Arrojando luz sobre las dimensiones del antigitanimso en Europa

by Ismael Cortés & Markus End

Attila Kisbenedek

Vivimos en tiempos críticos tanto para el futuro de Europa como para el futuro de las políticas romaníes de la UE. El uso político de los discursos nacionalistas radicales se está normalizando, en particular en el contexto del Brexit, mientras que los partidos euroescépticos han ganado poder en algunos países importantes. Ahora es también el momento de revisar el Marco de la UE para las Estrategias Nacionales de Integración de la Población Gitana. En los últimos diez años, las organizaciones romaníes y sus aliados han luchado por el reconocimiento del antigitanismo como una forma específica de racismo. En este contexto, debemos arrojar luz sobre el fenómeno multidimensional y complejo del antigitanismo y cómo afecta a la vida de los romaníes y, en última instancia, a la de toda la sociedad. Esto es lo que pretende hacer el libro “Dimensiones del antigitanismo en Europa“, que reúne una combinación de artículos de diferentes académicos y activistas que nos acerca un conocimiento crítico sobre cómo el antigitanismo afecta al acceso a los derechos y cómo contrarrestar los discursos y proyectos políticos excluyentes y discriminatorios.

Normalización del antigitanismo

Muchas organizaciones romaníes y otras organizaciones antirracistas están seriamente preocupadas por la amplia aceptación del antigitanismo en Europa, incluso entre políticos de alto nivel. En octubre de 2018, por ejemplo, el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, compartió su preocupación de que una renta básica de ciudadanía discutida en Italia “terminaría solo en los bolsillos de los romaníes”, construyendo así uno de los estereotipos más antiguos y más comunes de los romaníes como parásitos. A principios del mismo año, el presidente checo Miloš Zeman dijo que abofetear a los romaníes que no trabajaban era un “método muy humano” al hablar sobre el trabajo en la época comunista, deshumanizando a sus conciudadanos de origen romaní y utilizando el mismo estereotipo que Tajani. En junio de 2018, el entonces ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, explicó sus planes para crear un censo de los romaníes que viven en Italia “a los que desafortunadamente tendríamos que mantener por tener pasaportes italianos”. La declaración niega implícitamente la pertenencia italiana de estos ciudadanos, empleando así el estereotipo de nómadas eternos que no pertenecen a ningún lugar.

Las declaraciones de estos políticos son simplemente una fotografía de la evolución política de los últimos años. Es importante tener en cuenta que ninguno de los políticos citados enfrentó un rechazo masivo, por el contrario, debemos suponer que su éxito electoral proviene del uso de este tipo de comentarios racistas. Las estrategias contra el antigitanismo deben tener en cuenta el hecho de que éste no es un fenómeno exclusivo de extremistas. El concepto racista del “gitano” es común en toda Europa, moldeado por discursos racializados.

Este discurso racializado es la base sobre la cual se construye la discriminación, la exclusión y la persecución. Algo que es fácilmente demostrable por los recientes eventos ocurridos en Francia. En marzo de 2019, inmigrantes romaníes fueron atacados en varias ocasiones y en diferentes lugares por grandes grupos de atacantes armados, incendiando automóviles, viviendas e hiriendo a varios de ellos. Los ataques fueron instigados por un engaño que circulaba en las redes sociales en Francia, pero también en Alemania y en el Reino Unido, afirmando que los romaníes estaban secuestrando a niños blancos y vendiéndolos como mendigos o por sus órganos. Éste es solo un ejemplo de los estereotipos y de la ideología antigitana que acaban conduciendo a ataques violentos. Estos discursos permiten la creciente cantidad de crímenes de odio cometidos contra los romaníes. Según el Centro Europeo de Derechos de los Romaníes (ERRC), en 2017 y 2018, al menos 15 romaníes fueron asesinados o murieron por maltrato en países europeos, principalmente a manos de la policía o funcionarios de prisiones. De esos 15 casos, ninguno fue tratado como un delito de odio y solo se presentaron cargos contra los autores en cinco casos.

El desarrollo del término antigitanismo en el discurso académico y político.

El “antigitanismo” ha generado cada vez más atención en toda Europa, tanto en el ámbito político como académico, a pesar de que sigue siendo un término controvertido y es desconocido en un discurso público más amplio. Se han producido diferentes -y complementarias- definiciones. La Red Europea contra el Racismo (ENAR) y la Alianza contra el Antigitanimo  definen el antigitanimo como “un persistente racismo históricamente construido contra grupos sociales identificados bajo el estigma ‘gitano’ u otros términos relacionados, que incorpora: 1. Homogeneización y esencialización de la percepción y descripción de estos grupos; 2. La atribución de características específicas de ellos; 3. Estructura sociales discriminatorias y prácticas violentas que surgen en este contexto, que tienen un efecto degradante y de exclusión y que reproducen desventajas estructurales”. [1]A nivel de la UE, ha habido importantes compromisos contra el antigitanismo, al menos a nivel de discurso, aunque las políticas y las iniciativas de financiación aún no se han concretado. [2] Hasta ahora, en muchos niveles políticos y en diferentes marcos, la inclusión romaní ha sido tratada como si no hubiera una fuerza opuesta, como si el antigitanismo no existiese. La situación socioeconómica precaria que afrontan muchos romaníes ha sido explicada sobre la base de tradiciones romaníes “desviadas” o como un mero problema de “emergencia social”. No se menciona al antigitanismo como una fuerza de exclusión profundamente arraigada, persistente y estructural.

Se necesita el “cambio de paradigma” de un enfoque de inclusión social a un enfoque antirracista integral. Un enfoque en la lucha contra el antigitanismo produciría enfoques considerablemente diferentes para la inclusión romaní. [3]Si se entiende el antigitanismo como un problema importante en el seno de las principales sociedades europeas, queda claro que la inclusión social de los romaníes seguirá siendo ilusoria a no ser que primero se aborde el antigitanismo en todos sus niveles. La idea de que los propios romaníes serían responsables del racismo que padecen todavía prevalece en la política europea, pero debe analizarse como un producto de la ideología antigitana combinada con el racismo estructural neoliberal. Es importante reconocer que la discriminación de los romaníes es un fenómeno continuo y generalizado hasta hoy día; en muchos casos, esta situación puede describirse como racismo institucional o incluso estatal.

Estrategias contra el antigitanismo

Muchas organizaciones romaníes y otras organizaciones antirracistas han estado luchando contra el antigitanismo durante décadas. Sus luchas para hacer realidad los derechos de los romaníes nos proporcionan un conocimiento crítico sobre cómo el antigitanismo afecta al acceso a los derechos fundamentales y cómo contrarrestar los discursos y proyectos políticos excluyentes y discriminatorios. Hay muchas discusiones en curso sobre cómo abordar este complejo fenómeno. Entre muchas opiniones diferentes, hay un consenso: no ayuda abordar los efectos del antigitanismo si no se aborda el antigitanismo en sí mismo.

Aunque existen estrategias que han tenido impacto en la lucha contra el antigitanismo, tenemos que admitir que en una escala más amplia no hay muchos motivos para el optimismo en este momento. A pesar de que el antigitanismo como fenómeno social está comenzando a ser reconocido lentamente en el ámbito político, el crecimiento y la difusión de movimientos etno-nacionalistas y racistas en toda Europa plantea un peligro real. Si no defendemos los logros intelectuales y sociales alcanzados durante los últimos años, entre otros gracias al trabajo de los activistas por los derechos de los romaníes en toda Europa, contra estas amenazas, el antigitanismo continuará dando forma a discursos y prácticas políticas europeas a gran escala; y, por lo tanto, tendrá un impacto negativo en la vida de los romaníes y otros grupos y personas que experimentan antigitanismo.


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Imagen de © Attila Kisbenedek/AFP/Getty

Artículo original de EUROPEAN NETWORK AGAINST RACISM


 

[1] El debate sigue en marcha. Se pueden encontrar argumentos a favor y en contra del término en el libro “Dimensiones del antigitanismo en Europa”.

 

[2] Ver la Agencia Europea de los Derechos Fundamentales. 2018. Una preocupación persistente: El antigitanismo como barrera a la Inclusión de la Población Romaní. Disponible en: https://fra.europa.eu/sites/default/files/fra_uploads/fra-2018-anti-gypsyism-barrier-roma-inclusion_en.pdf; Resolución del Parlamento Europeo, de 25 de octubre de 2017, sobre los aspectos de la integración de los gitanos en la Unión relacionados con los derechos fundamentales: combatir el antigitanismo. Disponible en: http://www.europarl.europa.eu/doceo/document/TA-8-2017-0413_ES.html

[3] Mirga-Kruszelnicka, Anna. 2017. Revisando el Marco romaní de la UE. Evaluación de la dimensión europea para el futuro posterior a 2020. Documento político. Bruselas: Open Society European Policy Institute. Disponible en: https://www.opensocietyfoundations.org/publications/revisiting-eu-roma-framework-assessing-european-dimension-post-2020-future.

¿Por qué cuesta tanto encontrar documentación sobre el Genocidio Gitano en bibliotecas públicas?

by Ricardo Gabarre

Rroma

Si hay un hecho que cambió la historia del siglo XX, y de los que vienen detrás, sin ningún tipo de duda ese fue Segunda Guerra Mundial (1939 -1945). La guerra más sangrienta de la historia de la humanidad, con más de 60 millones de víctimas. Es una cifra que se dice rápido pero es como si, de repente, desapareciera toda la población de la Península Ibérica.

Otro de los datos sobrecogedores de la Segunda Guerra Mundial es que las víctimas civiles triplicaron a la de las víctimas militares. No importaba si había niños, mujeres o ancianos entre las víctimas. El bando nazi definió además varios blancos: discapacitados mentales, homosexuales, eslavos, comunistas y opositores políticos, testigos de Jehová, judíos y gitanos, principalmente.

Y a pesar de ser el episodio histórico más estudiado del siglo XX, poca información tenemos, al alcance del público, sobre lo sucedido con el Pueblo Gitano. Para empezar, sobre el Genocidio Gitano, conocido como Samudaripen o Porrajmos en lengua romaní, no disponemos de números fiables de víctimas. Algunos historiadores apuntan entre las 220.000 y las 500.000 víctimas, otros sobre las 800.000 víctimas, e incluso se ha llegado a apuntar que la cifra real pudiera estar alrededor del millón y medio de víctimas. Sí sabemos con certeza que en algunas zonas de la Europa ocupada por el “Tercer Reich” llegaron a morir más del 80% de la población Romaní, como son los casos de Croacia o la actual República Checa.

Para aquellos que queremos conocer lo sucedido, el baile de números nos desconsuela bastante. Intentar conocer la historia Gitana no es tarea fácil. Personalmente me ha interesado mucho lo sucedido durante el Samudaripen, pero poca información he podido encontrar accesible al público. Por ejemplo, en Lleida, mi ciudad, he buscado y rebuscado por la biblioteca pública y el resultado ha sido nulo. No he sido capaz de encontrar ningún documento específico sobre el genocidio gitano, en ningún formato, en ningún idioma. Una búsqueda estéril, que lamentablemente puede repetirse en demasiadas bibliotecas públicas.

El Antigitanismo ha intentado borrar nuestras huellas en la Historia, de hecho han intentado incluso borrarnos de la faz de la tierra. Hubo muchos y oscuros acontecimientos ligados a la población gitana en la Alemania Nazi. En 1927 se crean los primeros campos de internamiento y trabajo forzoso para gitanos, en 1934 empezaron campañas de esterilización con mujeres gitanas, en 1938 tuvo lugar la “semana de la limpieza gitana”, en la que se detuvieron a 700 gitanos y se les envió a campos de concentración.

La Segunda Guerra Mundial se inició en Alemania, antes del 39, contra las minorías étnicas como la gitana o la judía. Sobre los segundos sabemos mucho, sobre los primeros poco.

Es necesario investigar más sobre lo sucedido con el Pueblo Gitano en toda Europa. Es necesario recordar toda la persecución llevada a cabo por el gobierno de Hitler, para que la historia no se repita. Es necesario que las bibliotecas públicas tengan una sección de documentación para que toda la ciudadanía podamos conocer la historia gitana y las innumerables persecuciones sufridas.

El Marqués de la Ensenada: uno de los nuestros

by Pedro Casermeiro

Busto ensenada

Nótese que el título no quiere decir que el Marqués de la Ensenada sea un buen amigo del Pueblo Gitano, sino más bien todo lo contrario, un amigo del selecto grupo de genocidas racistas y ,sin embargo, un personaje muy bien valorado por nuestro país.

Desde la llegada del Pueblo Gitano a la península, la política general del Estado fue conseguir que la cultura de esas gentes de oscura piel que habían llegado recorriendo más de medio mundo, desapareciera.  Incluso podríamos debatir largo y tendido si las políticas actuales de ámbito estatal persiguen el mismo fin, pero no es el objeto del presente escrito. Cerrado el inciso, continuamos con el marqués. Zenón de Somodevilla y Bengoechea, que así se llamaba, no es más que una pieza dentro de un amplio engranaje que ha perseguido obstinadamente el etnocidio gitano. Es sólo uno más, pero que acabó por desempeñar uno de los papeles más oscuros en nuestra historia.

La Gran Redada de Gitanos de 1749, así la denominó el historiador Gómez Alfaro, es la pragmática más cruel de las veintiocho que se han documentado. La noche del 30 de junio de 1749 se ejecutó la orden de detener y encarcelar a todos los gitanos y gitanas que se encontrasen, mujeres y hombre, ancianos y niños, avecindados y nómadas. El objetivo era separar a hombres de mujeres e hijos y evitar que la cultura gitana pasara a una nueva generación. La definición perfecta de etnocidio.

A diferencia de judíos, árabes y moriscos, a los gitanos ni siquiera se nos reconoció como una “raza”, en ese caso nos habrían expulsado. Nos desconocían y odiaban de tal manera que simplemente nos consideraban un grupo de pobres y maleantes a los que reeducar, de ahí que lo único que quisieran fuera acabar con nuestra cultura y no con nuestra vida. No obstante, después de 16 años de cautiverio, por los datos que recientemente el investigador Manuel Martínez ha encontrado, sabemos que cerca de la mitad de los hombres, mandados a los arsenales, y mujeres, enviadas a hospicios, no sobrevivieron.

El Marqués de la Ensenada, secretario de Hacienda, Guerra y Marina e Indias, fue el encargado de urdir el plan de detención y aprisionamiento de los gitanos. El demonio al que se le ocurrió separar a hombres de mujeres e hijos para aniquilar nuestra cultura fue el entonces gobernador del Consejo de Castilla, Gaspar Vázquez de Tablada –obispo de Oviedo antes, y de Sigüenza después–. El monarca Fernando VI no debió titubear al firmar la orden, pues llevaban años, décadas, esperando a que el Papa excluyera de sagrado a los gitanos y gitanas, es decir, que excluyera a gitanos y gitanas del derecho a cobijarse en las iglesias de la persecución que se les venía enciama.

En definitiva, culpables de la Gran Redada hay varios –el rey, el Papa, el gobernador de Castilla, el secretario–, sin embargo, si hacen una búsqueda rápida por internet descubrirán que el más laureado de todos es el marqués, cuenta con innumerables homenajes a lo largo y ancho de la geografía española, calles, bustos, estatuas, un colegio, un cuartel militar, numerosos libros y artículos sobre sus hazañas, etc. Para la sociedad en general, el Marqués de la Ensenada fue uno de los más notables ministros que tuvo el Estado español tras la unificación de coronas que los Borbones realizaron en 1715. Se le atribuye un papel destacado en la modernización del Estado, en fin.

¿Se imaginan ustedes que Alemania o cualquier otro país democrático garante de los Derechos Humanos homenajease a un documentado genocida? Traigamos la pregunta más cerca, ¿se imaginan ustedes que los ex-ministros Vera y Barrionuevo tuvieran calles y colegios a su nombre? Traigamos la pregunta más a la actualidad ¿se imaginan ustedes que alzásemos bustos y estatuas para homenajear el milagro económico de Rodrigo Rato?

Existe cierto grado de probabilidad de que los tres ex-ministros nombrados realizaran, en su día, alguna que otra labor loable para su país estando en su cargo. Pero lo que es obvio es que cualquiera de esas buenas acciones quedaron empañadas por otras peores. Y desde luego ninguna de esas malas acciones estaría al alcance de un intento de genocidio.

Una de las cuestiones que debería ser capaz de abordar un Estado democrático del siglo XXI, que respete la diversidad, sería revisar el pasado no tan lejano que sigue dejando una clara huella en nuestro presente, sobre todo en un asunto tan sensible como este. Hay quien puede argumentar que eso ya pasó hace mucho tiempo y que no podemos juzgar con nuestros valores actuales lo que pasó, pero lo que es aún más cierto es que lo que sucedió entonces dejó una herida que sigue abierta en la actualidad y que se traduce en forma de exclusión, desempleo, fracaso educativo, infraviviendas, discriminación, etc. Y aún es más cierto que a nadie le haría ningún mal retirar un busto o una estatua del marqués, sin embargo a casi un millón de gitanos sí que nos aliviará un poco.

Pero como un intento de exterminio contra el Pueblo Gitano no importa, el Marqués seguirá siendo un ídolo de la tecnocracia, seguirá siendo “uno de los nuestros” –de aquellos a los que su antigitanismo no les deja ver ni aceptar la realidad–.

Entre escaños y activismos

by Ramón Flores

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En la pasada primavera hemos sido testigo de varias citas electorales que han diseñado un nuevo mapa político en España y en Europa. Sin embargo, esta vez el dibujo electoral ha añadido nuevos colores a la paleta política, colores gitanos.

Hemos sido testigos de un salto significativo desde la sociedad civil gitana hacia la política. La participación gitana como parte de la sociedad civil en la formulación e implementación de políticas públicas se ha convertido en una característica importante de la vida política en Europa.

En la última década, el concepto de sociedad civil gitana ha alcanzado prominencia en los contextos políticos y sociales en el panorama europeo a medida que las asociaciones y los movimientos gitanos comenzaron a presionar más a sus gobiernos para reclamar más participación, que significaría más democracia. Estos desarrollos marcaron el comienzo de notables cambios en el panorama político europeo. También surgió una rica vida asociativa.

Esta proliferación de redes y organizaciones gitanas ha sido sin duda un catalizador para mejorar las democracias europeas, forzando a los Estados a ser más transparentes y responsables para con sus ciudadanos, por lo que el beneficio de la presencia gitana en la sociedad civil, no sólo ha beneficiado a la comunidad gitana, sino a la sociedad en su conjunto.

Ahora, parece que hemos dado un paso más y hemos visto el salto de notables activistas gitanas a escaños nacionales, municipales y europeos. Esto es una buena noticia, pero, ¿debilita este cambio a la propia sociedad civil gitana o la beneficia?

Antes de responder, deberíamos plantearnos otra pregunta, ¿sabemos identificar a la verdadera sociedad civil gitana?

Estas preguntas tienen respuestas notablemente diferentes según el país del que hablemos (no es lo mismo el activismo gitano en España, Países Bajos o Noruega); también tenemos contextos políticos distintos (activismos más enfocados en el fomento de políticas públicas más inclusivas y otros más enfocados en defender derechos civiles básicos); y también tenemos diferentes niveles para analizar estos contextos: local, regional, nacional, internacional.
A veces encontramos contextos donde esta participación se imbrica o se solapa, pero están estrechamente ligados en cuanto a los «targets» y a los recursos disponibles para llevar a cabo dichas acciones.

En este escenario, podríamos dar por sentado que la presencia gitana en la política parlamentaria reforzaría el papel de la presencia gitana en la política civil (recordemos que «política» es todo, lo que podemos distinguir son formas distintas de significación y acción), puesto que al tener escaños gitanos, se podría influir de forma más notoria en políticas que afectan directamente al pueblo gitano.

Pero esta presencia gitana no es nueva. Recordemos que ya ha habido parlamentarios y concejales gitanos en España, incluso eurodiputadas. Recordemos también que a España siempre le ha gustado ponerse la etiqueta de «ejemplo de buenas prácticas» en cuanto a políticas de inclusión gitana, aunque ya demostramos en esta casa, que lejos se estaba de tal afirmación.

Entonces, ¿ha influido en algo el tener diputadas, concejalas y eurodiputadas gitanas? Pues no mucho, la verdad.

Tuvimos a Juan de Dios Ramírez Heredia que consiguió que se eliminaran las referencias directas a los gitanos en el reglamento de la Guardia Civil, pero sin conseguir que se promovieran políticas públicas específicas de reconocimiento del Pueblo Gitano y de la discriminación padecida. Después hubo dos diputados más que pasaron sin pena ni gloria por los escaños de la Carrera de San Jerónimo, y que hoy en día, pocos gitanos conocen sus nombres.

A nivel europeo, lamentablemente lo más significativo fue una señora supuestamente gitana de Hungría que llegó incluso a ser vicepresidenta del Parlamento Europeo, promovió las «Estrategias nacionales para la integración Romaní», que han servido entre poco y nada, pero que al mismo tiempo le lanzaba piropos a la ultraderecha húngara que mataba gitanos.

¿Cuál es la diferencia ahora? Ahora hay cuatro escaños gitanos repartidos entre los cuatro principales partidos del país. Ahí ya vemos un cambio. Hay pluralidad política en la comunidad, signo inequívoco de salud democrática del pueblo gitano. También tenemos eurodiputados gitanos (y a la señora gitana húngara que le gustan los nazis).

Pero quizá la diferencia más significativa es que algunos de esos escaños gitanos, vienen precedidos por notables trayectorias en el activismo social, en organizaciones gitanas y pro-gitanas en España, por lo que al menos sabemos que en esos escaños, se sabe de lo que se habla.

La ventaja que podemos destacar y de la que los escaños gitanos deben tomar conciencia es que hay que usar inteligentemente la experiencia adquirida en la sociedad civil para dar una vuelta más a la significación política, quitarle el aire elitista y, valga la redundancia, democratizar el juego democrático.

Cuando juntamos «activismo», «sociedad civil» y «política» en un mismo contexto, siempre se me viene a la cabeza un nombre: Pedro Zerolo. Un activista con una larga trayectoria en la lucha por la igualdad de trato y la no discriminación, impulsor de distintos movimientos de liberación personal, entre ellos, el de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales. Lo hizo desde los dos bandos, como activista social en ONGs como desde la política, cuando fue Secretario de Movimientos Sociales del Partido Socialista y desde su concejalía en el Ayuntamiento de Madrid.

Zerolo fue uno de los impulsores de la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo que se aprobó en 2005, haciendo de España el primer país del mundo en conseguir tal hazaña. Lo que había hasta entonces en otros países eran leyes que reconocían solo algunos derechos como parejas de hecho. Pero en España se consiguió equiparar a las parejas del mismo sexo con las heterosexuales a la hora de adoptar y reconocer derechos básicos antes ignorados.  Zerolo también fue responsable de la ley de identidad sexual que reconoció gran parte de los derechos de las personas transexuales, que supuso una verdadera revolución recién iniciado el siglo XXI.

Supo aprovechar el conocimiento adquirido durante su activismo social para transformar la política. Y es precisamente eso lo que se le va a pedir a las diputadas gitanas. Aprovechar lo andando para cambiar lo que queda por andar.

Porque por fin hemos empezado a hablar más sobre política. Porque parece que por fin, la sociedad civil ya no funciona separadamente de la política en una senda paralela.
Pero hay que hilar fino, porque la política, la de los escaños, se ha convertido en un circo, un bochornoso y lamentable espectáculo mediático y algunas asociaciones y ONGs han sucumbido mientras se alimenta el mantra de «los chiringuitos».

Es un momento excelente para democratizar la política sin caer en la trampa de «politizar» a las organizaciones civiles (más de lo que algunas lo están ya).

En resumen, la sociedad civil gitana y la clase política son necesarias para el funcionamiento de un estado democrático y para influir en el bienestar general. Son un gran activo para la democracia. El lograr el equilibrio entre ambas es el «más difícil todavía».

 

16 de Mayo, un día para seguir resistiendo al racismo

by Pedro Casermeiro

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El 16 de mayo se ha convertido en un día muy simbólico para el movimiento asociativo gitano de toda Europa, se conmemora la Insurrección Romaní que tuvo lugar en el Campo de Exterminio de Auschwitz-Birkenau, en el conocido como campamento de la familia gitana. El 16 de mayo de 1944 los gitanos y gitanas del campamento estaban esperando la llegada de las SS para trasladarlos –seguramente a las cámaras de gas–, y decidieron organizarse y defenderse hasta las últimas consecuencias. Montaron barricadas y utilizaron herramientas de trabajo como armas. Fue la única revuelta exitosa dentro de un campo de concentración nazi de la que se tiene constancia. Las SS tuvieron que abandonar el campamento gitano. Fue una pequeña batalla ganada, aunque la guerra se perdió. El 2 de agosto de ese mismo año, los 2.897 ancianos, mujeres y niños que seguían en ese mismo campamento fueron gaseados, previamente trasladaron a los hombres a otros campamentos.

No obstante, el 16 de mayo es una fecha para celebrar la resiliencia del Pueblo Gitano. No es una fecha para recordar exclusivamente a las víctimas romaníes de la barbarie –que también–, sino que es una fecha para celebrar la valentía y el espíritu combativo de los que allí estuvieron y de todo un Pueblo que, a pesar de más de cinco siglos de persecución institucional en toda Europa, aquí seguimos.

Nuestra historia es una historia de resistencia y de superación, una historia en la que nuestros predecesores decidieron seguir siendo gitanos aunque eso les costase demasiado caro. No obstante, hay que dejar bien claro que la voluntad de nuestro Pueblo nunca fue la de mantenernos al margen de la sociedad, todo lo contrario, nuestro acervo cultural demuestra que estuvimos abiertos a compartir y aprender de todos y cada uno de los pueblos con los que convivimos. A nadie se le escapa que varias de nuestras incomprendidas tradiciones son, en realidad, herencia del catolicismo, adquiridas una vez llegamos a la península.

Sin embargo, la historia de este país ha sido construida teniendo en cuenta una única narrativa, la de los que triunfalmente conquistaron el mundo y aniquilaron cualquier atisbo de diversificación cultural y religiosa. El relato construido sobre el Pueblo Gitano ha sido la de un colectivo mentiroso y delincuente, que desde hace siglos no hace más que intentar aprovecharse de  las ‘buenas gentes’ de este país.

Nuestra lucha histórica ha sido contra homogeneización cultural de este país desde su estado más embrionario, una lucha para que exista una narrativa colectiva que nos reúna a todos, también desde la gitaneidad, para que se nos tenga en cuenta como Pueblo en el presente y para que se haga justicia con nuestro pasado. Mientras el relato se base en identificarnos como un colectivo socioeconómicamente vulnerable y al que corregir culturalmente –porque nuestra cultura es la culpable de que no nos integremos, dicho con ironía–, seguiremos siendo los malos de la película.

Es necesario que recordemos que la batalla contra el racismo la estamos perdiendo. La situación de completa exclusión en la que actualmente nos encontramos no es únicamente fruto de los más de 500 años de persecución, sino que también es fruto de los hechos y actitudes actuales de nuestros representantes políticos.

No tenemos que ir a buscar ejemplos lejos de nuestras fronteras. Aquí cada año nos encontramos con casos clarísimos de racismo en los que las instituciones públicas son incapaces de actuar contundentemente contra los racistas. Hace muy poquito todos fuimos testigos de pogromos antigitanos en el barrio de Vallecas. ¿Han visto alguna vez que se intente quemar la casa y los vehículos de los familiares de un ‘presunto delincuente’ payo? Muy rara vez habrá pasado, pero con los gitanos es demasiado común –también sucedió en el barrio de Baró de Viver en Barcelona–. Los medios de comunicación y la administración dijeron que se trataba de ‘protestas vecinales’, nadie se atrevió a decir que se trataba de racismo en estado puro. La evidencia de que esas ‘protestas vecinales’ eran racistas es que eran violentas y estaban dirigidas por personas payas contra personas gitanas inocentes. Si eso no es racismo que baje Dios y cambie la definición de racismo.

El día que un gobierno llame racistas, sin apelativos, a quien cometa actos racistas contra los gitanos en su propio territorio, que dé el paso de reconocer que parte de sus vecinos son abiertamente racistas y que hay que actuar contra ello, entonces los demócratas podremos celebrar una victoria. De momento, de ese tipo de victorias, aquí no recuerdo ninguna.

El 16 de mayo es un día para reivindicar la lucha contra el racismo, haciendo un ejercicio de memoria, llamando la atención de lo que sucedió en el pasado y de lo que sucede en el presente, dentro y fuera de nuestras fronteras, apelando a la responsabilidad democrática de nuestros conciudadanos y nuestros representantes políticos.

Y como el 16 mayo va de victorias, permitidme acabar con las que representan, a mi juicio, dos de las últimas batallas más simbólicas ganadas contra el racismo (fuera de nuestras fronteras):

  1. Las manifestaciones organizadas por estudiantes franceses en París en septiembre de 2013 para protestar por la expulsión de Leonarda Dibrani, ordenada por el entonces ministro de interior francés, Manuel Valls. Las protestas duraron varios días y reunieron a millares de personas, principalmente no gitanas, para protestar por las políticas racistas de expulsión de gitanos y gitanas de Francia. Manuel Valls fue llamado al orden por el primer ministro de su partido y tuvo que admitir su error.
  2. La aprobación por parte del Parlamento Europeo, en octubre de 2017, de una resolución contra el antigitanismo orientada a iniciar un proceso de reconciliación entre la minoría gitana y los Estados de la UE, instando a la Comisión Europea a que “en aras de instaurar una confianza mutua que resulta fundamental, cree una comisión de la verdad y la reconciliación con objeto de reconocer la persecución, exclusión y repudio de los gitanos a lo largo de los siglos, a que documente esta situación en un libro blanco oficial, y a que cuente con la participación del Parlamento Europeo y de expertos romaníes en la realización de esta labor.”

Se trata de dos pequeñas victorias, de índole muy diferente, de las que nos debemos enorgullecer, pero sobre todo, sobre las que debemos seguir trabajando para ganarle terreno al racismo, porque una batalla ganada sin afianzarla día a día, sólo nos conduce al mismo lugar de siempre, a la derrota ante el racismo.