitana comete un crimen –o delito–, se convoca una manifestación multitudinaria que lleva hasta la casa de los familiares y, ante el anonimato que proporciona la muchedumbre y la pasividad de los cuerpos policiales, se acaban vandalizando o quemando las propiedades de todos los gitanos que consideren oportunos, obviamente, gitanos inocentes del delito cometido por el primer sujeto. Luego siempre vienen las explicaciones justificadoras del alcalde del municipio defendiendo a sus vecinos, defendiendo su honorabilidad y culpando a personas venidas de fuera para cometer actos vandálicos y, curiosamente tampoco nunca son capaces de omitir culpabilizar a los gitanos de ser okupas incívicos en un intento justificativo.

Siempre hay una explicación fácil que no daña la autoestima como sociedad: culpar a las víctimas –en este caso a los gitanos que, además, representan la alteridad– y culpar a vándalos que no se sabe de dónde han venido a quemar viviendas y automóviles. Así no hay que afrontar que los vecinos del municipio, donde se ha considerado procedente autorizar una manifestación hasta la casa de los familiares del presunto culpable, sean racistas.

Aunque siempre vamos a encontrar muchas distorsiones de lo que realmente sucedió en Peal de Becerro, qué ha pasado exactamente, qué casas han quemado, quién las ha quemado o por qué; sólo hay que tirar de hemeroteca y fácilmente se extraerá el mismo patrón: crimen cometido por un gitano, manifestación ciudadana, intimidación violenta, expulsión de las personas gitanas, incendios y vandalismo, y finalmente llegan las excusas, explicaciones y justificaciones de que lo que ha sucedido no es racismo.

La respuesta jurídica y política a estos episodios acostumbra a ser inexistente, pues el problema –el racismo–  es también inexistente, es como si los hechos nunca hubiesen sucedido.

En esta ocasión existe a priori una herramienta diferente que permitiría una actuación jurídica más decidida y específica con los delitos de odio cometidos contra las personas gitanas por el hecho de ser gitanas. El pasado 26 de mayo el Congreso aprobó la reforma del Código Penal incluyendo el antigitanismo como circunstancia que agrava la pena en su artículo 22, y como delito autónomo de odio en su artículo 510.

Aunque existía un fuerte debate sobre la necesidad de incluir el antigitanismo como delito de odio específico, pues ya se recogía previamente la etnicidad como causa de discriminación y motivación delictiva, lo positivo de incluir el antigitanismo como delito específico permite que nadie con responsabilidad se mantenga con pasividad o mire hacia otro lado buscando entre las causas de un pogromo antigitano viciadas excusas como el incivismo o el ocupar una vivienda, ahora ya existe la palabra ‘antigitanismo’ en el marco jurídico para perseguir a quienes comentan un delito de odio contra personas gitanas.

Demasiado pronto ha llegado la hora de la verdad para esta nueva reforma del Código Penal …

Y aunque podamos prever una resolución judicial favorable para las víctimas del pogromo antigitano, el sabor de boca será siempre amargo. La solución no debe estar en actuar una vez ya ha sucedido, sino en prevenir, en educar a la sociedad para vivir libres de prejuicios, estigmatizaciones y racismo. Pero para empezar a educar a las nuevas generaciones a vivir en una sociedad antirracista, donde la dignidad de cualquier ser humano no pueda ser cuestionada por su cultura y valores, lo primero es aceptar que la sociedad es estructural y sistemáticamente racista, y en esa batalla nos encontramos aún.

 

Diez Negritos

by Ramón Flores

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En 1939, la escritora británica Agatha Christie escribió una novela que pasó a la posteridad que hoy conocemos como “Diez Negritos”.

Su título original en inglés era precisamente ese, “Ten Little Niggers”, haciendo referencia a un cuento infantil que se relata en la novela, aunque posteriormente se cambió a su llegada a Estados Unidos por las connotaciones peyorativas que implicaba (a pesar de que, en la década de los años 40, la sociedad estadounidense era profundamente racista y clasista).

Desde entonces, su título en lengua inglesa es “And Then The Were None”.

“Y entonces no quedó ninguno”.

No voy a hacerles spoiler sobre el argumento, casi todo el mundo ya sabrá que la historia va sobre 10 personas con oscuros pasados, atrapadas en una mansión situada en una apartada isla y que van muriendo una a una sin que se sepa quién será el siguiente ni quién es el asesino. Pero el título original y el posterior cambio, tienen su aquel, ¿no creen?

De los negritos protagonistas del cuento al que hacen referencia en la novela, al final, no quedó ninguno.

Quizá, a día de hoy, con 22 años que llevamos ya de este siglo XXI, en esta Europa tan moderna y tan nuestra, deberíamos tomar las precauciones necesarias porque las fuerzas de la derecha política y mediática han comenzado una batalla feroz y despiadada para vilipendiar todo aquel pensamiento que intente profundizar, reformular y repensar las formas en que se presentan y discuten los asuntos raciales y discriminatorios en las sociedades contemporáneas. Y al final, no sé cuántos negritos quedarán. O cuántos gitanitos…

La estrategia es sutil. Utilizan los mismos argumentos de las teorías críticas para demonizar a cualquiera que se atreva a desafiar la hegemonía blanqueada de la derecha política y mediática. Casi todo lo que emana del asediado campo de la igualdad social es una versión ridiculizada y extravagante de la crítica social contemporánea al racismo en Europa. La extrema derecha europea ha desplegado esa extravagancia a varios campos para fabricar un relato fácil y discurso simplista que incluye llevar al continente a una era de supuesto esplendor blanco y cristiano.

Empezaron ya hace un tiempo. Llevamos varios años escuchando aquello de “Ideología de género”, un discurso que claramente ha ganado la extrema derecha banalizando el feminismo; catalogado de “chiringuito para cobrar de subvenciones” por la prensa afín y donde incluso la Iglesia Católica, desde sus púlpitos advierte a sus fieles, como el ex arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, que llegó a afirmar que el feminismo radical está «amasado de supremacismo, resentimiento e ideología de género» y tiene «inequívocos orígenes marxistas».

Fíjense en la jugada: el feminismo es el principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre y además es el movimiento que lucha por la realización efectiva de dichos derechos. El concepto es fácil, ¿no?

El discurso de la extrema derecha le da la vuelta: amasa supremacismo (de la mujer sobre el hombre), por lo que no busca la igualdad sino la destrucción del hombre. También llega al ámbito educativo, donde esta “ideología” está penetrando en la mente de los pobres alumnos a los que pretenden adoctrinar.

El capítulo actual contra el feminismo es la lucha del concepto “violencia de género”, para cambiarlo por “violencia doméstica”. No es una cuestión solo de concepto. Aquí nos justifican que la violencia doméstica ha sufrido un alarmante aumento debido a la “revolución sexual”, uno de los hitos por los que también ha luchado el feminismo.

La lucha también va contra el “lobby gay”, que pretende mariconizar el mundo. La extrema derecha nos advierte del plan maléfico: quieren destruir al hombre para que en el mundo manden las mujeres en sus chiringuitos, y la vez, volver a todos los varones maricones perdidos para que así llegue un punto en que la especie humana desaparezca por su incapacidad de reproducirse.

Al final, si sumamos dos más dos, ya podemos adivinar cuál puede ser el siguiente target group. Porque ya vemos como triunfan ciertos discursos en Hungría, o en Francia contra las comunidades gitanas. El discurso en España de la extrema derecha es que se está intentando convencer a la ciudadanía de que este es un país racista, y que afirmar eso, es tan racista como el racismo y ya empiezan a proponer el desterrar discusiones parlamentarias.

La jugada ya ha comenzado, la extrema derecha española ya ha iniciado la batalla dialéctica, donde afirma que la comunidad gitana no está discriminada porque sus derechos se recogen en la Constitución y además se niega en comisiones parlamentarias a incluir de forma expresa en el Código Penal el castigo a la discriminación racial contra los gitanos.

En este escenario, podemos estar siglos hablando de antirracismo, privilegios blancos, racismo sistémico, interseccionalidad, etcétera… Pero si se sigue exhibiendo esta impaciencia y esta obsesión por ganar la batalla dialéctica, al final, nos quedaremos de nuevo en el limbo de lo simbólico, mientras la extrema derecha habrá ganado la batalla de lo material y lo tangible. Y si entramos en la batalla que ellos quieren, la ganarán. Y al final, no quedará ninguno…

Ante afirmaciones como esta: “Nos parece inexacto sostener que existe un odio generalizado contra los gitanos, es una manipulación sectaria que sólo está en la mente calenturienta de la ultraizquierda”, dijo la diputada de Vox, que considera que no hay “discriminación alguna” hacia los gitanos y que la propuesta busca “enfrentar payos contra gitanos”, sería torpe entrar en la batalla dialéctica, porque por mucho que se quiera explicar, el que no quiere entender, nunca entenderá, además, quien apoya a estos grupos, tan solo encuentra alimento a su odio. Contra las palabras, hechos. No cabe otra estrategia.

Porque la voluntad de la extrema derecha es la ceguera. Ser hostil ante la justicia social porque, además, sacar las banderas patrióticas no es nada nuevo. Hoy, se promueve el temor al todo, porque instaurar el miedo en la ciudadanía a través del discurso simplista es efectivo, rápido y barato; es una forma muy efectiva de poner a la ciudadanía en alerta. Contra todo. Contra todos.

 

Por cierto, el poema de los diez negritos dice así:

Diez negritos salían a cenar en breve
Uno se asfixió y entonces quedaron nueve

Nueve negritos estaban despiertos hasta muy tarde estando girocho
Uno se quedó dormido y entonces quedaron ocho

Ocho negritos viajaron por Devon tomándose un anisete
Uno dijo que se quedaba allí y entonces quedaron siete

Siete negritos cortaban leña de color beis
Uno se cortó en dos mitades y entonces quedaron seis

Seis negritos jugaron con una colmena levantándola con ahínco
Una abeja picó a uno de ellos y entonces quedaron cinco

Cinco negritos estudiaron Derecho a la salida del teatro
Uno se hizo abogado y entonces quedaron cuatro

Cuatro negritos fueron al mar a nadar sin arnés
Un arenque rojo se tragó a uno y entonces quedaron tres

Tres negritos pasearon por el zoo a los animales diciendo adiós
Un gran oso mató a uno de ellos y entonces quedaron dos

Dos negritos se sentaron al sol en un momento inoportuno
Uno se tostó a muerte y sólo quedó uno

Un negrito se ha quedado sin compañero alguno
Se ahorcó por la soledad y ¡entonces no quedó ninguno!

 

Cuidado con ir perdiendo apoyos y gente por el camino. Cuidado con que los que propagan odio consigan calar aún más con su discurso simplista en mentes simples. Aún estamos a tiempo de cambiar el final del cuento.

 

 

 

(*imagen: Cartel de la película de 1945 “And Then The Were None”, adaptación al cine de René Clair. Fuente: filmaffinity.com)

Un 8 de abril marcado en toda Europa por la invasión de Ucrania

by Seo Cizmich

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*Imagen de Daniel Diaz Heredia

Varios son los artículos, post y eventos de conmemoración que rodean a esta fecha tan significativa, sobre todo por la magnitud de lo que representa el que tengamos un día común todos los Gitanos, Roma y Sinti del mundo.

Hoy es muy sencillo disponer de información, casi todo está al alcance de quien lo desee y a través de internet se puede obtener de la manera más detallada los aspectos relativos a la historia de esta conmemoración, cómo y dónde nace el 8 de abril, de quién fue la iniciativa, si ha sido reconocido de manera institucional, y por quien. Pero al margen de todo esto y si en algo coincidimos la gran mayoría de personas gitanas, Roma y Sinti del mundo, es en el sentimiento de UNIÓN, en la fuerza que representa para nuestro pueblo saber que nuestra Rromanipen nos une más allá de montañas, ríos, países, colores políticos, origen, creencias, ideologías y religiones… Eso es lo que representa para mí y para los millones de gitanos del mundo los colores de nuestra bandera, el azul del cielo, el verde de la tierra y la rueda roja, el fuerte latido de nuestro corazón.

Ese sentimiento de identidad común y pertenencia, que supera cualquier frontera física y mental cobra mayor dimensión frente a los acontecimientos que estamos viviendo en la actualidad más reciente con motivo de la invasión a Ucrania.

Debo decir que me siento muy emocionado por las respuestas de solidaridad y las acciones nacidas del corazón que estamos presenciando, hacen reforzarme aún más si se puede en esta posición de Pueblo Transnacional. Casi a diario recibimos llamadas de personas preocupadas que preguntan cómo pueden contribuir y de qué manera, algunas dispuestas a realizar entre 4.000km y 6.000km en “un par de días” con su propio vehículo y sin ninguna ayuda económica, sin hablar inglés ni ningún otro idioma de los países en ruta hasta el destino promovidos por la llamada del corazón, por ese fuerte latido que te inunda desde el estómago hasta la cabeza atravesando todo tu ser y que te repite constantemente que “debes hacer algo”.

Ese fuerte latido retumba en mi interior cuando recuerdo como si fuese justo, en este mismo instante, una semana antes del inicio de la Guerra Civil de la Ex Yugoslavia. Yo me encontraba en Sarajevo con mis padres por temas burocráticos, mi madre tuvo un presentimiento y convenció a mi padre para que nos marcháramos esa misma tarde. Al subirnos al coche y avanzar unos kilómetros empezamos a ver los controles de paso y algunas barricadas, mi madre oraba, un soldado golpeo nuestra ventanilla, mi madre se bajó del coche, habló con el soldado y nos permitió avanzar hasta que conseguimos cruzar la frontera. No tuve tiempo de despedirme de mis vecinos, de mis compañeros de juego, muchos de los cuales jamás volví a ver.

Entiendo y comparto el sentimiento de todas las personas que no dudan en poner su tiempo y sus recursos y viajar hacia la frontera de Ucrania para ayudar, valoro ante todo que en el sopesar los pros y los contras de un viaje así, se antepongan los propósitos.

Actualmente están en funcionamiento dos campañas de recogida de donativos económicos con los que poder contribuir desde 5€,  gestionadas por ERGO y TERNYPE. Ambas son redes europeas de asociaciones gitanas que abogan por los derechos del Pueblo Roma y Sinti. Gracias a esas aportaciones se está ayudando en origen, comprando los suministros en los pueblos fronterizos e introduciéndolos en el país por corredores humanitarios de ayuda.

Puedo dar fe que los suministros están llegando al Pueblo Romaní de Ucrania.

Deseo que esta situación finalice lo antes posible, que en breve Ucrania y nuestro Pueblo Romaní pueda volver a disfrutar de Salud y Libertad, Sastipen thaj Mestipen, que ninguna vida más sea arrebatada ni ahora ni el futuro por los efectos y consecuencias de las relaciones de poder, en esa interminable partida de ajedrez mundial en la que tan solo somos los peones.

El drama de ser gitano en Ucrania

by Ramón Flores

Rroma Ucrania

Más allá del drama que supone una guerra en pleno siglo XXI, una vez más las comunidades gitanas son las más golpeadas.

Ya se avisaba a finales de 2021, que los radicales neonazis en Ucrania estaban atacando a residentes gitanos en la ciudad de Irpin, muy cerca de Kiev, donde se venían celebrando marchas antigitanas con la connivencia de la policía y las autoridades locales, que aclaraban que aquello era solo una reunión pacífica.

Ya de por si es de extrañar que una reunión de grupos paramilitares de extrema derecha sea tildada de pacífica, pero como siempre, sabemos que ser racista antigitano sale muy barato en esta Europa tan nuestra.

En pleno 2022, con una invasión y un ataque sin precedentes de un país a otro, las comunidades gitanas de la región vuelven a ser las más vulnerables de todo este conflicto y de nuevo, la comunidad internacional mira para otro lado.

En el caso de Ucrania, no es nada nuevo, ya en 2017 se ignoró totalmente el asesinato de un líder activista romaní en Kharkiv.

Pero, en estos tiempos actuales se confirma que, quien siembra vientos, recoge tempestades. Cuando le das carta blanca a grupos radicales paramilitares, como el batallón Azov, para trabajar codo con codo con las fuerzas de seguridad estatales y bajo el paraguas del ministerio del interior para librar una feroz batalla en la región oriental del Donbass, pasan esas cosas. Normalizar la presencia de radicales violentos en cualquier país que se considere democrático, nunca es una buena idea.

Bajo la administración de Zelenski no ha mejorado un ápice los enfrentamientos y la presencia de radicales en el país, más bien ha intentado construir un gobierno donde contar con supuestos expertos (Zelenski, no lo olvidemos, es un actor haciendo política) para llevar a cabo las tareas más difícil, como colocar a Arsen Avakov al frente del ministerio del Interior, un tipo muy cercano al mencionado batallón Azov o a la agrupación Pravy Sektor, es decir, ha instalado radicales de extrema derecha en las instituciones oficiales.

Todo esto para las minorías gitanas en Ucrania es un drama del más alto calado. Ya sabemos cómo acabaron estas cosas en Polonia, República Checa y Hungría cuando dejas a la extrema derecha campar a sus anchas.

En aquellos momentos, el G7 se puso digno y elevó la voz, preocupándose por los movimientos extremistas en Ucrania, pero todo se quedó ahí. La Unión Europea hizo lo que mejor se le da en los momentos difíciles: ver, oír y callar. Esa misma UE que hoy aplaude el discurso lacrimógeno del presidente Zelenski.

 

Sin embargo, incluso cuando algunas personas gitanas toman parte del conflicto para defender su tierra, son motivo de mofa por parte de la comunidad internacional.
Se alaba la valentía de los ciudadanos ucranianos cuando defienden sus ciudades contra tanques y ejércitos armados, pero si lo hacen los ciudadanos gitanos, la prensa se ríe y se mofa, aunque por fortuna no toda.

Y hoy, en pleno 2022, tenemos un conflicto bélico en Europa, pero de nuevo las comunidades gitanas son ignoradas, violentadas y perseguidas y ya estamos siendo testigos de las dificultades de escapar de la violencia en Ucrania dependiendo de dónde seas y de a qué grupo étnico perteneces.

Periodistas de muchos países ya están denunciando las dificultades de escapar de Ucrania para ciudadanos africanos y asiáticos, con distinción de colas para ucranianos y extranjeros.

Adivinen en qué colas están los ciudadanos gitanos…

Aun así, las comunidades gitanas que resisten en Ucrania no están dudando ni un segundo en defenderse. Incluso en otros países, como Eslovaquia, las organizaciones gitanas están ayudando sin descanso en el transporte y acomodo de cientos de refugiados en la frontera con Ucrania sin mirar pasaporte u origen étnico, tal y como se recogía en el portal Romea.cz hace unos días.

También en Hungría, las comunidades gitanas locales se están organizando para acoger refugiados y ofrecer, principalmente a los niños, la asistencia que necesitan.

Pero, ¿cómo será Ucrania después de todo esto? ¿En qué lugar quedarán las poblaciones de personas romaníes no sólo en ese país, sino en el resto de Europa?

La memoria colectiva es de corta duración. Los tiempos pasarán y las comunidades gitanas seguirán siendo ignoradas, golpeadas y masacradas.

Malditos sean los tiempos de guerra y malditos sean los tiempos interesantes.