No es sólo discriminación, ni desigualdad, ni racismo… se llama Antigitanismo

by Fernando Macías

Es urgente reconocer pública e institucionalmente el odio y la discriminación específicos contra el Pueblo Gitano, más allá de los Planes de igualdad y de inclusión social.

En ocasiones, observar y analizar la lucha y la situación de otras personas y grupos, ayuda a comprender y explicar la situación de los tuyos, e incluso a encontrar posibles soluciones para la lucha efectiva por los derechos y libertades de todas y todos. Por ello, con este sencillo escrito sólo trato de llamar la atención sobre la lucha contra el Antigitanismo, a través de una comparación entre la situación política y social del Pueblo Gitano y la de otros grupos sociales discriminados y rechazados.

El pasado jueves 28 de junio la comunidad homosexual de todo el mundo celebraba el “Día Internacional del Orgullo Gay”. Sinceramente, no caí en la cuenta de dicha celebración hasta empezar a ver numerosas banderas del “arco iris” (bandera que se popularizó en 1978 como símbolo del orgullo gay) por toda Barcelona. De hecho, para ser totalmente sincero, me di cuenta de dicho día al ver una bandera del “arco iris” colgada en la cabina del conductor de un TRAM, el tranvía que recorre las calles de Barcelona. Al principio pensé que se trataba de una iniciativa individual, de un conductor concreto, que decidió colgar dicha bandera en su cabina a modo personal y particular. Sin embargo, en pocos minutos, otro TRAM pasó, y pude comprobar que también tenía la bandera. Y así, todos los TRAM de la ciudad que pude ver. Pensé (y pienso) que era muy positivo y necesario que una empresa de transporte público metropolitano hiciera tal posicionamiento.

En el Día del Orgullo Gay se conmemora y celebra que, en la madrugada del 28 de junio de 1968, la comunidad homosexual se negó a desalojar durante una redada policial el local gay de Nueva York llamado “Stonewall Inn”, diciendo así “basta” a las detenciones, palizas, insultos y vejaciones, que noche tras noche sufrían. Este acontecimiento histórico, conocido como “los disturbios de Stonewall”, dio paso a un conjunto de manifestaciones espontáneas y violentas en protesta a dicha redada policial. Miles de personas, y no únicamente homosexuales, salieron a la calle aquella noche, y a la siguiente noche, marcando así un antes y un después en la lucha por los derechos de este colectivo. Es por eso que, desde entonces, el 28 de junio es sin duda la fecha emblemática en la que se defienden y reivindican los derechos de la comunidad LGTBI+, tal y como se refiere a dicha comunidad en la actualidad.

Sin embargo, pese al posicionamiento público e institucional en favor de los derechos de las personas LGTBI+, y a las celebraciones en todo el mundo, este colectivo sigue siendo discriminado, perseguido, atacado, vejado, rechazado, e incluso asesinado. Por ello, desde 2004, el 17 de mayo es internacionalmente reconocido como el “Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia”; fecha que se ha establecido como la fecha más importante de movilización para las comunidades LGBTI+ a escala mundial, según apunta el portal “Day against homophobia”. Así pues, la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia son formas de odio especificas en contra de este colectivo; no es simplemente discriminación, ni desigualdad, ni odio, sino que son formas concretas de discriminación, rechazo, repulsa, odio, prejuicio e intolerancia, frecuentemente acompañadas de violencia, que única y exclusivamente sufre la comunidad LGTBI+.

Pese a todo este apoyo oficial; pese a su 28 de junio y a su 17 de mayo; las personas LGTBI+ siguen sufriendo discriminación en las escuelas, en el trabajo, en el deporte, en la calle o en los medios de comunicación, entre otros. Y es por ello que las administraciones saben que no es suficiente con la celebración o conmemoración de estos días, y están desarrollando (o han manifestado oficialmente su intención de hacerlo), acciones concretas contra la Homofobia, tanto a nivel local, como autonómico y estatal.

El mismo Consejo de Ministros, el viernes 11 de mayo de 2018, hizo pública una Declaración del Gobierno con motivo de la celebración del Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia. En ella se recoge, por ejemplo, que el Ministerio de Sanidad Servicios Sociales e Igualdad está realizando acciones de formación a profesores y otros miembros de la comunidad educativa, apoyadas en la guía on-line “Abrazar la Diversidad: propuestas para una educación libre de acoso homofóbico y transfóbico”.

A nivel autonómico, diversas comunidades cuentan ya con leyes específicas contra la Homofobia: la Ley 11/2014, del 10 de octubre, para garantizar los derechos de lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros e intersexuales y para erradicar la homofobia, la bifobia y la transfobia de la Generalitat de Catalunya; la Ley 3/2016, de 22 de julio, de Protección Integral contra la LGTBifobia y la Discriminación por Razón de Orientación e Identidad Sexual en la Comunidad de Madrid; o la Ley 8/2017, de 28 de diciembre, para garantizar los derechos, la igualdad de trato y no discriminación de las personas LGTBI y sus familiares en Andalucía. Todas estas leyes autonómicas citan y pretenden desarrollar acciones que, explícitamente, persigan y denuncien la homofobia, además de reconocer los días internaciones y la necesidad de trabajar en paralelo por la igualdad del colectivo LGTBI+.

Lo mismo está empezando a suceder a nivel local, donde se observa como numerosos Ayuntamientos (como el de Barcelona o Madrid), así como escuelas (públicas y privadas) u otros espacios sociales y educativos, están desarrollando también acciones contra la homofobia.

La celebración de estos días de reivindicación de derechos, o para visibilizar situaciones de exclusión, así como la condena contra formas de odio y violencia especificas contra colectivos o el desarrollo de leyes que van en ambos sentidos, no es una cuestión exclusiva de la comunidad LGTBI+. Las mujeres, por ejemplo, disponen tanto de días internacionales en favor de la reivindicación de los derechos de la mujer (8 de marzo), a la vez que en contra de la violencia contra las mujeres (25 de noviembre). Cabe destacar que, nuevamente, y tal y como sucede con la Homofobia, la violencia de género, la violencia machista o la violencia contra las mujeres (todos ellos términos utilizados por los colectivos feministas y pro-feministas) son una forma de violencia y odio que sólo sufren ellas, las mujeres, precisamente por eso, por ser mujeres. Además de estos días, las mujeres cuentan también con Leyes y decretos tanto nacionales, como autonómicos y locales en favor de sus derechos y en contra de la violencia machista, a pesar de la ineficacia y todo el cuestionamiento que podríamos hacer sobre dicho marco legal-normativo.

Celebro profesional y personalmente este posicionamiento institucional, y me sumo a la defensa de los derechos de todos los colectivos, y condeno cualquier forma de odio o violencia. Especialmente porque, pese a todo este posicionamiento institucional, tanto las personas LGTBI+ como las mujeres, entre otros grupos, siguen sufriendo un odio específico y una desigualdad y discriminación concretas, que sólo ellas y ellos sufren, por el hecho de ser mujeres o LGTBI+.

Ahora bien, llegados a este punto, y recuperando el inicio del artículo, este 28 de junio, cuando vi en el TRAM la bandera del “arco iris” me pregunté: ¿por qué no se hizo lo mismo el 8 de abril con la bandera gitana? ¿Por qué Barcelona no se llenó de banderas azules y verdes, con una rueda de carro roja? ¿Por qué el TRAM u otras empresas privadas, e incluso administraciones públicas, no alzaron la bandera gitana como signo de libertad y apoyo a nuestra lucha? ¿Por qué cuesta tanto visibilizar nuestra lucha, nuestra bandera, lo gitano?

Pues bien, en mi opinión, esto no sucede con nosotros, los gitanos y las gitanas, por varios motivos, pero el principal es que todavía no existe una ley específica en contra del Antigitanismo ni en España, ni en ninguna comunidad autónoma o localidad. Ni siquiera un posicionamiento claro y concreto en contra del Antigitanismo. A veces pareciese que la palabra misma “Antigitanismo” se evita, utilizando otros sucedáneos como discriminación, desigualdad o el comodín para todo: la palabra “racismo”.

Y es curioso, porque el Pueblo Gitano también tenemos nuestro “Día de la Resistencia Romaní”. Es el 16 de mayo, y celebramos con orgullo y tristeza que un grupo de valientes gitanos y gitanas se negaron a ser asesinados en los campos de concentración nazi ese día, en el año 1944. O el 2 de agosto, donde intentamos conmemorar el “Samudaripen”, el genocidio gitano durante la barbarie nazi; genocidio que acabó con la vida de más de medio millón de personas. De hecho, en algunos países, la población gitana se asesinó totalmente. O por supuesto, el 8 de abril, nuestro “Día Internacional del Pueblo Gitano”, donde se recuerda ese 8 de abril de 1971 cuando en Londres, un grupo de gitanos celebraba por primera vez un Congreso Mundial Gitano, y donde decidimos, por ejemplo, nuestro himno y bandera.

En resumen, el Pueblo Gitano contamos con una bandera desde 1971. Nos llevamos resistiendo desde nuestra misma llegada a Europa en el Siglo XV, y muy clara y valientemente desde la década de los ’40. El Parlamento Europeo, el español y diversos autonómicos, ya nos han reconocido como minoría discriminada, e incluso están desarrollando planes y acciones en favor de nuestra igualdad. ¿Entonces? ¿Por qué nuestra igualdad tarda tanto en llegar? ¿Por qué no se ve nuestra bandera? Para mí, está claro. Uno de los principales motivos es que no se está luchando clara y efectivamente contra el Antigitanismo, ni está habiendo un posicionamiento claro y específico por parte de las administraciones públicas en relación a esta cuestión.

Según la ECRI, European Comission against Racism and Intolerance, “el Antigitanismo es una forma específica del racismo, una ideología basada en la superioridad racial, una forma de deshumanización y de racismo institucional alimentado por una discriminación histórica, que se manifiesta, entre otras cosas, por la violencia, el discurso del miedo, la explotación y la discriminación en su forma más flagrante. (…) el Antigitanismo es una forma de racismo particularmente persistente, violenta, recurrente y banalizada, (…) la discriminación contra los Romá está basada fundamentalmente sobre su origen étnico y su modo de vida”.

Es decir, cuando nos persiguen en un supermercado, no es sólo porque no tengamos una carrera universitaria o sea norma del local vigilar de ese modo, es también porque somos gitanas y gitanos. Cuando no nos cogen en un trabajo, no es sólo porque no tengamos la ESO o porque la empresa haya encontrado a otro candidato o candidata, es también porque somos gitanas y gitanos. Cuando no nos atienden igual que al resto en un hospital, no es porque vayamos muchos o porque sea normativa del centro hospitalario, es también porque somos gitanas y gitanos. Cuando no nos alquilan un piso, no es porque no tengamos ingresos estables o regulares o porque hubiera alguien delante con prioridad, es también porque somos gitanas y gitanos. Cuando los medios nos vejan e insultan, no es sólo que se ponga por delante la libertad de expresión, es que valemos menos para esa gente, porque somos gitanas y gitanos.

Paradójicamente, y desde luego al margen de las recomendaciones de la ECRI, o la Agencia Fundamental de los Derechos de la Unión Europea (EU-FRA), e incluso al margen de algunas de las recomendaciones y conclusiones más relevantes en el campo del Antigitanismo de la Comisión Europea y el Parlamento Europeo, la Estrategia Nacional para la Inclusión Social de la Población Gitana en España 2012-2020, cita una sola vez (solamente una vez en un documento de 70 páginas) la palabra “Antigitanismo”. Lo hace en el apartado de “Otras líneas de actuación complementarias”, donde propone la “Promoción de la aplicación efectiva de la legislación europea y española en materia de no discriminación, lucha contra el racismo y los crímenes de odio, aplicando las recomendaciones a nuestro país de los organismos internacionales, como el Consejo de Europa, en materia de lucha contra la discriminación o contra el Antigitanismo. (pp. 43). Dicha estrategia si dedica prácticamente la totalidad del documento a proponer acciones que mejoren nuestra situación social y especialmente educativa, pero dista lejos, muy lejos, de luchar contra la discriminación concreta que sufre el Pueblo Gitano en España.

A mi modo de ver, mejorar las condiciones del Pueblo Gitano en materia de salud, vivienda, empleo, y por supuesto educación, entre otros, es fundamental para luchar contra el Antigitanismo. Por ello, aplaudo y defiendo todos aquellos planes y estrategias que persiguen la igualdad de nuestro Pueblo. Especialmente aquellos que lo hacen enfocados hacia el éxito y siguiendo las recomendaciones internacionales, tanto políticas como científicas. Pero lo celebraría más aún si cabe si tuvieran un enfoque claro y contundente en contra del Antigitanismo.

Es cierto que ya existen planes autonómicos en esta dirección. Destaca, por ejemplo, el Plan Integral del Pueblo Gitano en Catalunya, que es su IV edición (2017-2020), además de su enfoque hacia el éxito y las evidencias científicas, reconoce por primera vez y específicamente el Antigitanismo, proponiendo objetivos y medidas concretas de acción para combatirlo.

Ahora bien, si los gitanos y las gitanas mejoramos y superamos todas esas barreras en salud, vivienda, educación y empleo, pero no hay una lucha efectiva, contundente e institucional contra el Antigitanismo, es decir, contra las barreras que tenemos simplemente por ser gitanos y gitanas – barreas que nada tiene que ver con no tener estudios, sino con nuestra cultura, sangre, origen y lugar de procedencia -, ¿cómo vamos a conseguir la igualdad plena del Pueblo Gitano? ¿Qué nos hace pensar que las personas gitanas vamos a conseguir tener igualdad plena, si otros colectivos, como el colectivo LGTBI+ o las mujeres, incluso teniendo más apoyo institucional, como leyes contra la homofobia y el machismo, siguen estando discriminados y rechazados?

Sabemos que una Ley no lo va a cambiar todo. Sabemos que un Ley no es la única vía. Pero también sabemos que, si no combinamos los Planes y Estrategias de Inclusión con Leyes y acciones concretas contra el Antigitanismo, nunca lo vamos a conseguir. Celebramos que tanto el Gobierno de España, así como diferentes Parlamentos autonómicos se hayan posicionado contra el Antigitanismo que llega desde Italia, de manos del ministro Salvini. Pero las personas gitanas, aquí en España, también siguen sufriendo formas concretas de discriminación, rechazo, repulsa, odio, prejuicio e intolerancia, frecuentemente acompañadas de violencia, que única y exclusivamente sufren los gitanos y las gitanas.

Los medios de comunicación dicen lo que quieren de los gitanos y las gitanas, sin ninguna consecuencia (a veces incluso en lugar de castigo, los medios reciben premios). Nuestros niñas y niños siguen siendo segregados y discriminados en educación. Nuestros jóvenes nos siguen explicando que no les dan trabajo cuando se enteran de que son gitanos y gitanas. Nuestras familias siguen viviendo episodios de rechazo y prejuicio en los hospitales. Incluso algunas de nuestras primas y primos, aquí en España, como en Italia y otros países de Europa, están sufriendo persecuciones y ataques violentos contra en sus barrios y en sus casas.

Es hora pues de que las administraciones reconozcan el Antigitanismo que sufrimos y llevamos sufriendo durante siglos, y que se sigue vivo hoy, en pleno 2018. Que lo persigan; que lo castiguen; que lo denuncien. Es hora de una Ley contra el Antigitanismo. Es hora de condenar, denunciar, rechazar y perseguir cualquier forma de odio específico contra cualquier grupo social. Porque lo del Pueblo Gitano, no es sólo discriminación, ni desigualdad, ni racismo… se llama Antigitanismo.

 

La complejidad gitana

by Isaac Motos

Itinerancias

Cuando nos enfrentamos a una realidad poliédrica que ofrece resistencia a la comprensión, la tendencia generalizada es atomizarla en sus partes más elementales creyendo que de este modo obtendremos un conocimiento más cabal de la cosa estudiada. Ésta es una tendencia habitual en nuestro tiempo sustentada desde la falaz creencia cientificista que da por sentado el supuesto de que un todo se puede explicar analizando sus partes.

Es cierto que en ocasiones este procedimiento puede resultar fructífero. En ocasiones,  por economía mental y eficiencia en el razonamiento, tendemos a agrupar o clasificar las cosas, a reducir su complejidad para poder manejar mejor el objeto de estudio. Ocurre sin embargo, con ciertos asuntos, que al realizar esta operación reductora de la complejidad lo que hacemos no es hacerla más sencilla sino más complicada. Este  es el caso de la realidad gitana. El problema de este desplazamiento epistémico de lo complejo a lo complicado estriba en que al eliminar su complejidad, distinguiéndola en partes, no la hacemos más accesible a la comprensión sino imposible a la misma. Trataré de  explicarme.

Me parece ver que en el actual análisis de la realidad gitana se tiende a entender y explicarla como un conjunto de partes que pueden separarse y diferenciarse para obtener un conocimiento. Esta operación epistémica se realiza con el objeto de obtener un principio de actuación trasformador. Esta tendencia es claramente observable en los distintos planes nacionales y supranacionales actualmente en vigor. Como ejemplo paradigmático de la tendencia que trato de mostrar, podemos ejemplificarlo en el  Marco Europeo para las Estrategias Nacionales de Inclusión de la población Gitana hasta 2020, aprobado por el Consejo Europeo en septiembre de 2011. En este documento Europeo es el referente que sirve de modelo de las actuales políticas en relación a la realidad gitana. En él se diferencia cuatro áreas preferentes de acción con la intención de que las acciones prescritas incidan de forma beneficiosa en la inclusión social de la población gitana al resto de la población. Es decir se parte de una premisa, no formulada pero implícitamente operativa, que disecciona la realidad gitana en cuatro áreas de acción que componen el todo social gitano; educación, vivienda, trabajo y salud. Estamos pues ante un paradigma que atomiza su objeto eliminando lo complejo de la misma haciéndola de este modo no más sencillo sino más complicado. Conviene detenerse en estos adjetivos.

Algo complicado es un sistema compuesto de muchos elementos donde un conocimiento exhaustivo de sus partes basta para dar cuenta de su conducta o funcionamiento. Por ejemplo un avión. Un  boeing 747 tiene seis millones de partes. Conociendo cada una de las mismas y sabiendo la función que cada parte debe cumplir en el sistema obtendremos un conocimiento adecuado de su funcionamiento. Esto es, el funcionamiento de un avión es complicado pero no complejo.

Algo complejo por el contrario se refiere a un adjetivo descriptivo que hace referencia a un todo cuyos elementos están conectados entre sí de tal forma cuya simple descripción de las partes no es capaz de dar cuenta del todo. El cerebro humano aproximadamente contiene 100 mil millones de neuronas. El hecho de conocer o describir cada una de las partes no nos capacita para  dar cuenta de su funcionamiento. Lo que diferencia al avión del cerebro no es sólo el número de elementos que configuran cada uno de ellos sino que mientras en el avión el todo se reduce a sus partes en el caso del cerebro esto no sucede. Esto es, la interacción de las neuronas entre sí da lugar a algo que no es la mera adicción de las mismas; la conciencia. O dicho de otro modo, la mente no es reducible al cerebro.

Los sistemas complejos están compuestos de varias partes pero la manera en que estos componentes interactúan entre sí y la interacción del sistema en su totalidad con el entorno rebasa el conocimiento que podría derivarse de un mero análisis de las partes. En un sistema complicado (como un avión) los componentes y sus conexiones son fijos, no varían, son estáticos. Sin embargo en un sistema complejo (como el cerebro) las relaciones entre los  componentes (como neuronas) dan lugar a que las propia estructura de la conexiones cambien  (debido por ejemplo al aprendizaje).Esto es una característica de los sistemas complejos que se conoce como autoorganización. Desde un enfoque reduccionista de lo complicado esta característica se nos escapa a la mirada. Otra característica que no se percibe si convertimos lo complejo en complicado son la propiedades emergentes. En el caso del cerebro la emergencia que se nos aparece a partir de la interacción entre las partes es la conciencia. La conciencia emerge a partir de la compleja relación de las neuronas entre si y de éstas con su entorno. Y esta iteración no es reducibles a la mera descripción de cada una de ellas. Esto quiere decir que si entendiésemos el cerebro como un sistema complicado nunca seríamos capaces de dar cuenta de la conciencia porque ésta no aparece por la suma de sus partes.

Si observamos la facticidad gitana desde el prisma de la complejidad, la suma de sus partes no pueden dar cuenta de su totalidad y esto supone un desafío al modo de compresión que procede mediante el análisis atomizado de su elementos. El sentido de la palabra análisis es de aislar los elementos de algo para entender cómo funciona.  Si  en un sistema complejo, donde la íntima relación entre las partes da cuenta de la totalidad, procedemos desde una postura atomizadora perdemos de vista la íntima relación entre las partes al cortar analíticamente esas relaciones destruyendo la cosa misma que se pretende entender.

En los sistemas complejos la conducta no se puede describir de forma convencional en términos mecánicos de causa y efecto. En los sistemas complejos la interacción es no lineal. Esto quiere decir que la relación causal no es proporcional. Desde este posicionamiento es posible explicar por ejemplo porque a pesar de que según se asegura en el Plan Estratégico Nacional del Estado Español se ha invertido mucho esfuerzo y recursos en revertir la dramática situación educativa del alumnado gitano en los últimos treinta años en España el resultado continúe siendo desolador. Porque en los sistemas complejos la causalidad no es lineal, es decir no basta con introducir una causa para que el efecto se produzca. Hay que saber dónde afectar al sistema para que tal efecto se dé. En los sistemas complejos la causalidad se da de tal forma que pequeñas causa pueden producir la transformación total del mismo si se sabe afectar las relaciones adecuadas.

Los sistemas complicados no tienen historia, permanecen estáticos. Por lo que para entender su funcionamiento es suficiente un proceder sincrónico. El funcionamiento de una cafetera o un ordenador será el mismo dentro de cien que hace veinte años. Presumiblemente los procesos técnicos avanzarán y darán lugar a mayores prestaciones y rendimientos pero la historia como tal no es un elemento que afecte ni su constitución ni a su funcionamiento. El primer ordenador diseñado por Bill Gates tiene los mismo componentes y su funcionamiento es el mismo cuando se inventó que dentro de cien años o trescientos. La historia no modifica su configuración.

Sin embargo en los sistemas complejos la historia del sistema no es una parte entre otra del sistema sino que el corazón de la configuración del mismo. No se puede entender un sistema complejo sino es desde una disposición diacrónica que dé cuenta del proceso de surgimiento trasformación y actualidad de un sistema. Esto quiere decir que para entender la complejidad gitana hay que comenzar a hacer una historia distinta de la que se está haciendo hasta ahora. Porque es cierto que se conocen algunas fechas y nombres pero eso no basta. Eso es historia atomista, sincrónica, de linealidad causal que no es capaz de dar cuenta de cómo los proceso históricos diacrónicos han configurado la complejidad gitana.

Propongo sustituir la visión atomizada sincrónica y estática por una mirada abarcadora  diacrónica y dinámica. Salir del paradigma de lo complicado y situar la realidad gitana en su complejidad. Para ello propongo sustituir las cuatro áreas de acción del mencionado Plan Estratégico Europeo por cuatro principios heurísticos que afronten la complejidad de lo gitano desde su complejidad. Bajo mi posicionamiento teórico los cuatro elementos a tener en cuenta para propiciar este cambio de paradigma serían los siguientes:

  • Problematización
  • Conocimiento
  • Reconocimiento
  • Proyección

Señalaré básicamente que quiero decir por cada uno de estos elementos. Antes de hacerlo hay que tener en cuenta que en ellos funcionan según los principios de la complejidad; diacronicidad histórica, causalidad no lineal, autoorganización e interacciones dinámicas que dan lugar a emergencias. Naturalmente no podré agotar todas las implicaciones que esta posición teórica implica. Me limitará a señalar mínimamente su contenido.

Con respecto al primero, se refiere a una tarea histórico-filosófica en la que se revise, se coteje y se interprete adecuadamente el devenir histórico del proceso de la realidad gitana. No se trata únicamente de señalar sincrónicamente  los hechos. No se trata de señalar los acontecimientos atómicos que han tenido lugar en el  trascurso del tiempo sino de dar cuenta diacrónicamente de los mecanismos tácticos, técnicos y  epistémicos que han dado lugar a una determinada configuración y receptividad del hecho gitano. Porque  no se trata de señalar los hechos sino de aclarar el contexto de surgimiento y las implicaciones vitales que tales hecho suponen. Este no es momento de determinar la complejidad de lo afirmado. De momento sirva para indicar que este análisis servirá para desnatuliralizar lo que la costumbre, el uso y el prejuicio da como natural.

Con respecto al segundo punto, lo primero que hay que decir es que no se puede dar sin el primero. Esto es, si previamente no se realiza una labor de desnatulirización del entramado conceptual que reticula la actual receptividad del entramado gitano, no será posible emprender un verdadero acercamiento a la realidad del mismo. Porque la actual cuadrícula perceptiva del hecho gitano contamina la mirada del que observa. Por tanto para realizar un acercamiento sincero es necesaria una labor de limpieza heurística que nos permita tener una mirada limpia, como decía el poeta gitano José Heredia. Se trata por tanto de una tarea profundamente antropológica entendida no como una descripción etnográfica de costumbres y valores sino de un cuestionamiento de los propios. Porque tal como afirmaba Levi-strauss la pregunta antropológica fundamental nace del encuentro con otros pueblos que ponen en cuestión nuestra propias convicciones. Por ello, esta tarea no puede partir del prejuicio o del rechazo sino del asombro que nos suscita el hecho de que seamos capaces de guiarnos en virtud de nuestros valores y no desde otros. El acto antropológico profundo no es por tanto una revisión de lo ajeno sino un extrañamiento de lo propio.

Con respecto al tercer elemento, es el más fácil de enunciar pero no por ello el más sencillo de conseguir. Su primera dificultad estriba en que si no se dan los anteriores el reconcomiendo no es posible. Esto es, sin una problematización y un conocimiento no es posible el reconocimiento. Este punto, como los anteriores, es mucho más matizable de lo que puedo realizar en este momento pero en esencia por reconocimiento apelo a una cuestión jurídico-política que cifre su objeto en la consecución real de los derechos democráticos para el conjunto de los gitanos y gitanas. Aquí se trata de realizar una labor de denuncia de la brecha democrática que padecen los gitanos y las gitanas por el hecho de serlo. Denuncia que no puede resolverse apelando a la imperfección de las democracias occidentales. Sabido es que los actuales sistemas democráticos no pueden cumplir todo lo que asegura a sus ciudadanos. Pero en este caso no se trata de eso. La cuestión aquí es que no se utilizan las mismas reglas de juego cuando estas se refieren a  los gitanos y a las gitanas. Un ejemplo concreto de esto que digo es la cuestión de la representatividad. Si el sistema democrático actual es el representativo, quienes representan a los gitanos? Cierto que es un desafío el modo en que abría que articular esta representación, que presenta muchos interrogantes, que es una cuestión que afecta directamente al corazón de la constitución de las democracias occidentales. Y afecta al corazón porque la configuración nacional de las naciones europeas se constituye desde la ancestral vinculación que se establece entre identidad y territorio. Es un tópico afirmar  que los gitanos y las gitanas no se adscriben a un territorio determinado. En relación a esto diré dos cosas; una) no es del todo cierto en tanto que me estoy refiriendo a un conjunto humano específicamente situado en un territorio concreto, el Estado Español. Y dos) aun dando por cierto la no adscripción a un territorio determinado, ¿ello puede justificar la vulneración de una de las principales reglas de juego democráticas como es la representación? Porque no nos engañemos, nadie absolutamente nadie representa a los gitanos y las gitanas porque nadie ha sido elegido democráticamente para hacerlo.

Si el primer elemento hacía referencia a una cuestión histórico-filosófica, el segundo a una cuestión antropológica y el tercero a una jurídico-política, el último elemento señalado hace referencia a una dimensión ético-poética. Una vez realizado lo anterior y a la vez que se realiza, se trata de no quedarse en un nacionalismo reductor sino de proyectar la realidad gitana a un espacio común. Para realizar esta labor considero que debe hacerse desde una actitud ético-poética. Por tal consideración quiero hacer referencia a la más alta capacidad humana como es la creación de valores. Por eso la apelación a la poesía como actitud creadora y ética porque se trata de crear valores nuevos que nos ayuden a la configuración de un espacio común. La creación de este espacio es una necesidad que late en las actuales vanguardias sociales y de las que la realidad gitana no puede ser excluida. La dificultad de esta creación es máxima porque entraña no el cambio que siempre es inevitable sino la concreción de lo nuevo. Una  propuesta que me resulta interesante para la creación de este espacio común es la del pensador italiano Esposito. Para este pensador la constitución de la comunidad en los últimos quinientos años en occidente está atravesada por una paradoja; para construir comunidad se parte de lo que es  propio. La paradoja reside en que algo propio no puede ser común. Si es propio no puede ser común. Y sin embargo es desde esta paradoja desde donde se  ha construido comunidad en los últimos quinientos años en occidente. Por ello, como forma de disolver esta paradoja constitutiva de la comunidad propone que la constitución de la misma, más que  desde lo propio, se fundamente desde lo impropio. Lo impropio sería aquella dimensión humana en la que se reconoce la propia limitación y la necesidad del otro para vivir. Por tanto, más que construir comunidad desde la violencia de “lo que tengo”, de “lo que es mío” hacerlo desde la generosidad del “te necesito”, del “solo no puedo”.

A este espacio común es al que considero que es al que hay que proyectar la realidad gitana. Y no caer es nacionalismos atomizadores que no hacen más que empobrecernos a todos y a todas. Espacio en donde la diferencia no es concebida ni experimentada como agresión o desviación  porque no está regido por la lógica de la síntesis disyuntiva (“o bien esto o aquello…) como un procedimiento de series divergentes, ni como un síntesis conectiva (si bien entonces…) como un procedimiento que apunta a la construcción de una sola seria sino como a la síntesis conjuntiva (“y”) como   un procedimiento de construcción de series convergentes. Espacio que tiene que ser atravesado por la lógica del gñana yoga (el yoga del conocimiento) y el advaita vedanta, que para expresar la totalidad la refieren con la fórmula “neti neti”. Esta formulación es un concepto que significa ‘no esto, no aquello’, o ‘ni esto, ni aquello’. Neti-neti es considerado el método para aproximarse a la comprensión del concepto de Brahman (principio de la existencia hinduista), de la totalidad sin utilizar definiciones  o descripciones atomizadoras y por tanto inadecuadas por reduccionistas. En esta lógica la carga no está puesta en la definición de un particular sino en la relación de ésta con el todo al que pertenece. Y esta pertenencia esta remarcada no por una afirmación o una negación sino por la partícula “ni”. Ni esto, ni esto otro. Esta lógica quiere abrir un espacio donde la afirmación está castigada con la ausencia de lo que se nombra. O dicho en términos cristianos:

“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28)

El que tenga oídos para oír, oiga.

 

 

El Archivo, la Narrativa y la Memoria. La Historia como arma contra el Antigitanismo de Estado

by Ismael Cortés Gómez

imagen_insurreccion 800

El 16 de mayo, las principales ciudades europeas celebran la Fiesta de la Insurrección Gitana. Esta efeméride conmemora la sublevación de 1944, que supuestamente habría tenido lugar en la sección BIIe de Auschwitz-Birkenau, el conocido como Zigeunerfamilienlager (campamento de la familia gitana); el único módulo compartido por hombres, mujeres, ancianos y niños. Se cuenta que la noche del 16 de mayo, organizadas como una milicia interna, las familias gitanas se enfrentaron a los guardias de las SS – la policía militar encargada de vigilar los campos de concentración –, ya dispuestos a aplicar la solución final, la aniquilación de todos los gitanos y gitanas presentes en el campamento. Las familias gitanas habrían construido barricadas en el interior del módulo, y se habrían armado con útiles de trabajo para resistir luchando hasta las últimas consecuencias. Como resultado, repelieron el plan asesino de los esbirros de Himmler, ejecutado inexorablemente el 2 de agosto de 1944.

Originalmente impulsada desde Francia por grupos de la sociedad civil gitana, La Fête de l’Insurrection Gitane ha generado un debate teórico más allá de las fronteras francas. El dilema nuclear podría formularse así: las estrategias políticas de resarcimiento simbólico pueden resultar contraproducentes cuando los fundamentos del Antigitanismo de Estado permanecen incólumes.

A pesar del éxito político de la narrativa de la Insurrección, desde un punto de vista científico, está por demostrar lo que realmente ocurrió la noche del 16 de mayo de 1944. Lo que sí está demostrado es la colaboración de la Francia de Vichy con el III Reich (1940-1944), y la implicación del  mariscal Philippe Pétain en la persecución de los enemigos internos del Estado francés: gitanos, judíos, comunistas y homosexuales. En el París de los años 40, la policía francesa estableció una íntima colaboración con la Gestapo y las SS, que fue crucial para enviar a los enemigos a campos de trabajo de esclavos (ubicados en el propio territorio francés) y a campos de exterminio (ubicados en Polonia). Parecidos ejemplos de colaboracionismo ocurrieron en Bélgica, Países Bajos, Grecia, Croacia, Eslovaquia, Hungría y Noruega. El revisionismo oficialista, sin embargo, se ha ocupado de borrar progresivamente estos episodios de la memoria nacional en todos estos Estados. Lo cual conlleva una completa impunidad.

No obstante, la  Resolución del Parlamento Europeo sobre el Antigitanismo (25 de octubre de 2017), con el objeto de iniciar un proceso de reconciliación entre la minoría gitana y los Estados de la UE, insta a la Comisión Europea a que “en aras de instaurar una confianza mutua que resulta fundamental, cree una comisión de la verdad y la reconciliación con objeto de reconocer la persecución, exclusión y repudio de los gitanos a lo largo de los siglos, a que documente esta situación en un libro blanco oficial, y a que cuente con la participación del Parlamento Europeo y de expertos romaníes en la realización de esta labor.”

Esta Comisión de la Verdad implicaría, como en el caso paradigmático de Sudáfrica, la construcción de una memoria de Estado en que la narrativa resultante estaría apoyada en archivos oficiales y en testimonios de las víctimas; y que abriría la veda a un proceso de justicia restaurativa, que debería traer medidas concretas de protección para una minoría étnica que como consecuencia de su historia, en el presente se enfrenta a: la falta de acceso o de igualdad de acceso a infraestructuras y servicios públicos; la denegación de la igualdad de derechos y de trato; la falta de presencia de gitanos/as en la formulación de políticas y en procesos de producción de conocimiento; o a su infrarrepresentación en organismos oficiales en todos los niveles de la sociedad.

Con este propósito, habría que distinguir entre narrativas ‘líquidas’ sin fundamento en los archivos oficiales o en los testimonios de los protagonistas (con mayor o menor arraigo en el imaginario del activismo cívico) y narrativas ‘sólidas’ fundamentadas en los archivos y en los testimonios. En las modernas sociedades del conocimiento, son el segundo tipo de narrativas las que adquieren fuerza de ley, apoyándose en el debate científico en tanto que instancia legitimadora de las normas que regulan la convivencia social, e instancia definitoria del horizonte de justicia hacia el que avanzar. En este marco de interpretación, la memoria oficial de los Estados democráticos pasa a ser, simultáneamente, un asunto epistémico, jurídico y político; en el que, como nos advertía Jacques Derrida en el Mal de Archivo, los símbolos manifiestamente reconocidos ocultan una historia reprimida que esconde un mal radical.

La Historia de la Diáspora Gitana en Europa se enfrenta ante esta encrucijada en la era del activismo digital transnacional: luchar por construir una narrativa sólida en tiempos de acción comunicativa líquida (o gaseosa), donde los mensajes se transforman a velocidad de vértigo y la obsolescencia programada de los discursos que compiten en la red no penetran en las raíces de los fundamentos del Antigitanismo de Estado.

 

 

El cine y las máscaras de la diferencia

by Ismael Cortés Gómez

Imagen cinema

Coincidiendo con el Berlinale Film Festival, el Consejo Alemán de Cultura Sinti y Roma citó a un grupo de expertos en estudios culturales para analizar la producción y reproducción de estereotipos raciales en la industria del cine. En este foro de debate científico tuve la oportunidad de conversar con la investigadora Radmila Mladenova, de la Universidad de Heidelberg, sobre los usos actuales de las ‘máscaras gitanas’ en el relato fílmico. En este artículo presentaré algunas ideas al respecto en siete tesis, desde el enfoque de las Culturas de la Paz, en el marco de la Cátedra Unesco de Filosofía donde me he formado como investigador.

Tesis 1: En la era visual, las imágenes han sustituido a las palabras como medio de expresión en la cultura de masas, y el relato fílmico tiene un poder vastamente más amplio que el relato literario o periodístico en la función intelectual de educar al público. Este poder pedagógico debe ser dimensionado desde un enfoque ético, con el objetivo de alcanzar un consenso mínimo entre el lenguaje cinematográfico y el lenguaje de los derechos humanos, sobre la base del respeto a la dignidad universal del ser humano.

Tesis 2: En nuestras sociedades post-raciales y post-coloniales, donde la categoría de ‘raza’ ha perdido su función normativa en la organización de las relaciones humanas, existen sin embargo mecanismos culturales que continúan racializando a determinados colectivos. Estos mecanismos establecen una relación entre los elementos de significación corporal y los elementos de significación moral en la representación de las identidades colectivas.

Tesis 3: Precisamente, la metáfora de la ‘máscara’ alude a un sistema rígido de representación donde el rostro real de la persona queda oculto tras el rostro artificial del personaje. El poder de la máscara radica en fijar el comportamiento de los personajes en la escena.

Tesis 4: En el caso particular de las ‘máscaras gitanas’, en el cine encontramos un repertorio de fórmulas significantes que definen la identidad gitana de un modo antagónico respecto al resto de personajes. Usualmente recurren a dicotomías culturales profundamente arraigadas en el imaginario colectivo: lo exótico / lo autóctono; lo mágico / lo ordinario; la pasión / la mesura; la fiesta / el trabajo; los vicios / las virtudes; lo nómada / lo sedentario. Incluso directores bienintencionados como Charles Chaplin, Emir Kusturika o Tony Gatlif han reproducido estos clichés en sus mejores películas.

Tesis 5: La repetición sistemática de este repertorio de imágenes ha forjado un régimen de visibilidad que normaliza la representación de la identidad gitana en términos de ‘diferencia radical’. Esto genera una percepción virtual estereotipada que, en la vida real, limita las posibilidades de las personas gitanas de proyectar socialmente su identidad libre de prejuicios.

Tesis 6: El poder de la representación visual, amplificado por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, radica no solo en la función de codificar la interpretación de las experiencias sociales, sino aún más, en su capacidad de sustituir la realidad social por la virtual, especialmente en el caso del contacto con colectivos minoritarios. De aquí el carácter fantasmagórico de las ‘máscaras gitanas’.

Tesis 7: En las sociedades abiertas donde la libre producción intelectual es un valor nuclear, el uso de estereotipos ni puede ni debe ser corregido mediante herramientas punitivas, lo cual conduciría a la creación de una policía artística que acabaría reprimiendo la pulsión creativa de los autores. Sin embargo, existen mecanismos de smart power para educar tanto el juicio estético del público como el de los productores y gestores culturales en un marco de pensamiento alternativo. De lo que se trata, al fin, no es de generar nuevos marcos de censura, sino de cultivar un sentido de la libertad artística que genere más libertad social para todos. Para ello, el cine es, sin duda, un espacio privilegiado donde realizar la utopía que nos permite soñar con los ojos abiertos.

Por un 12 de Octubre crítico desde una perspectiva romaní

by Helios F. Garcés

12 de octubre romaní

Nuestras reflexiones no deben nacer con el ánimo de confrontar a los individuos en particular, sino con la intención de cuestionar de forma crítica los complejos relatos históricos que construyen nuestra conciencia social, cultural y política colectiva; narrativas que edifican nuestras identidades grupales y explican nuestro compromiso emocional -a menudo inconscientemente- con los proyectos políticos que, querámoslo o no, forman parte de nuestra existencia como pueblo en el seno de los Estados europeos. Esta forma de cuestionamiento crítico pasa por adquirir la consciencia del lugar que ocupamos en el mapa de las jerarquías del poder que dominan nuestras sociedades. Como gitanos y gitanas, el 12 de Octubre, representa una gran oportunidad para ahondar en las arcaicas razones de nuestra situación, no solo en el Estado español, sino en el resto del continente y, más allá, el resto del mundo.

El 12 de Octubre se celebra el denominado “día de la Hispanidad”, fecha en la que una gran cantidad de ciudadanas/os, animados por las instituciones, exaltan una identidad que nace en unas circunstancias históricas muy particulares. ¿Por qué el 12 de Octubre, qué pasó aquel día de 1492 y qué relato convencional sigue fortaleciéndose institucionalmente desde los aparatos del estado? Aquel día comenzó la colonización y encubrimiento de Abya Yala -forma a través de la cual los pueblos originarios llamaban al territorio que fue nombrado América por los colonizadores-. La historiografía oficial sigue, aunque esta tendencia ha sido ampliamente rebatida, llamando a esta fecha “El descubrimiento de América”. Lo cierto es que aquel día comenzó el inicio del genocidio contra los pueblos originarios; la masacre y encubrimiento de América, de sus poblaciones originales, de sus culturas propias, de sus historias, de sus cuerpos.

Como gitanos y gitanas es muy importante que sepamos abrir y observar el marco general en el que se produce el 12 de Octubre ya que estamos ante un símbolo que va mucho más allá de la mera celebración de una identidad determinada. Para entender adecuadamente dicha fecha es necesario acudir al año 1492 y, más allá, es imprescindible abordar lo ocurrido durante un siglo decisivo en la historia mundial moderna: el siglo XVI. Poco antes, el 2 de Enero del mismo año, se ponía en marcha la conquista de Al Ándalus, la destrucción del reino Nazarí y la virulenta expulsión de los judíos. Es necesario recordar que la primera pragmática antigitana, firmada por los reyes católicos en 1499 iniciando 479 años de legislación contra los nuestros y nuestras, se proclamó 7 años después del inicio de la colonización.

En 1502, tres años después de la pragmática antigitana, se promulga la primera pragmática para la conversión forzosa de los moriscos que culminará con su expulsión y masacre en 1609.  La intelectual Silvia Federici mantiene en su gran libro “Calibán y la Bruja” que fue durante dicho siglo cuando comenzó a crecer exponencialmente el número de las mujeres acusadas y quemadas por brujas y cuando tal persecución pasó a formar parte de las cortes seculares, trascendiendo así los tentáculos de la Inquisición. Así mismo, durante la época que nos ocupa, asistimos a los debates entre Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casa sobre la existencia o no del alma india y africana que desembocan en el inicio de la trata trasatlántica de personas africanas secuestradas y esclavizadas. Estos son fenómenos sobre los que se cimienta Europa; sobre los que cimienta su economía y su mentalidad colonial. Son sucesos que el sociólogo puertorriqueño Ramón Grosfoguel conecta de manera esencial. Tal y como afirmábamos anteriormente, no se trata con esto de violentar a las personas individuales sino de poner nuestro granito de arena para conseguir la reparación simbólica y material de estas injusticias.

Después de todo lo padecido, los kalos y kalis, no podemos permitirnos permanecer impasibles ante el sufrimiento y las demandas de justicia histórica lideradas por otros pueblos hermanos. La opresión que estas comunidades experimentaron y experimentan está irremediablemente conectada, histórica, social, económica y políticamente con la opresión que ha sufrido y sufre la nuestra.  Desde esta consciencia podemos impulsar el ánimo universal de la lucha romaní, no para imponerla, no para insinuar que los demás deben pensarse como nosotros y nosotras; sino para compartir el horizonte de una sociedad verdaderamente intercultural y justa.

Mañana, muchas y muchos de nosotros y nosotras celebraremos el día de la Resistencia Indígena; no nos acordaremos de Colón ni de Isabel la Católica; no nos sentiremos orgullosos de la sangre derramada. Nos acordaremos, eso sí, de los pueblos indígenas de las Américas, de los moriscos, de los judíos, de los negros, de nuestros ancestros gitanos. Quizás, en base a dicho recuerdo, podamos honrar la memoria de los que nos antecedieron y crear una identidad que no se construya en base a la negación del otro sino a través del respeto de la diferencia; en base al respeto por la vida del diferente, de su historia, de su tradición, de su cultura y su existencia. Hoy, más que nunca, este ejercicio de honestidad nos es necesario, por el bien de todas/os.