Un 8 de abril marcado en toda Europa por la invasión de Ucrania

by Seo Cizmich

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*Imagen de Daniel Diaz Heredia

Varios son los artículos, post y eventos de conmemoración que rodean a esta fecha tan significativa, sobre todo por la magnitud de lo que representa el que tengamos un día común todos los Gitanos, Roma y Sinti del mundo.

Hoy es muy sencillo disponer de información, casi todo está al alcance de quien lo desee y a través de internet se puede obtener de la manera más detallada los aspectos relativos a la historia de esta conmemoración, cómo y dónde nace el 8 de abril, de quién fue la iniciativa, si ha sido reconocido de manera institucional, y por quien. Pero al margen de todo esto y si en algo coincidimos la gran mayoría de personas gitanas, Roma y Sinti del mundo, es en el sentimiento de UNIÓN, en la fuerza que representa para nuestro pueblo saber que nuestra Rromanipen nos une más allá de montañas, ríos, países, colores políticos, origen, creencias, ideologías y religiones… Eso es lo que representa para mí y para los millones de gitanos del mundo los colores de nuestra bandera, el azul del cielo, el verde de la tierra y la rueda roja, el fuerte latido de nuestro corazón.

Ese sentimiento de identidad común y pertenencia, que supera cualquier frontera física y mental cobra mayor dimensión frente a los acontecimientos que estamos viviendo en la actualidad más reciente con motivo de la invasión a Ucrania.

Debo decir que me siento muy emocionado por las respuestas de solidaridad y las acciones nacidas del corazón que estamos presenciando, hacen reforzarme aún más si se puede en esta posición de Pueblo Transnacional. Casi a diario recibimos llamadas de personas preocupadas que preguntan cómo pueden contribuir y de qué manera, algunas dispuestas a realizar entre 4.000km y 6.000km en “un par de días” con su propio vehículo y sin ninguna ayuda económica, sin hablar inglés ni ningún otro idioma de los países en ruta hasta el destino promovidos por la llamada del corazón, por ese fuerte latido que te inunda desde el estómago hasta la cabeza atravesando todo tu ser y que te repite constantemente que “debes hacer algo”.

Ese fuerte latido retumba en mi interior cuando recuerdo como si fuese justo, en este mismo instante, una semana antes del inicio de la Guerra Civil de la Ex Yugoslavia. Yo me encontraba en Sarajevo con mis padres por temas burocráticos, mi madre tuvo un presentimiento y convenció a mi padre para que nos marcháramos esa misma tarde. Al subirnos al coche y avanzar unos kilómetros empezamos a ver los controles de paso y algunas barricadas, mi madre oraba, un soldado golpeo nuestra ventanilla, mi madre se bajó del coche, habló con el soldado y nos permitió avanzar hasta que conseguimos cruzar la frontera. No tuve tiempo de despedirme de mis vecinos, de mis compañeros de juego, muchos de los cuales jamás volví a ver.

Entiendo y comparto el sentimiento de todas las personas que no dudan en poner su tiempo y sus recursos y viajar hacia la frontera de Ucrania para ayudar, valoro ante todo que en el sopesar los pros y los contras de un viaje así, se antepongan los propósitos.

Actualmente están en funcionamiento dos campañas de recogida de donativos económicos con los que poder contribuir desde 5€,  gestionadas por ERGO y TERNYPE. Ambas son redes europeas de asociaciones gitanas que abogan por los derechos del Pueblo Roma y Sinti. Gracias a esas aportaciones se está ayudando en origen, comprando los suministros en los pueblos fronterizos e introduciéndolos en el país por corredores humanitarios de ayuda.

Puedo dar fe que los suministros están llegando al Pueblo Romaní de Ucrania.

Deseo que esta situación finalice lo antes posible, que en breve Ucrania y nuestro Pueblo Romaní pueda volver a disfrutar de Salud y Libertad, Sastipen thaj Mestipen, que ninguna vida más sea arrebatada ni ahora ni el futuro por los efectos y consecuencias de las relaciones de poder, en esa interminable partida de ajedrez mundial en la que tan solo somos los peones.

El drama de ser gitano en Ucrania

by Ramón Flores

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Más allá del drama que supone una guerra en pleno siglo XXI, una vez más las comunidades gitanas son las más golpeadas.

Ya se avisaba a finales de 2021, que los radicales neonazis en Ucrania estaban atacando a residentes gitanos en la ciudad de Irpin, muy cerca de Kiev, donde se venían celebrando marchas antigitanas con la connivencia de la policía y las autoridades locales, que aclaraban que aquello era solo una reunión pacífica.

Ya de por si es de extrañar que una reunión de grupos paramilitares de extrema derecha sea tildada de pacífica, pero como siempre, sabemos que ser racista antigitano sale muy barato en esta Europa tan nuestra.

En pleno 2022, con una invasión y un ataque sin precedentes de un país a otro, las comunidades gitanas de la región vuelven a ser las más vulnerables de todo este conflicto y de nuevo, la comunidad internacional mira para otro lado.

En el caso de Ucrania, no es nada nuevo, ya en 2017 se ignoró totalmente el asesinato de un líder activista romaní en Kharkiv.

Pero, en estos tiempos actuales se confirma que, quien siembra vientos, recoge tempestades. Cuando le das carta blanca a grupos radicales paramilitares, como el batallón Azov, para trabajar codo con codo con las fuerzas de seguridad estatales y bajo el paraguas del ministerio del interior para librar una feroz batalla en la región oriental del Donbass, pasan esas cosas. Normalizar la presencia de radicales violentos en cualquier país que se considere democrático, nunca es una buena idea.

Bajo la administración de Zelenski no ha mejorado un ápice los enfrentamientos y la presencia de radicales en el país, más bien ha intentado construir un gobierno donde contar con supuestos expertos (Zelenski, no lo olvidemos, es un actor haciendo política) para llevar a cabo las tareas más difícil, como colocar a Arsen Avakov al frente del ministerio del Interior, un tipo muy cercano al mencionado batallón Azov o a la agrupación Pravy Sektor, es decir, ha instalado radicales de extrema derecha en las instituciones oficiales.

Todo esto para las minorías gitanas en Ucrania es un drama del más alto calado. Ya sabemos cómo acabaron estas cosas en Polonia, República Checa y Hungría cuando dejas a la extrema derecha campar a sus anchas.

En aquellos momentos, el G7 se puso digno y elevó la voz, preocupándose por los movimientos extremistas en Ucrania, pero todo se quedó ahí. La Unión Europea hizo lo que mejor se le da en los momentos difíciles: ver, oír y callar. Esa misma UE que hoy aplaude el discurso lacrimógeno del presidente Zelenski.

 

Sin embargo, incluso cuando algunas personas gitanas toman parte del conflicto para defender su tierra, son motivo de mofa por parte de la comunidad internacional.
Se alaba la valentía de los ciudadanos ucranianos cuando defienden sus ciudades contra tanques y ejércitos armados, pero si lo hacen los ciudadanos gitanos, la prensa se ríe y se mofa, aunque por fortuna no toda.

Y hoy, en pleno 2022, tenemos un conflicto bélico en Europa, pero de nuevo las comunidades gitanas son ignoradas, violentadas y perseguidas y ya estamos siendo testigos de las dificultades de escapar de la violencia en Ucrania dependiendo de dónde seas y de a qué grupo étnico perteneces.

Periodistas de muchos países ya están denunciando las dificultades de escapar de Ucrania para ciudadanos africanos y asiáticos, con distinción de colas para ucranianos y extranjeros.

Adivinen en qué colas están los ciudadanos gitanos…

Aun así, las comunidades gitanas que resisten en Ucrania no están dudando ni un segundo en defenderse. Incluso en otros países, como Eslovaquia, las organizaciones gitanas están ayudando sin descanso en el transporte y acomodo de cientos de refugiados en la frontera con Ucrania sin mirar pasaporte u origen étnico, tal y como se recogía en el portal Romea.cz hace unos días.

También en Hungría, las comunidades gitanas locales se están organizando para acoger refugiados y ofrecer, principalmente a los niños, la asistencia que necesitan.

Pero, ¿cómo será Ucrania después de todo esto? ¿En qué lugar quedarán las poblaciones de personas romaníes no sólo en ese país, sino en el resto de Europa?

La memoria colectiva es de corta duración. Los tiempos pasarán y las comunidades gitanas seguirán siendo ignoradas, golpeadas y masacradas.

Malditos sean los tiempos de guerra y malditos sean los tiempos interesantes.

 

Las mujeres romaníes en el Porrajmos

by Annabel Carballo

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Que el Genocidio nazi del Pueblo Romaní es el “Holocausto olvidado” es una realidad. Esto es debido al escaso reconocimiento sobre el mismo. Por un lado, los perpetradores no fueron procesados ni perseguidos en los juicios por crímenes de guerra por las atrocidades y delitos contra las comunidades romaníes. Y por otro lado, en Alemania, las compensaciones de guerra se negaron inicialmente a las víctimas romaníes y sinti con el argumento falso de que no habían sido perseguidas y exterminadas por motivos raciales. En muchos otros países, a día de hoy, todavía hay supervivientes que no han recibido ninguna restitución. En este sentido, las víctimas romaníes han sido ignoradas.

En relación al Pueblo Romaní, ambos sexos han sido sometidos a formas similares de persecución y violencia: abusos, trabajos forzados, hambre, deportación, humillación y muerte, pero sólo las mujeres tenían que hacer frente a la maternidad, embarazos, abortos y exámenes ginecológicos invasivos. Si el genocidio del Pueblo Gitano en Europa es un tema poco investigado dentro del contexto del Holocausto, la violencia y la violencia sexual hacia las mujeres romaníes sigue siendo un tema marginado y relegado.

Cuando hablamos de violencia, especialmente la violencia sexual, hacia las mujeres romaníes, además de dolor infligido a las mujeres que padecieron las violaciones, se debe entender también como una forma de castigar y humillar a toda la comunidad gitana. Las mujeres romaníes no fueron violadas solamente por el hecho de ser mujeres, sino que fueron violadas y humilladas de manera específica por el hecho de ser mujeres gitanas y esta humillación se extendía a todo el Pueblo Gitano provocando un dolor moral que estaba muy por encima del dolor físico.

Un ataque a los valores de la cultura romaní, aun teniendo en cuenta que la población gitana es una población heterogénea, fue la humillación (compartida) a través de la desnudez forzada a la llegada sobre todo del Zigeunerlager en Auschwitz-Birkenau. La exposición del cuerpo desnudo, especialmente el de las mujeres y el de las ancianas concretamente, fue vivida como una agresión a los códigos éticos del Pueblo Romaní. Así nos lo cuenta Otto Rosenberg, superviviente sinto, en sus memorias cuando se encontró con su abuela totalmente desnuda: “intentó avergonzada esconderse detrás del niño que llevaba en brazos; yo me giré hacia otra parte, consciente de la vergüenza que mi abuela sentía de que su nieto la viera desnuda. No creo que pueda haber mayor tormento: mujeres con sus hijos mayores, hombres desnudos delante de sus hijas” (Un gitano en Auschwitz, pp. 71-72). Pero esa violación hacia la mujer gitana y hacia el Pueblo Gitano continuaba con el afeitado del cabello y el rapado de todo el vello corporal, que fue un atentado al honor de las mujeres romaníes, especialmente hacia las mujeres mayores. Tal y como indica la historiadora Regina Mühlhäuser, el rapado del pelo y afeitado corporal por cualquiera y en presencia de hombres y la inspección genital produjeron sentimientos y significados de violencia sexual en las mujeres y una humillación no solo hacia las mujeres, sino hacia los hombres de la misma comunidad. Además de esto, las mujeres romaníes también sufrieron abortos forzados, esterilizaciones forzadas y experimentos médicos en los campos y guetos.

Toda esta violencia, tal y como describe Mühlhäuser, constituyó un ataque contra el cuerpo reproductivo de la mujer, el cual estaba diseñado biológicamente para reproducir la nación judía en el caso de la mujer judía o la nación romaní en caso de la mujer gitana. Por tanto, según comenta la historiadora, estamos hablando de violencia sexual genocida. Las esterilizaciones hacia las mujeres romaníes merecen una investigación específica y precisa, porque el alcance va muchísimo más allá del 1945. Debemos recordar que este año empiezan los juicios para las compensaciones de las mujeres romaníes que han sido esterilizadas forzosamente en la República Checa hasta hace muy poco.

En relación a la violencia sexual física a las que fueron sujetas muchísimas mujeres gitanas, ésta fue vivida como un atentado también al honor masculino y al de la comunidad gitana en general, porque fue una acción atroz y humillante que dañaba seriamente la moral de aquellos hombres afectados y que no podían hacer nada. La brutalidad de la violencia sexual física hacías las mujeres romaníes no tuvo límites morales ni éticos, especialmente en Transnistria (Rumanía). De los 25 mil gitanos y gitanas que fueron deportados a Transnistria, la mitad de éstos murieron de hambre y enfermedades. Muchos murieron en el camino por agotamiento. En esta zona, los gitanos fueron totalmente “abandonados” sin comida y sin ropa. Los testimonios romaníes, hombres y mujeres, del documental Valley of Sights recuerdan como las mujeres fueron forzosamente violadas delante de sus seres queridos, obligados a mirar, sino los mataban. Esta brutalidad y deshumanización hacia las mujeres fue parte integra del genocidio en contra del Pueblo Romaní y un ataque y violación a sus códigos éticos y culturales.

La violencia sexual era un medio de terror y control social no solo sobre las mujeres, sino también sobre toda la comunidad gitana (así como hacia la comunidad judía). La historiadora Mühlhäuser comenta que las historias y los rumores sobre violaciones se propagaban instantáneamente por los campos y guetos, incitando al miedo. Muchos padres tuvieron que presenciar brutales actos de violencia sexual contra sus propias hijas, que no pudieron prevenir ni detener. Esto produjo un profundo sentimiento de culpa e impotencia. Y esos sentimientos también tenían género: los hombres experimentaron la agresión sexual como actos relacionados con su incapacidad para proteger a “sus mujeres”. La presencia de seres queridos durante la violación fue un factor humillante adicional para las sobrevivientes de violación. Las consecuencias psicológicas para las propias supervivientes que fueron víctimas fueron severas, además de la pérdida de dignidad personal, seguridad, creencias y un sentido de identidad, algunas mujeres se suicidaron después de ser violadas. Otras desarrollaron transtornos mentales y muchas sufrieron lesiones graves. La violación, los experimentos médicos y la esterilización tuvieron consecuencias dramáticas a largo plazo, haciendo que muchas mujeres no pudieran quedar embarazadas en el futuro.

Las mujeres gitanas, no solo fueron víctimas de la violencia sexual y violencia sexual física, sino que también fueron personajes principales de historias de resistencia, lucha y fortaleza. Me gustaría destacar a (Bibi) Alfreda Noncia Markowska, superviviente polaco-romaní. Esta heroína romaní es conocida por salvar de la muerte a cincuenta niños judíos y romaníes. Bibi Noncia pudo escapar junto a su marido del cautiverio nazi, durante el cual fue asesinada toda su familia. Durante el Holocausto, bibi Noncia recorrió los lugares dónde fueron ejecutados tanto judíos como gitanos en busca de supervivientes, para luego esconderlos en su casa y obtener documentos falsificados para ellos. Nuestra heroína fue condecorada con la Cruz de Comandante con Estrella, de la Orden de Polonia en 2006, por sus actos heroicos y humanitarios.

Por otro lado, cabe destacar el papel de las madres romaníes que fueron deportadas al Zigeunerlager junto con sus hijos e hijas. Su fortaleza y resistencia fue imprescindible para la supervivencia de los hijos/as. Así lo cuenta Ceija Stojka sobre su madre que se quedó solo con 6 hijos cuando su padre fue deportado en 1940 a Buchenwald y, posteriormente, a Dachau. La madre no solo tuvo que mantener y cuidar a sus hijos/as, sino que sufrió la deportación a Auschwitz-Birkenau, donde murió uno de sus hijos, y, posteriormente, a Ravensbrück y, finalmente, a Bergen-Belsen junto con algunos de sus hijos. Si la supervivencia de uno mismo/a era una tarea difícil, el hecho de tener que proteger a tus propios hijos/as, te generaba una auto-exigencia que llevaba a los límites las fuerzas de los prisioneros/as. Así al menos lo recuerda Otto Rosenberg que cree que sobrevivió porque estaba solo y tomaba decisiones para uno mismo.

Si destacamos la valentía de la madre de los Stojka, debemos de poner de relieve a Sophie Höllenreiner madre de seis niños/as que fue deportada al Zigeunerlager en Auschwitz-Birkenau y, posteriormente, a Bergen-Belsen. Recuerda este segundo campo como el peor, ya que no tenían absolutamente nada que comer ni beber y, encima, cayó enferma y solo pensaba en sus hijos y de que no podía morirse por el bien de sus hijos. Además tuvo que lidiar con la esterilización de sus dos hijos mayores con sus consecuencias en el periodo postguerra.

Y por último, también me gustaría resaltar la fortaleza y coraje de Theresia Reindhart, madre de Rita Prigmore. Theresia fue obligada a firmar su propia esterilización para evitar la deportación de su familia a Auschwitz-Birkenau. El día de la esterilización, descubrieron que Theresia estaba embarazada de gemelas y, entonces, fue obligada a firmar que entregaría a los bebes a las autoridades nazis y así evitaría la deportación. Theresia tuvo que entregar forzosamente a sus hijas gemelas, Rita y Rolanda, y, posteriormente fue esterilizada. Intentó visitar a sus hijas en el hospital, pero nunca le dejaban verlas. Una vez consiguió llevárselas, pero los nazis vinieron a buscarlas. Un día decidió ir al hospital y se encontró a una de las gemelas muertas en una especie de bañera, era Rolanda que murió a causa de los experimentos. Delante de ese terror, Theresia consiguió coger a su otra hija y huyó del lugar y se escondió hasta finalizada la guerra. Nunca le contó esta historia a su hija Rita, hasta que ésta de adulta sufrió un accidente y descubrió toda la verdad. Rita que vivía en Estados Unidos, decidió volver a Alemania, dejando a su familia, para ayudar a su madre a luchar por el reconocimiento y reparación de lo que pasó. Después de muchos años de lucha, lo consiguieron. El sacrificio fue enorme para la familia. Rita tuvo que dejar a su familia durante años, viendo a sus hijos solo una vez al año, ya que su ex marido no le permitió que ella se los trajera a Alemania. El coraje de una madre, esterilizada, de recuperar a su bebe de los nazis y el sacrificio de su hija por dar a conocer la verdad y luchar por el reconocimiento debe ser recogido como actos de lucha y resistencia.

Las mujeres gitanas sufrieron mucho. Fueron diana de las humillaciones de los nazis hacia la Población Romaní y sus valores, honor y dignidad como pueblo. A pesar de eso, lucharon y resistieron. Llevaron al límite sus fuerzas para proteger y salvar a sus hijos/as. Tuvieron que alimentar a sus hijos con tierra y hojas. La supervivencia individual era difícil, la supervivencia familiar imposible y ellas lo consiguieron. Lucharon por mantener y proteger a la familia, elemento clave de la cultura romaní. La familia era el pilar de supervivencia, sin la familia, la vida no tenía sentido. Los nazis intentaron exterminar al Pueblo Gitano, no solo físicamente, sino también culturalmente a través de la violencia hacia las mujeres. Violencia moral y violencia física. Pero ELLAS resistieron, no solo por ellas, sino por la familia y, en definitiva, por el pueblo.

 

Referencias:

Mühlhäuser, Regina (2017). Sexual violence and the Holocaust en Andrea Peto (ed). Gender: War. Farmington Hills: Macmillan Reference. P.102

Rosenberg, Otto (2003). Un gitano en Auschwitz. Madrid: Editorial Amaranto.

Sierra, María (2020). Holocausto Gitano. El genocidio romaní bajo el nazismo. Madrid: Arzalia Ediciones, S.L.

Sonneman, Toby (2002). Shared Sorrows. A Gypsy family remembers the Holocaust. Hertfordshire: University of Hertfordshire Press.

Testimonio 45023 – USC Shoah Foundation VHA.

Testimonio 40213 – USC Shoah Foundation VHA.

El buen camino del cante gitano

by Juan José Suárez Laso

Mirada serena

*Imagen de Tatsumi Shimura

Para conocer el flamenco siquiera un poco mejor, hay que rastrear el origen del cante gitano allí donde tiene comienzo un viaje musical que atraviesa más de mil años de tiempo y desandar un camino largo y nocturno que nos llevará al íntimo lugar donde nace.

Las melodías, las tonalidades, la rítmica y armonías que produce el cante gitano son las mismas que escuchamos en los actuales cantos qawwali, arte religioso musical, de nuestras queridas Pakistán e India. La técnica vocal utilizada en el cante es la misma que se aplica en esos cantos místicos que hablan de amor, o búsqueda de lo divino. Los grandes maestros de este canto se enmarcan dentro de la escuela Sufí del Punjab. Sobre todo, Nusrat Fateh Ali Khan; si se escucha el cante de este hombre, inmediatamente, son recordados los ecos gitanos. Idéntica naturaleza, vigor espiritual y un sereno grito de auxilio.

La serena voz, fatigada por el ansia y la crueldad, es la que se acerca a dios recreando la naturaleza misma del mundo. Dios es filtrado por el remedio de la dulce y sosegada voz del hombre aterrado. De la destreza del gitano para engarzar alegría y espanto surge la sortija del cante, una joya. ¿Cuándo dejó el gitano de celebrar al amor y la risa para ser obligado a cantar el dolor y el miedo? ¿Qué fue lo que produjo este fatal y fértil cambio? Si miramos la genealogía del cante gitano aparecen tres gestos que pueden responder: toná-martinete, seguiriya y soleá. Y los tangos gitanos son el fruto más amable, dulce y suculento del cante. Cante que surge en el ámbito doméstico de las casas gitanas. Y esta palabra, “casas”, en dos sentidos: hogar y linaje o familia.

Son los silencios y las intimidades de casa las que procuran que el cante se dé; en la intimidad está el eco gitano que no alza la voz por no sobresaltar la respiración de los pajarillos. En los principios históricos del cante no hay exhibición ni asomo a la calle, hay ternura y un recogimiento de arrullo; hay disciplina y ciencia; hay educación y firme finura. Es aquí, en casa, donde los linajes del cante, el toque y el baile se forjan templando y custodiando esta joya que de puro tiempo está sin brillo, como las voces roncas de las gitanas. Por eso existen “casas cantaoras”, familias que atesoran el cante en su alacena y que en un momento dado, allá por la mitad del XIX, sacan a la calle sus riquezas. El cante es desarrollado, en otro ámbito, por finos estilistas gitanos que van esbozando el flamenco, fijando una nueva sonoridad que cumpla con los exigentes requisitos de su oído. Por eso, y a partir de ahí, la polémica “cante gitano” “cante payo” no es más que una pugna entre oídos y sonoridad de voces de distinta naturaleza; el origen del cante no está en discusión, nunca estuvo a debate, lo que se dirime aquí, en esta duradera discordia, es una necia cuestión de estilo.

Los gitanos españoles dejamos de cantar el amor hace cientos de años porque el lugar del apestado no es sitio para cantar el amor; este próximo 4 de marzo hará exactamente 623 años. Tuvimos que cantar el miedo con voz muda para no despertar la envidia insana del castellano, que cambió nuestra vida por muerte civil; forzados a cantar desde la desesperación, cruel compañera de viaje. Un largo camino de siglos desde nuestro Rajasthan y Punjab natal; Latchó Drom, el buen camino, bendecido por una mirada llena de armonía y serena aceptación de la existencia, consagrado a ajustar un mundo chirriante. Los gitanos hacemos este buen camino luciendo una firme naturaleza transgresora y revolucionaria, hondo y profundo transformar las cosas por una mirada orgullosa que eleva la existencia y construye el sí del mundo. Así, nuestro miedo permanente muda, cada vez, alegría y sonrisa antes de ser ponzoña de odio enquistado. Esta mirada trae el regalo del flamenco, estimado en todo el mundo como un tesoro benéfico para la humanidad y que nace de la humillación hecha ley.

Dice Sebastián Porras, periodista, escritor y educador. “[…] El cante gitano primitivo es áspero, profundo y grandioso. Mi cante es mítico, vehículo que libera el prodigio de mi verdad. El misterio del cante de mis tías está encerrado en siglos de duquelas y alegrías que ellas glosan con honradez liviana y deslumbrante. El cante gitano, bien dicho, esquiva la trampa y el engaño porque de su germen nace la honestidad del hombre desnudo ante las inclemencias de su existencia. En cada tercio de un martinete, mi primo se entrega a tumba abierta, azuzado por su angustia y su desamparo, en un combate perdido de antemano. Mi cante es gloria y nobleza. Mi salvación”.

Desde aquí, dar las gracias a este medio que sugirió un artículo como éste con el fin de generar opinión e incitar a todos a reconstruir esa mirada olvidada y afinar el mundo con los sonidos más exquisitos y firmes de occidente, el cante gitano.

Gitanos y cambio climático, un nuevo desafío

by Ramón Flores

CREDIT.Society of Environmental Journalists

*Imagen de  Society of Environmental   Journalists

A día de hoy sabemos bien que las políticas de adaptación al cambio climático, como el 99% de otras iniciativas en cualquier otra área, están construidas sobre los pilares del discurso occidental y de quienes ostentan el poder y la riqueza.

Empezar a comprender como funcionan estos pilares debería tener implicaciones sobre cómo están siendo y serán las respuestas socialmente justas con respecto a la crisis climática.

Pero esta visión occidental, que impone el imperio del dinero, despoja de humanidad y de cultura a todo lo que conllevan los cambios sustanciales que son necesarios para no seguir enfermando al planeta.

Porque cuando hablamos de cambio climático, no estamos hablando únicamente de emisiones de CO2 de las chimeneas de las industrias, o de las boinas de contaminación que rodean a las grandes ciudades. El cambio climático va más mucho allá y afecta a millones de personas en el mundo y que son los principales sacrificados en las explotaciones agrícolas, en las extracciones de combustibles fósiles o en la canalización de agua potable para su consumo.

No olvidemos que uno de los cimientos sobre los que se sustenta el racismo es la deshumanización de las personas, esos que no forman parte del “nosotros”, aquellos que merece la pena sacrificar por un bien común mayor, tal y como ha expuesto en varias ocasiones la periodista y activista canadiense Naomi Klein.

Las actuales políticas para mitigar el cambio climático no contemplan lo que una parte de la humanidad ha destruido impunemente en territorios explotados a través de la colonización, justificando la “necesidad” de esas acciones para que no pesen sobre sus conciencias el maltrato y la extinción de poblaciones enteras y de una parte de la “otra” humanidad por ese bien común. Estas políticas son armas de doble filo, por un lado, alertan del peligro que corren algunos grupos vulnerables y al mismo tiempo, refuerza la imagen de que son potencialmente peligrosos, como los poblados “rebeldes” de África o los asentamientos chabolistas de Europa del este (y la occidental también), donde las comunidades gitanas protagonizan, de nuevo, el mayor drama en esta Europa tan desarrollada y a la vez tan caótica.

Durante los últimos años hemos sido testigos del despliegue por toda Europa de diferentes programas de adaptación, en el siglo XX, o de integración en el siglo XXI que han perseguido que las comunidades romaníes se adapten primero (porque estaban inadaptadas) o se integren después (porque estaban desintegradas). El proceso de urbanización de poblaciones rurales o de asentamientos chabolistas romaníes ha tenido prácticamente siempre un mal resultado social. Lamentablemente, muchos de esos procesos no han partido de la necesidad de mejora de la vida de las personas gitanas, sino más bien, aprovechar el espacio donde vivían, despojarlos de él, construir y hacer girar la rueda de la economía. En otros casos, simplemente porque interesaba que los gitanos estuvieran lejos de los centros de las ciudades.

No hace falta irse al cuerno de África o al sudeste asiático. Podemos ir a Triana, en Sevilla.

Ese trozo de tierra al otro lado del río Guadalquivir que no era más que un cenagal que conectaba la ciudad con unos pocos huertos y corrales de vecinos, fue, durante tres siglos, hasta mediados del XX donde estaban asentados un gran número de los gitanos de Sevilla. Sin embargo, entre la década de los 50 y 60, se llevó a cabo una expulsión de todas esas familias, pues llegaba la piqueta y la especulación urbanística, produciéndose un realojo forzoso a zonas como el Polígono San Pablo o el Polígono Sur, lejos de las acometidas de agua, luz y red de alcantarillado.

Meses después, se empezó a construir una nueva Triana, aprovechando el “duende y el arte” dejado por los gitanos expulsados, para construir un barrio con solera y embrujo, donde hoy, en los años 20 del siglo XXI, un estudio de 40m² sin ascensor cuesta 200.000 euros. El estado del Polígono San Pablo o el polígono Sur… ya saben cómo es.

Ocurre algo parecido con la inmigración. El inmigrante como amenaza, porque es impredecible y no se acaba de integrar, ese que se ha sacrificado para un bien común pero que a la vez victimizamos por los efectos del cambio climático que nadie ha creado ni se hace responsable, pero que está ahí.

La jugada es la misma con las comunidades gitanas; están siempre en las periferias porque las administraciones han querido y los han forzado a ello (ya no vale eso de “es que no se quieren integrar”) y al mismo tiempo, se crean estrategias nacionales de inclusión sin deshacer previamente el pecado primigenio de apartarlos del dinamismo de las ciudades.

Sin embargo, en el G-20 y en la Cumbre Climática celebrada a finales de octubre, se sigue hablando de lo mismo. Tenemos que reducir las emisiones de CO2, los países más desarrollados tienen que hacer esfuerzos más grandes y ayudar a los países en desarrollo y bla bla bla… Dos décadas hablando de lo mismo, sin resultados.

Porque estas políticas están basadas en una preocupación geo-política para seguir construyendo “desarrollo y bienestar social”, ese mismo que nos ha conducido hasta aquí desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Preservar el poder del capitalismo mundial, para poder seguir controlando el desarrollo de los países más pobres. Cambiar algunas cosas para que nada cambie.

El debate público actual es demasiado simplista, apolítico y técnico, centrado en la búsqueda de soluciones verdes que quedan genial en los discursos públicos, pero con los que se siguen violando los derechos humanos de millones de personas en el planeta. Aquí mismo, en nuestra querida Europa, miles de personas en las comunidades romaníes en Europa del Este siguen sin acceso al agua potable, a cambio de que los países de la ex – Yugoslavia se pongan firmes y acaten las reglas del juego para su futura (e incierta) integración a la Unión, al mismo precio que ya pagaron Bulgaria y Rumanía.

Escondan a sus pobres, construyan edificios con los materiales que nosotros les vendemos e intégrense, que quizá, algún día, puedan formar parte de nuestro selecto club”.

El racismo estructural que enfrentan las personas romaníes durante siglos, ha llevado a muchas comunidades a vivir en lugares muy vulnerables a las desastrosas consecuencias de la crisis climática, por ejemplo, inundaciones, deslizamientos de tierra y falta de acceso a servicios básicos. El legado de segregación y falta de inversión en infraestructura significa que muchas comunidades gitanas son desproporcionadamente vulnerables a los impactos cada vez más severos de eventos climáticos extremos, como las fuertes lluvias y las altas temperaturas.

Las desigualdades profundamente arraigadas significan que las personas gitanas se encuentran entre las que menos han contribuido a la crisis climática y, al mismo tiempo, tienen más probabilidades de sufrir sus numerosos efectos nocivos.

Debemos ya empezar a ser conscientes de que existe el racismo climático. La Universidad de Carolina del Norte-Chapel Hill presentó en junio de 2021 un estudio donde se demostraba que las diferencias en cómo afecta los impactos de las altas temperaturas en Estados Unidos no se explican por la pobreza sino por el racismo histórico y la segregación.

Las personas de color (todos aquellos que no se identifican como blancos) viven en áreas con menos espacios verdes y más edificios y vías de transporte, lo que exacerba el efecto del aumento en las temperaturas y del cambio climático. La exposición al calor no solo conduce a un aumento de la mortalidad, sino que también está relacionada con una variedad de impactos que incluyen insolación, golpes de calor, pérdida de productividad en el trabajo y problemas de aprendizaje.

La situación es perfectamente extrapolable a Europa y a las comunidades gitanas y si se siguen tomando decisiones para estos núcleos poblacionales sin el aporte y la visión de la sociedad civil gitana, que es la afectada, dichas políticas y futuras iniciativas volverán a fracasar como aquellas del realojo forzoso, con nefastos resultados.

Esperamos que, aunque el marco actual del trabajo en el cambio climático tiene la limitación de carecer de una representación diversa, donde las comunidades gitanas afectadas no tienen voz, todavía hay espacio y tiempo para involucrar nuevas perspectivas en la formulación de políticas para hacer las próximas rondas de objetivos de una manera más interseccional, donde el movimiento contra el racismo climático crezca y que dicho desarrollo pueda eliminar la brecha en los movimientos verdes globales y antirracistas para minimizar la crisis climática de una manera mucho más inclusiva y efectiva, abierta a diferentes voces y a la diversidad de visiones, entre ellas, la gitana.